Desde mayo de 1902, las relaciones diplomáticas entre México y Cuba se han desarrollado de manera intensa e ininterrumpida. Más allá de coyunturas ideológicas, ambos países han sostenido un vínculo basado en el respeto mutuo y la defensa de principios como la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.
A lo largo del siglo XX y en distintos foros multilaterales —incluida la Organización de los Estados Americanos (OEA)— México se pronunció contra el bloqueo económico impuesto a la isla y rechazó la aplicación de leyes de carácter extraterritorial como la Ley Helms-Burton. Incluso en momentos en que varios países latinoamericanos rompieron relaciones con La Habana, México mantuvo su embajada y no se sumó a las sanciones.
La relación bilateral se ha institucionalizado mediante más de 57 instrumentos intergubernamentales y más de 170 acuerdos interinstitucionales. En las últimas décadas se han celebrado reuniones periódicas de comisiones mixtas en materia económica, educativa, científica, pesquera y de combate al narcotráfico.
En el ámbito comercial, la balanza ha sido tradicionalmente favorable a México. Cuba se ha ubicado entre sus principales socios en el Caribe, con intercambios que en distintos momentos han superado los 300 millones de dólares. La cooperación abarca sectores como energía, salud, educación, medio ambiente, transporte y turismo, bajo el marco del Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APRI).
México envía ayuda humanitaria a la isla
En este contexto histórico, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el envío de ayuda humanitaria a Cuba tras evaluar las necesidades prioritarias de la población. La mandataria aseguró que el proceso será transparente y sostuvo que la medida no busca generar tensiones con Washington.
Además, confirmó que su gobierno analiza “todas las vías diplomáticas” tras el anuncio estadunidense sobre posibles aranceles a países que suministren petróleo a la isla, subrayando que el contrato petrolero mexicano representa menos del uno por ciento de la producción nacional.
Sheinbaum reiteró que la postura responde a la doctrina histórica de la política exterior mexicana, basada en la llamada Doctrina Estrada, que privilegia la no intervención y el respeto a la soberanía.
EU y La Habana: del restablecimiento al endurecimiento
Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han transitado por ciclos de confrontación y acercamiento desde 1902. Washington rompió relaciones diplomáticas con La Habana en 1961, en plena Guerra Fría, y durante décadas mantuvo un embargo económico que marcó la política bilateral.
Un punto de inflexión ocurrió durante la administración de Barack Obama, cuando en 2015 se restablecieron oficialmente las relaciones diplomáticas. Se reabrieron embajadas, se reanudaron vuelos comerciales y se firmaron acuerdos en materia de salud, medio ambiente y telecomunicaciones. Obama visitó la isla en 2016, en la primera visita de un presidente estadunidense en funciones en casi 90 años.
Sin embargo, durante su primer mandato, Donald Trump revirtió parte de esas medidas y endureció nuevamente las restricciones. En su actual administración, el mandatario firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” respecto a Cuba y autoriza la imposición de aranceles adicionales a productos de países que vendan o suministren petróleo a la isla.
Según la Casa Blanca, la medida busca frenar lo que denomina la “influencia maligna” del gobierno cubano y presionar por cambios políticos y en derechos humanos. La disposición faculta a los secretarios de Estado y de Comercio a implementar reglas para aplicar el nuevo esquema arancelario, aunque contempla posibles modificaciones si los países involucrados adoptan medidas alineadas con los objetivos de seguridad nacional estadunidense.
Un nuevo punto de tensión trilateral
La coincidencia entre el anuncio mexicano de ayuda humanitaria y la orden ejecutiva estadunidense introduce un nuevo elemento de tensión diplomática. Aunque México ha sostenido que su contrato petrolero con Cuba es marginal en términos de producción, la eventual aplicación de aranceles podría afectar el comercio bilateral con Estados Unidos.
El gobierno mexicano ha señalado que explora “todas las vías diplomáticas” para analizar los alcances de la medida y evitar afectaciones mayores. Para México, el desafío consiste en mantener su histórica postura de solidaridad con Cuba sin deteriorar la relación estratégica con Washington, su principal socio comercial.
La coyuntura revive un debate de larga data: hasta qué punto la política hacia Cuba puede convertirse en un factor de presión dentro de la relación México–Estados Unidos. Mientras La Habana enfrenta un nuevo endurecimiento del bloqueo, México reafirma su defensa de la soberanía y el diálogo como ejes de su política exterior.
LG