Trump se atreve a pisotear toda la bisutería del lenguaje “políticamente correcto”. Como figura de la lucha libre, escupe, espeta, empuja, atropella, gesticula y triunfa. Trump ha sabido conseguir lo que todo hombre blanco cree merecer: poner su nombre en alto, ganar dinero a manos llenas, contratar y correr empleados, acostarse con mil mujeres. Promete que la república será tan exclusiva como sus hoteles. A Trump todo le resbala. Eso es también lo que buscan sus seguidores. Quieren volver a ser merecedores de aquello que perdieron.
¿Dignidad ad nazium?
El virus de la indignación ha doblegado a Estados Unidos: el país se conduele de mal de Trump.
Ciudad de México /
LAS MÁS VISTAS