El pasado 27 de diciembre amanecimos con la noticia para muchos esperada de que los precios de los combustibles en México se incrementarán entre 14% y 20% en 2017. Por desgracia, a partir del anuncio la conversación se ha centrado en machacar al gobierno por la promesa aventurada y quizá innecesaria de que pondría un alto definitivo a los famosos "gasolinazos". Como suele suceder cuando hay raja de por medio, la discusión sobre los efectos positivos y negativos de la medida en el corto, mediano y largo plazo ha pasado a segundo plano en el análisis. Estamos instalados en la grilla y pasando por alto aspectos fundamentales como el destino y manejo de los recursos que se generarán a partir de los impuestos que componen el precio de los combustibles.
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