• El corrido ya no quiere hablar de narcos. Gallo Armado lo politiza y lo devuelve a las calles

Los anarkocorridos de Gallo Armado no obedecen a la ley ni a la mafia: protestan contra la gentrificación, los abusos policiales y la desigualdad. Seguimos su tour cantinero en la CdMx.

Natalia Escobar
Ciudad de México /
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DOMINGA.– El Hemiciclo a Juárez se transformó en escenario de un concierto callejero que estuvo a punto de no realizarse. La policía advirtió a los organizadores que no tenían permiso para llevarlo a cabo, pero la multitud respondió con la fuerza de los versos que este 9 de septiembre se corean como corridos pero también como consigna: “Y si la chota policía llega/ a agüitar la peda,/ entre todos griten/ que ¡la calle es nuestra!”, dice la letra de “Barrio armado”.

El tema forma parte de uno de los tracks del álbum La ciudad es nuestra, que reivindica la cultura local de Monterrey, la resistencia social y la reapropiación del espacio público. Es fruto de la creatividad de Fernando Ríos, Gallo Armado, y se acompaña de un libro de ensayos que profundiza en el mensaje de las canciones y fue escrito por la abogada y activista Carla Escoffié. El proyecto de Gallo Armado une música y palabra escrita para demostrar que el corrido también puede ser un acto político y cultural.

“Barrio armado” da nombre además a conciertos gratuitos y comunitarios que iniciaron en el Barrio Antiguo de Monterrey, donde la música se convirtió en acto político. El movimiento nació cuando un ciudadano estadounidense intentó impedirles tocar en la calle; la respuesta fue volver días después con más corridos. La iniciativa se replicó por primera vez en la Ciudad de México: la avenida Juárez terminó cerrada por un grupo de entusiastas que usan la música para manifestar inconformidad social y el corrido para reconocer a los héroes de la vida cotidiana.

Fernando Ríos, conocido como Gallo Armado | Ariel Ojeda


El rasgueo constante y enérgico de la guitarra, acompañado por el requinto de un joven invitado, sostiene la base rítmica. El bajo sexto aporta la gravedad sólida, mientras el tololoche, con su sonido profundo y terroso, añade la melodía que distingue al corrido. En ocasiones, una línea de metales –trombón, tuba y trompeta– se suma a sus músicos y con sus letras rompe con el estigma de los corridos asociados al narcotráfico y devuelve al género su esencia: narrar las calles, denunciar abusos policiales y celebrar la resistencia.

El corrido representa cerca de 3% de todas las reproducciones globales en Spotify y concentra 77% de los streams de música mexicana en la plataforma. Pero para Gallo Armado esas cifras no reflejan dónde debería estar el género. Al iniciar su concierto callejero lo expresó con claridad: “No entiendo por qué el corrido encabeza las listas de Spotify y Apple y no está inundando las calles, si de ahí vino”.

Aun así, Fernando Ríos reconoce que las plataformas digitales le han permitido difundir su proyecto desde 2024 sin necesidad de una disquera. Su mayor éxito en YouTube, “El antialcohol”, acumula más de un millón de visitas en menos de un año. En Spotify, su canal suma más de 24 mil oyentes mensuales.

Los corridos politizados del cantante Gallo Armado


El joven intérprete contagia energía tanto en formato acústico como con banda completa. Su vestimenta rompe con lo tradicional: puede portar camisa texana y botas o un look urbano que refleja rebeldía. En su primer concierto en la capital vistió una playera amarilla con la leyenda “Viva Palestina Libre”, que armonizaba con el lugar del evento, rebautizado por activistas como plaza “Palestina Libre”.

Asistentes que acompañan al cantante Fernando Ríos | Ariel Ojeda


Fernando Ríos, de veintinueve años, egresado del Tecnológico de Monterrey en la carrera de Letras Hispánicas, intentó antes ser actor de teatro, pero enfrentó la negativa de su familia. También probó en Comunicación, aunque no le convenció. Reconoce que llegó tarde a las letras aunque en el momento preciso: su apuesta es transmitir, en frases sencillas, pero contundentes, el mensaje de su música.

