Por Rafael de Hoyos
Ilustración: Víctor Solís
La desigualdad del ingreso en México no disminuye porque no hemos dimensionado la tragedia que significa que un niño abandone el sistema educativo sin los aprendizajes mínimos. Y será imposible dimensionar la magnitud de la tragedia hasta que no pensemos en cada uno de los 15 millones de niños en educación básica que no alcanzan los aprendizajes mínimos como si fueran nuestros propios hijos. Sólo así no permitiríamos que el gasto público por estudiante entre los niños de más alta marginación —quienes atienden a escuelas comunitarias— fuera de sólo la mitad del gasto asignado a estudiantes en contextos menos vulnerables.
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