La violencia sexual contra las mujeres, entendida como cualquier acto de contenido sexual no consentido, es naturalizada, sus causas son invisibilizadas y no son reconocidas ni siquiera por las mujeres que la viven. Incluso, son las mismas mujeres las que modifican sus rutinas cotidianas para prevenir riesgos. Deciden cómo vestirse, qué rutas, formas de transporte y horarios transitar. Estas conductas se definen como “los espacios que nos negamos”: lugares a los que las mujeres renuncian o por los que circulan porque forman parte de su vida cotidiana, pero que están mediatizados por miedos, cuyos referentes y significados son distintos para los hombres como para las mujeres.
JOS