Arturo Lemmen, mejor conocido en plataformas digitales como “El Arturito”, generó una amplia conversación en redes sociales tras documentar la baja afluencia turística que actualmente vive el Valle de Guadalupe.
Fue mediante su cuenta de Instagram, en donde el influencer lamentó el abandono que atraviesa la región, una de las más importante de México.
¿Qué pasa en Valle de Guadalupe?
El influencer mencionó que según visitantes y usuarios en redes sociales, se percibe que el Valle de Guadalupe comienza a ser un “pueblo fantasma”. Esto incluso cuando las temporadas eran históricamente consideradas de alta demanda.
De acuerdo con su narración, la problemática se atribuye al incremento desmedido en los costos de hospedaje, gastronomía y servicios turísticos. La situación ha derivado en un desplazamiento tanto de turistas extranjeros como del mercado nacional.
Asimismo, internautas y especialistas del sector turístico comparan lo que acontece en Valle de Guadalupe con lo que pasa en Tulum, Quintana Roo, donde el enfoque dirigido exclusivamente al turismo de alto poder adquisitivo terminó afectando la sostenibilidad y el equilibrio de la zona.
Incluso, mencionan que hay una situación crítica en Valle de Guadalupe que se ve reflejada en disminución de bodas, eventos y experiencias masivas, impactando directamente a grandes vinícolas, hoteles boutique, así como a pequeños comerciantes y prestadores de servicios locales.
Costos elevados en Valle de Guadalupe
Ante la difusión de las imágenes de “El Arturito”, también surgieron cuestionamientos sobre la gestión de precios y restricciones en la zona.
Señalan a agrupaciones empresariales como “ProVino” y “Por un Valle de Verdad” que presuntamente han impulsado "un modelo de costos elevados en experiencias turísticas y restauranteras, así como de restricciones para inversionistas y realización de eventos sociales que han terminado por deteriorar la experiencia de visitantes y consumidores del valle".
De acuerdo con los reclamos en las redes sociales, esta estrategia habría priorizado la rentabilidad inmediata sobre la preservación de la competitividad del Valle de Guadalupe como un destino atractivo y accesible para el turismo nacional.
Ante este panorama, también han comenzado a mencionarse nombres de figuras prominentes vinculadas a asociaciones relacionadas con la promoción y desarrollo del área. Entre ellos se encuentran los empresarios Hans Backoff Guerrero, propietario de Monte Xanic; Fernando Pérez Castro, de las vinícolas La Lomita y Finca La Carrodilla; Wenceslao Martínez Santos, dueño de la vinícola Relieve; Mauricio Cantú, de Madera Cinco; y la publirrelacionista Keiko Nishikawa.
Ellos enfrentan un creciente escrutinio por parte de sectores que dependen económicamente de la actividad turística del Valle, ante la evidente caída en reservas, consumo y flujo de visitantes.
Cabe mencionar que la crisis de afluencia no solo compromete la rentabilidad de marcas y proyectos de lujo, sino también el sustento de cientos de trabajadores y prestadores de servicios independientes que dependen del movimiento turístico en la región.
Finalmente, el fenómeno expuesto por “El Arturito” pone sobre la mesa la necesidad de replantear el modelo turístico y comercial del Valle de Guadalupe para así evitar un deterioro prolongado.
La baja presencia de visitantes en viñedos, restaurantes y establecimientos de Ensenada muestra algo alarmante: la urgencia de ajustar la oferta turística a la realidad económica de los viajeros actuales.