El público, los medios y las redes sociales han intentado encasillarlo con etiquetas como “corridos ambientales”, “eco-corridos” o “corridos tumbados activistas”. Ninguna le acomoda. Definió su estilo como “anarkocorridos”.

“Para mí los corridos no son una forma métrica ni musical, son una manera de contar historias. Yo estoy actualizando el corrido acorde a mi tiempo. Si algo nos enseñó lo tumbado y lo bélico es que el corrido puede tener otras formas armónicas, musicales y líricas. No me siento cómodo con las etiquetas porque el corrido siempre ha hablado del campo, de injusticias, de los ranchos. Quizás la única diferencia conmigo es que estoy un poco más politizado”.
“Me han dicho que un músico no debe hablar de política y eso me parece una estupidez, más en el país en el que vivimos. Entiendo por qué muchos músicos callan: dependen del Estado para presentaciones y apoyos públicos. Yo mismo he recibido respaldo del Fonca. Pero me gusta explorar la independencia en un proyecto musical. Por eso me identifico con los anarkocorridos, pensando la anarquía como una forma de organización social y política. Mi narrativa no obedece a la ley ni a la mafia. Da voz a quienes buscan vivir la ciudad con toda su desigualdad. Además, se están organizando”, explica el intérprete a DOMINGA.

El Gallo escuchó por primera vez el término “anarkocorridos” en referencia al estilo de Juan Cirerol, uno de sus referentes, quien combinaba corrido, música norteña y country. En su repertorio figura una canción titulada precisamente “Anarkocorrido”, donde canta: “Yo no canto narcocorridos/ yo canto anarkocorridos/ Y no es que yo sea anarquista/ pero mis corridos sí lo son”.

Fernando Ríos, conocido como Gallo Armado, cantando junto a un músico | Ariel Ojeda


En las presentaciones en vivo del Gallo Armado nunca falta un cover de Cirerol. Cada vez que lo interpreta, de las gargantas de los asistentes surge un grito que se convierte en petición colectiva: “Estuviera a toda madre que no existiera el perro gobierno, viviéramos más a gusto sin amantes de lo ajeno”.

Las consignas del “Barrio Armado” en CdMx


El primer evento del tour del Gallo Armado en la Ciudad de México fue una mezcla de música, manifestación, felicidad y desmadre entre “compas”. Sus corridos se bailan con nuevos códigos: no siempre en pareja, sino en una combinación de zapateado y slam dentro de un círculo, donde los cuerpos chocan en lo que parecen golpes, pero en realidad es energía compartida que se traduce en baile. Por unos instantes, el cantante se sumó a esa rueda y hasta desconectó su instrumento.

Durante su presentación compartió temas de su nuevo álbum La calle es nuestra. Entre ellos, “Lokerón citrícola”, un corrido bélico que juega con el lenguaje y aparenta describir a una organización criminal, pero en realidad reconoce a los productores de naranjas de la Región Citrícola de Nuevo León, especialmente de Montemorelos. Con ingenio, Fernando Ríos utiliza expresiones como “el negocio”, “las trocas cargadas”, “el control de los kilos” y “la lavadita” para luego revelar que el verdadero cargamento es la naranja.

El evento también incluyó un momento de cumbias rebajadas a cargo de El Junte Sabanero, agrupación de Monterrey. Sus melodías, de cadencia más lenta, se disfrutan con movimientos de pies, cadera, piernas y brazos.

La palabra en el micrófono fue tomada por colectivos y activistas que denunciaron la gentrificación en la capital, los megaproyectos que amenazan el medio ambiente y la falta de acceso a la justicia. Entre ellos estuvo la familia del fotoperiodista Miguel Rojas, fallecido hace dieciocho meses en el festival Axe Ceremonia junto con la fotógrafa Berenice Giles. Aún no hay rendición de cuentas por la tragedia.

El cantante conocido como Gallo Armando cantando frente al público | Ariel Ojeda


“Si el gobierno está más ocupado entregando el país a megaempresas, nosotrxs volveremos a salir para exigir justicia por lo que nos falta. 522 días sin Miguel y Bere”, advirtió la hermana del fotoperiodista, y agregó: “Su muerte fue consecuencia de un sistema que nos quiere hacer creer que algunas vidas valen menos que otras; nosotros decimos que no, todas las vidas son valiosas”. Un abrazo entre Ríos y la hermana de Miguel cerró la participación que clamaba justicia.

