Entre malditos y maldecidos. El archivo y el testimonio en tres paradigmas literarios

Se revisan tres pasajes de la galería literaria ligados al mal, la violencia y el crimen: los decadentistas, los sobrevivientes al exterminio nazi y la postura de Roberto Bolaño frente a la barbarie.

La literatura, al ampararse en la ficción, se ha sumergido en las espesuras de la negatividad humana, donde otras expresiones son incapaces de llegar.
José Rodrigo Castillo
Ciudad de México /

El ser humano está asociado inevitablemente con la ejecución del mal, en planos y dimensiones que varían y responden a un orden misterioso, a la complicidad y a un más allá de la razón y la conciencia. En su manifestación colectiva el instinto de supervivencia se mueve no sin engendrar falanges normativas, éticas y legales, cuyo quebrantamiento tiende a ser reprimido y castigado. No obstante, la transgresión, la violencia y el crimen son universales. El mal, silencioso, se enraíza ahí mismo donde brota la vida y todas las pulsiones vitales. El mal anida en las entrañas del ser. Por ello, sean falanges o barricadas, es incontenible. El supuesto enemigo no se halla, al asecho, fuera de las imponentes murallas de Troya sino adentro, en sus calles, en su corazón y sus arterias.

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