La magistrada Mónica Soto no llegó a su último día de trabajo. No hubo lentes morados, tampoco aplausos ni despedida ni reconocimientos en el pleno que habitó por 10 años. Su último voto se redujo a una silla vacía, a una ausencia anticipada.
En la que sería su última sesión como magistrada de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Mónica Soto prefirió no asistir.
Una renuncia silenciosa, un anuncio sopresivo
El mensaje que preparó el 17 de agosto al anunciar su renuncia en un evento público, arrebatando caras de asombro y cejas levantadas tras sorprender a sus pares, al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar, y a la presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial, Celia Maya, fueron sus últimas palabras.
“¡Qué sorpresita!”, le dijo la magistrada presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial, a quien la cámara que apuntaba a Soto Fregoso, sentada a su lado, logró captar su asombro y la manera en que veía al resto del presídium, descubriendo que compartían la misma confusión.
Aunque la salida de Mónica Soto sonaba desde mayo, el momento, la forma y el espacio no estaban previstos. Sorpresivo, como el contraste entre su papel protagónico como jueza frente a la ausencia y el retiro silencioso de este miércoles.
El Senado avaló su renuncia con efectos al 31 de agosto, pero la magistrada prefirió pedir vacaciones y no acudir a la que sería su última oportunidad de ejercer como jueza.
En una sesión breve con apenas 11 puntos enlistados, Soto Fregoso optó por declinar. Sus dos proyectos en el orden del día los asumió el magistrado presidente, Gilberto de Guzmán Bátiz, y sus pares lo aprobaron por unanimidad, sin siquiera un debate o una argumentación. Votación lisa, inmediata y exprés, sin interrupciones que enaltecieran la ausencia.
En el pleno, sus pares compartían el ánimo de siempre: revisar su celular mientras el asunto no estuviera en su lista de temas por argumentar, pañuelos para el resfriado que han dejado las lluvias, reclinados en su silla esperando votar, y las siempre presentes miradas y reojos entre posturas opuestas.
Aquí puedes ver la crónica:
????️???? La magistrada electoral Mónica Soto no llegó a su último día de trabajo: dejó su silla vacía en la que sería su sesión de despedida antes de hacer efectiva su renuncia al cargo. Habrá elección judicial hasta 2028.
— Milenio (@Milenio) August 27, 2026
???? #MILENIO22h con @AlexDominguezB pic.twitter.com/0qh9HDzKnA
El pleno del TEPJF otra vez incompleto
Aunque Soto Fregoso se caracterizó por abogar por despedidas para sus pares, su retiro tuvo otro final. Hace un año, Janine Otálora concluyó su periodo entre aplausos; en 2023, Indalfer Infante se fue con abrazos de sus colegas y hasta José Luis Vargas se pudo despedir con reproches y amagos frente a ausencias de quienes contaban los días para su salida.
Mónica Soto se fue entre la versión de un pacto familiar por la salud de su padre y el rumor de que en unos meses reaparecerá con un cargo diplomático o similar. La primera magistrada en renunciar a un cargo caracterizado por las extensiones, dejando inconclusas las dos ampliaciones que ya había aceptado: la de la reforma del 2024 que la mantendría hasta 2027, y la de hace apenas unos meses que le alargaba el contrato hasta 2028.
Su último día quedó marcado por el silencio, por un voto no ejercido, por un adiós sin aplausos, sin fila de halagos de quienes compartió criterios, sentencias, riñas, cambio de bandos y hasta complots. La silla vacía apenas fue un elemento más de la fotografía. Nadie mencionó a la ausente, nadie preguntó por los enormes lentes.
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