Gallo Armado también compartió con el público canciones de culto en el género, de intérpretes como Ariel Camacho, Ramón Ayala y Valentín Elizalde. Así, el evento se perfiló hacia su fin con piezas como “Hablemos claro”, “Cruz de madera”, “Puño de tierra”, “Mi tesoro”, “Tragos de amargo licor” y “Ebrio de amor”, convirtiendo la avenida Juárez, frente al Hemiciclo, en una auténtica cantina norteña.

El new age de cantina y los corridos del Gallo


La cantina Cananea, en la colonia Juárez, fue la segunda parada del tour citrícola. Su estética mezcla muebles y barriles de madera, pisos de mosaico que evocan antigüedad y una rocola que ambienta los dos pisos del lugar. Para Gallo Armado, llevar sus corridos a las cantinas es parte de la esencia norteña, aunque este espacio se acerca más a un sitio new age de cantina chilanga. El lugar ya había sido escenario del intérprete en dos ocasiones, con un público que no superaba las cincuenta personas. Esta vez, en cambio, dobló o triplicó las entradas: decenas se quedaron en la calle, pues no cabía ni una persona más.

“Las cantinas son la casa de los corridos, la esencia es pasar cantando de mesa en mesa y a dos voces. En esta ocasión esa interacción no fue posible, me sorprendió ver tan lleno”, dice Ríos. Una guitarra y dos voces bastaron para llenar el espacio: la segunda voz fue la de Chuy Ventura, compositor y cantante regio. Con su voz y la del Gallo, el concierto acústico sonaba como una banda completa.

Fernando Ríos posando para la fotografía frente a un espejo | Ariel Ojeda


Pata de Alacrán, otro intérprete que combina corrido y punk, abrió el evento, mientras un DJ ambientaba con corridos grabados. Cada canción del nuevo álbum, La ciudad es nuestra, se intercalaba con una presentación de Carla Escoffié, quien recordó que fue precisamente en una cantina donde nació la idea de hacer un libro-disco. Fue editado por el colectivo Kooperativa Rayenari e incluye un CD de diez canciones. Los textos son ensayos que analizan cada tema de Gallo Armado como una crítica y reflexión sobre el espacio público, la gentrificación, la migración, la contaminación, la corrupción y la vida agrícola en la región citrícola de Nuevo León.

“Una de las características más importantes del ser humano es la creatividad; somos, ante todo, seres creativos. Hacer un libro-disco fue producto de esa creatividad y afortunadamente nos ha ido muy bien”, dice Escoffié a DOMINGA. Y añadió: “El Gallo no compone por componer, realmente siente la lucha. Estas presentaciones en la CdMx fueron un punto de inflexión en su carrera. Cada tocada fue distinta, pero me parece que fue un éxito traer tres experiencias diferentes del proyecto a la capital y demostrar que la música puede mostrarse en distintas ciudades sin importar el origen del género”.

El verso “mi esperanza es la raza que protege el río/ somos de una montaña y un río que están vivos/ aquí mero yo me muero/ aquí es donde vivo” se entonó con fuerza. Varios asistentes, migrados de Monterrey a la capital, encontraron en “El corrido del aire” un puente hacia su tierra. La canción, himno en defensa del medio ambiente y del río Santa Catarina, fue semifinalista en el concurso México Canta por la Paz y contra las Adicciones, en su versión nuevolense, lo que impulsó el reconocimiento en redes sociales.

Otra de las piezas más coreadas fue “El Antialcohol”, que narra la historia de un conductor que, tras excederse en el consumo de bebidas alcohólicas, intenta escapar de un retén policiaco. El video de esta canción se produjo gracias a que Fernando Ríos ganó en 2025 el concurso Nuevo Talento Nuevo León, cuyo premio fue la grabación profesional de un videoclip. La filmación se realizó en el Salón Progreso, una de las cantinas más antiguas y tradicionales de Monterrey.

