Palacio Nacional. 15 de septiembre de 2008. Los acordes del Huapango de Moncayo inundaban el Patio central de Palacio Nacional.
Invitados especiales, convocados al festejo, departían entre los pequeños puestos montados a manera de kermes.
El presidente Felipe Calderón, lesionado del hombro izquierdo debido a una caída en bicicleta, recién había pronunciado la arenga, ciñéndose a nombrar sólo a los héroes de Independencia y los tres ¡Viva México!
No se interrumpió la música. Tampoco hubo un aviso oficial.
Solo algunos notaron que, corriendo, los integrantes del gabinete de seguridad subían las escaleras rumbo al despacho presidencial donde Calderón Hinojosa se comunicaba con el entonces gobernador de Michoacán, Leonel Godoy.
Y es que en esa entidad apenas se pronunció el último ¡Viva México! en el centro de Morelia, cuatro granadas fueron detonadas entre los presentes, interrumpiendo la celebración, matando de inmediato a cinco personas, -aunque la cifra crecería- e hiriendo a medio centenar.
Era la primera muestra del narco atacando de esa manera a la población civil en México.
Un ataque perpetrado, según señaló días después el presidente Calderón en el lugar del ataque, por “verdaderos traidores que no tienen el menor respeto por el prójimo o por la Patria” y pretende que el miedo “nos inmovilice”
La reunión fue en un salón amplio y sin ventanas del recinto. Lo más parecido a un bunker, donde el gabinete de seguridad delineaba los próximos pasos.
El secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna; el general secretario, Guillermo Galván; el almirante Francisco Saynez y el director del Cisen, Guillermo Valdés, aportaban la información más reciente al mandatario y esperaban sus instrucciones.
Sin saberlo, muchos de los invitados especiales continuaban disfrutando de la verbena. Lo mismo políticos que deportistas destacados, diplomáticos, empresarios, actores.
En esta ocasión había periodistas presentes. Estos últimos, encargados de la cobertura de la fuente presidencial, enterados de lo que ocurría en Morelia, intentaban obtener más datos entre los presentes, ya fueran integrantes de la cúpula panista o funcionarios del gabinete que seguían en el lugar.
Entre el jet set, los brindis tradicionales de aguas de colores, de pronto surgió un elemento de gravedad. El patio central devino en sala de prensa. El equipo de Comunicación de la Presidencia, buscaba entre los invitados a los reporteros para entregarles en su propia mano, el mensaje institucional de condena que, en tiempo récord se había redactado después de la reunión cumbre en el cuarto de crisis de Palacio Nacional.
HCM