México grande y pobre

Quienes nacimos en esta tierra generosa, cobijados por su gente, y arropados por las certezas de un país cuyos brazos abiertos le permitieron a mis progenitores encontrar de nuevo la vida.

Arnoldo Kraus
Ciudad de México /

Hay naciones pobres cuyo destino es difícil cambiar y hay países cuyos recursos son suficientes para garantizar vidas dignas donde el presente permita vislumbrar un futuro esperanzador. México debería ser parte del segundo grupo. No lo es: las calles inundadas de semaforistas retratan una de las realidades de nuestra nación. Los semaforistas son invención de los países pobres. Sin oportunidades laborales, sin apoyos gubernamentales y sin protección social, los habitantes de los semáforos se ocupan de pervivir: hoy, quizás mañana, no más; el presente es corto. Los semaforistas son más reales que nuestra membresía en la OCDE o la consabida y nauseabunda cantaleta gubernamental: México es la duodécima economía mundial.

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