“Si bien el álbum la La ciudad es nuestra fue compuesto y pensado en Monterrey, me parece que habla de un contexto que se repite a lo largo del país, canciones que reflejan una época y muestran las discusiones y sentires de las ciudades y por eso ha funcionado en otros estados y creo que más gente que conozca el proyecto va a poder conectar bien”, concluye Carla Escoffié.
Público bailando la música de Fernando Ríos | Ariel Ojeda


La influencia de los corridos tumbados y bélicos


El corrido La Grieta toma postura contra el fracking y recuerda que en tierras áridas también la naturaleza encuentra su cauce. Con este tema, Gallo Armado inauguró su concierto en el Centro Cultural España (CCE). Portando camisa texana anaranjada, botas vaqueras y guitarra, Fernando Ríos se presentó acompañado de los músicos que lo acompañan desde Monterrey: bajo sexto, requinto, tololoche y la segunda voz de Chuy Ventura.

El escenario se iluminó con tonos rojizos, anaranjados, azules y morados. Según Nairobi Medina, coordinadora del CCE, la intención fue recrear el territorio desértico del norte mexicano y, al mismo tiempo, reflejar las desigualdades que se viven en el campo. La intensa lluvia en la capital retrasó la llegada de muchos asistentes, pero pese a ello el recinto se llenó casi por completo: 450 espectadores disfrutaron durante más de una hora del show.

El concierto clausuró el encuentro “Futuros comunes”, un espacio de reflexión entre activistas y luchadores sociales que se reunieron en el CCE para tejer alianzas.

Público bailando la música de Fernando Ríos | Ariel Ojeda

El corrido dedicado a las familias de Pasta de Conchos marcó un momento clave en la trayectoria del Gallo Armado. Recuerda que, siendo niño de siete años, una de las primeras noticias que lo impactó fue aquella tragedia. Con la ingenuidad de la infancia se preguntaba por qué no sacaban a los mineros atrapados. Años más tarde conoció a sus familias y, con sus testimonios, compuso una pieza que rinde homenaje a la resistencia de las viudas que han buscado verdad y justicia frente a las negligencias de empresas y autoridades.

Fernando Ríos no oculta la influencia que tienen en él los corridos tumbados y bélicos. Reconoce en Peso Pluma, Natanael Cano o Luis R. Conriquez una estructura musical que innovó el género: voces con fuerte presencia y letras poderosas que narran historias cercanas, capaces de generar energía y libertad, incluso cuando abordan temas incómodos como el narcotráfico. “Dicen que castigan a lo bélico por hacer apología del crimen, pero en los hechos criminalizan a quienes escuchan esa música. A mí me ha parado la policía por escucharla. Al final atacan al consumidor y se criminaliza a los jóvenes”, afirma.

El Gallo reconoce que en los corridos bélicos o tumbados existen contradicciones discursivas: “Muchas veces se canta a una vida de lujos y poder sin tener acceso a esos privilegios. Por eso yo busco crear letras más cercanas a la realidad de la gente de a pie, de la gente trabajadora”.

El libro-álbum La ciudad es nuestra se materializó gracias al apoyo mutuo y la autogestión, sin respaldo de una disquera. Para Ríos, “no es liberador que una disquera sea dueña de tu música y se quede con tu trabajo”. Renunció a su empleo –donde hacía copys para redes sociales y editaba videos– y decidió dedicarse de lleno a la música. Organizó una campaña de fondeo en Kickstarter y alcanzó la meta de 150 mil pesos para autofinanciar su proyecto.

Fernando Ríos confiesa que hubiera querido ser periodista y escribir crónicas como Óscar Balderas, Fernanda Melchor o Daniela Rea. Además, disfruta escuchar bachata y rap, su color favorito es el rosa y, al preguntarle con qué personaje histórico le gustaría conversar o componer una canción, menciona a los hermanos Flores Magón y a Simón Bolívar. Los considera figuras con respuestas para frenar el avance de la extrema derecha y mantener unidas a las personas que buscan un cambio social. No obstante, aclara que no se considera activista, sino alguien comprometido con hablar del derecho a habitar la ciudad, y que su arma es la música.


GSC


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