• Cuando México sirvió radiación en el desayuno: la historia de la leche de Chernobyl que llegó al país

La importación de miles de toneladas de leche en polvo europea desató una de las mayores controversias sanitarias de la historia reciente y puso bajo escrutinio la respuesta del gobierno ante la crisis.

Ciudad de México /

En los años ochenta, mientras el mundo intentaba dimensionar la magnitud del desastre nuclear de Chernobyl, en México comenzaba a escribirse uno de los episodios más controvertidos de la historia alimentaria del país. Mientras Europa medía nubes radiactivas y activaba alertas sanitarias, parte de esa contaminación terminó recorriendo miles de kilómetros hasta infiltrarse en uno de los alimentos más asociados con la salud y la infancia: la leche.

Sin saberlo, miles de familias mexicanas consumieron productos lácteos distribuidos por Conasupo que años después serían vinculados, en investigaciones y documentos oficiales, con contaminación radiactiva derivada de aquel accidente.

Pero la pregunta persiste décadas después: ¿cómo logró la radiación de una catástrofe ocurrida en Ucrania cruzar continentes hasta llegar a la mesa de miles de mexicanos?

Familias mexicanas llegaron a consumir leche contaminada con radiación, sin saberlo.

Chernobyl: El desastre que llegó más lejos de lo que pensamos

El 26 de abril de 1986, la planta de Chernobyl, ubicada en la ciudad de Prípiat, Ucrania, sufrió una explosión devastadora durante una prueba de seguridad. Lo que debía ser un simulacro terminó convertido en una catástrofe sin precedentes. La liberación de residuos radiactivos fue masiva y, en cuestión de horas, la nube tóxica comenzó a expandirse por Europa.

Entre los países alcanzados por esa contaminación estuvo Irlanda, una nación reconocida por sus extensas praderas y su poderosa industria lechera, donde la lluvia radiactiva terminó contaminando el suelo, los cultivos y al ganado.

Las vacas que pastaban en esos campos consumieron hierba contaminada y, con ello, su leche se transformó en un peligro imperceptible. Posteriormente convertida en leche en polvo para exportación, aquel producto contenía altos niveles de cesio-137 y estroncio-90, dos de los isótopos radiactivos más peligrosos.

Ganado pastando en campos contaminados tras la explosión de Chernobyl en 1986. | Especial

México: El encubrimiento de una catástrofe láctea

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió advertencias claras sobre la contaminación de alimentos provenientes de zonas afectadas por Chernobyl, el gobierno mexicano decidió hacer caso omiso.

Entre 1986 y 1988, México importó cerca de 40 mil toneladas de leche en polvo y 2 mil toneladas de mantequilla de Irlanda, productos que estaban contaminados por la radiación. Estos lácteos fueron distribuidos a través de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo), encargada de llevar alimentos a las comunidades más pobres del país.

La operación fue autorizada durante el gobierno de Miguel de la Madrid y, de acuerdo con datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se justificó como una medida de ahorro presupuestal. Sin embargo, detrás de esa decisión quedaron relegadas las posibles consecuencias para la salud pública: México importó productos presuntamente contaminados y los distribuyó entre su población más vulnerable.

La leche contaminada que enfermó a México. | Especial

La lucha por la verdad: Dos héroes revelan el veneno en la leche

En medio de esta tragedia, dos figuras clave se alzaron para intentar frenar la distribución de los productos contaminados. 

El almirante Manuel Rodríguez Gordillo y el físico Miguel Ángel Valdovinos realizaron investigaciones que confirmaron la presencia de radiactividad en la leche importada. Rodríguez Gordillo, preocupado por los efectos que ya comenzaban a manifestarse en el personal de Infantería que consumía los lácteos, hizo denuncias públicas. Sin embargo, en lugar de ser escuchado, fue sometido a juicio militar, destituido de su cargo y acusado de traición a la patria.

Por su parte, Valdovinos, al analizar una muestra de la leche, advirtió sobre el peligro que ésta representaba. A pesar de sus esfuerzos, la Secretaría de Marina y otras autoridades ignoraron sus advertencias, afirmando que la leche era segura.

Al concluir las pruebas pertinentes sobre los efectos de la contaminación radiactiva, Miguel Ángel Valdovinos expresó en una entrevista de aquellos años:

 "Los contaminantes de emisión radiactiva provocan un envenenamiento silencioso en los seres vivos, ya que la contaminación es inodora, incolora y carece de sabor". Sin embargo, sus palabras cayeron en oídos sordos.

La Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardia (CNSNS) también recomendó detener el embarque de leche contaminada en el puerto de Veracruz y devolverla a Irlanda, pero la Conasupo argumentó que las restricciones comerciales lo impedían. Así, la salud de miles de mexicanos quedó en segundo plano, y la leche siguió distribuyéndose.

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La atención urgente llegó cuando el embajador de México en Brasil, Antonio González, emitió una alerta que resonó en la Secretaría de Relaciones Exteriores: México se estaba envenenando con productos lácteos contaminados. Sin embargo, para muchos, ya era demasiado tarde.

Esta preocupación se intensificó aún más cuando se supo que la misma oferta de productos lácteos contaminados había sido presentada al país sudamericano, pero ellos la rechazaron.

La verdad salió a la luz y la investigación era irrefutable, pero para los altos mandos de la Armada, el físico-matemático Miguel Ángel Valdovinos fue considerado intelectualmente limitado. Como resultado, fue destituido de su cargo en la planta de Laguna Verde, y los expedientes del caso desaparecieron misteriosamente.

El vicealmirante Manuel Rodríguez Gordillo y el físico Miguel Ángel Valdovinos intentaron frenar la distribución de leche contaminada con cesio 137. | Especial

¿Dejó la leche radiactiva secuelas en la salud de México?

Aunque los efectos de la radiación no se ven de inmediato, sus consecuencias a largo plazo son devastadoras. En los años posteriores a la distribución de la leche contaminada, se registró un aumento significativo en los casos de cáncer infantil, cirrosis hepática y malformaciones en fetos. La UNAM y otros organismos reportaron que las tasas de cáncer aumentaron en un 300 por ciento entre 1987 y 1988, una cifra alarmante que mucho asocian con el consumo de los productos lácteos con presencia radiactiva.

A pesar de estas evidencias, las autoridades mexicanas no han reconocido oficialmente la relación entre la leche contaminada y estos problemas de salud. Durante años, los expedientes relacionados con el caso fueron desapareciendo, y la tragedia quedó en el olvido para la mayoría.

Tras la presión de varias organizaciones, se decidió devolver los lotes de leche radiactiva a Irlanda. Sin embargo, durante el traslado, varios vagones que transportaban el producto fueron saqueados. Hasta hoy se desconoce el paradero de esa mercancía, lo que deja abierta la posibilidad de que parte de la leche haya sido consumida por más mexicanos sin que lo supieran.

La leche contaminada causó un alza en cáncer infantil y malformaciones. | Especial

Investigaciones actuales: Un nuevo esfuerzo por esclarecer la verdad

En 2022, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) anunció la creación de un registro detallado sobre este incidente que aún no se ha concretado. Además, se solicitó a la Secretaría de Salud (Ssa) que rinda un informe exhaustivo sobre los hechos reales. Aunque no hay datos que confirmen muertes directamente vinculadas al cesio 137, las estadísticas muestran que el impacto en la salud pública fue considerable.

Además, a pesar de las décadas transcurridas, las víctimas aún esperan justicia, mientras muchos de los responsables permanecen impunes. Para algunos, la historia de la leche radiactiva en México sigue siendo una leyenda oscura, un capítulo silenciado de nuestra historia que muchos prefieren olvidar.

Y tú, ¿alguna vez probaste la leche de Conasupo?

Las víctimas de la leche contaminada con radiación aún esperan respuestas. | Especial


  • Claudia Islas
  • claudia.islas@milenio.com
  • Periodista, guionista y editora egresada de la UNAM. Amante de la cultura underground, la música, el cine y la psicología. Apasionada por contar historias que merecen ser narradas, incluso aquellas que nadie se atreve a mirar de frente.

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