Cada mañana, al preparar el desayuno y alistar la mochila para ir a la escuela, miles de padres se hacen una pregunta: ¿qué les doy de comer a mis hijos? A veces la respuesta se encuentra en un plato preparado en casa, algunas en un cereal o unas galletas para el recreo, un yogur de sabor o una bebida que promete ser una opción más saludable.
La rutina deja poco tiempo para leer detenidamente cada empaque. Y cuando alguien lo hace, puede encontrarse con una lista de ingredientes poco familiares. Colorantes, conservadores, edulcorantes y emulsionantes forman parte de muchos alimentos procesados, pero no siempre sabemos para qué se utilizan o, algo de suma importancia, ¿qué se conoce sobre sus posibles efectos en la salud?
La preocupación no significa que las familias deban eliminar de inmediato todos los productos empacados de la despensa. El primer paso es aprender a reconocer lo que compramos y entender por qué algunos ingredientes merecen una revisión más cuidadosa; es por eso que especialistas desarrollaron la aplicación Yuka.
El dato¿Qué es Yuka y cómo funciona?
Yuka es una aplicación móvil que permite a los consumidores consultar y evaluar productos alimenticios y cosméticos mediante el escaneo de códigos de barras. Su objetivo es ofrecer información sencilla sobre la composición de los productos, sus ingredientes y su posible impacto en la salud, para ayudar a las personas a tomar decisiones de compra más informadas. En el caso de los alimentos, la plataforma analiza su composición y clasifica determinados aditivos según su metodología de evaluación, basada en la literatura científica y en valoraciones publicadas por organismos de salud.
Colorantes en dulces y cereales que deben conocer los padres
El color de un alimento puede hacerlo más atractivo para los pequeños. Un dulce de tonos vibrantes, unas galletas decoradas o cereales coloridos pueden llamar su atención, incluso antes que prueben el producto. Detrás de esa apariencia pueden encontrarse colorantes artificiales como el Rojo 40, el Amarillo 5 y el Amarillo 6.
Ingredientes que están muy lejos de aportar valor nutricional y que se utilizan principalmente para dar color. Sin embargo, su presencia ha generado preocupación, ya que algunas investigaciones han ligado a algunos colorantes con problemas de hiperactividad o falta de atención.
De acuerdo con un análisis de Yuka sobre los aditivos alimentarios, la Unión Europea exige desde 2010 que los alimentos que contienen determinados colorantes incluyan una advertencia sobre sus posibles efectos en la actividad y la atención infantil.
Un antecedente relevante, pero una asociación estudiada no significa que todos los niños reaccionen de la misma manera ni demuestra que un colorante sea la causa de cualquier problema de conducta o atención.
Un primer paso...¿Qué pueden hacer los padres?
Lo recomendable es empezar por revisar la lista de ingredientes de los productos, identificar los colorantes cuando aparezcan y comparar alternativas. No se trata de prohibir cada dulce ni de convertir la comida en motivo de angustia, sino de tomar decisiones informadas.
El problema no siempre está en lo que parece más dulce
Otro grupo de ingredientes que conviene reconocer son los edulcorantes, utilizados para proporcionar un sabor dulce. Entre ellos están el aspartamo y la sucralosa, que pueden aparecer en productos promocionados como la alternativa al azúcar.
Para quien intenta reducir el consumo de azúcar, un empaque que anuncia esta característica parece ser la solución. Sin embargo, que un producto tenga menos azúcar o no la contenga no significa que sea nutricionalmente mejor.
Los desarrolladores de Yuka recuerdan que, en 2023, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer clasificó el aspartamo como posiblemente cancerígeno. Ese mismo año, la Organización Mundial de la Salud desaconsejó el uso de edulcorantes no azucarados para controlar el peso, al señalar que su consumo a largo plazo se ha asociado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.
Pero una clasificación de peligro no equivale a afirmar que cualquier consumo provocará cáncer. Para entender los riesgos individuales, también importa la evidencia, exposición y contexto de consumo.
Por eso, antes de elegir una bebida o un alimento únicamente por su promesa de contener menos azúcar, conviene revisar su composición completa y considerar qué lugar ocupa en la alimentación cotidiana de nuestros hijos.
Embutidos y otros productos: los ingredientes que también merecen atención
La lista no termina en los productos dulces. Los nitritos y nitratos, por ejemplo, se utilizan como conservadores en carnes procesadas y embutidos. Son ingredientes que pueden pasar inadvertidos cuando se compra jamón para preparar un sándwich o salchichas para una comida rápida.
Según Yuka, estos compuestos pueden dar lugar a la formación de nitrosaminas, algunas clasificadas como probablemente cancerígenas para seres humanos. La investigación cita una evaluación de la agencia francesa ANSES, realizada en 2022, que confirmó una asociación entre la exposición a nitritos y nitratos y un mayor riesgo de cáncer colorrectal, además de recomendar reducir su uso.
Esto no determina que una sola comida con embutidos propicie la salud futura de un niño, sino que ofrece una razón para observar la frecuencia de estos productos en el menú familiar.
Por otro lado estan los emulsionantes, que ayudan a mezclar ingredientes que normalmente no se integrarían, como el agua y el aceite. Algunas investigaciones citadas por Yuka han encontrado asociaciones entre un consumo elevado de determinados emulsionantes y mayores riesgos de ciertas enfermedades.
Para los padres, el mensaje práctico es evitar conclusiones apresuradas y ver la alimentación en conjunto, en lugar de juzgar un producto por un solo ingrediente.
¿Cómo leer las etiquetas sin caer en un examen de supermercado?
Aprender a revisar los empaques puede parecer complicado al principio, sobre todo cuando hay niños esperando, poco tiempo para comprar y un presupuesto que cuidar. No hace falta memorizar una lista interminable de sustancias para comenzar.
Una buena práctica consiste en elegir dos o tres productos que se compran con frecuencia y comparar sus ingredientes. Revisar también la información nutricional permite observar aspectos como el contenido de azúcar y sodio, sin olvidar que la calidad de un alimento no depende de un solo dato.
También conviene desconfiar de las conclusiones basadas en frases publicitarias. Las expresiones «natural», «light» o «sin azúcar» describen características concretas, pero no garantizan que el producto sea la mejor opción.
Yuka señala que, a septiembre de 2026, el 35% de los productos alimenticios incluidos en su base de datos mexicana contenía al menos un aditivo que la aplicación clasifica como de alto riesgo. Cabe señalar que la cifra corresponde a los productos analizados por la plataforma, no a una medición de todos los alimentos disponibles en el país.
La aplicación puede servir como punto de partida para informarse, pero no sustituye las recomendaciones de profesionales de la salud ni convierte automáticamente un producto en peligroso solo por aparecer con una calificación desfavorable.
Comer mejor: ¿Cómo quitarle culpa a la comida?
En ocasiones, la dificultad no está en conocer los ingredientes, sino en encontrar alternativas que se ajusten al tiempo, el dinero y las posibilidades de cada hogar. No todas las familias pueden cocinar desde cero todos los días, y comprar alimentos preparados no significa un total descuido de los hijos.
La recomendación de Yuka es reducir, en la medida de lo posible, la dependencia de los ultraprocesados, dar mayor espacio a los alimentos menos procesados y cocinar más en casa. Estos cambios pueden hacerse gradualmente, sin imponer reglas imposibles ni convertir cada antojo en motivo de preocupación.
Una lonchera no tiene que ser perfecta; a veces, el cambio comienza al comparar dos cereales, variar los alimentos que se ofrecen durante la semana o reservar los productos con muchos ingredientes para ocasiones menos frecuentes.
Al final, cuidar la alimentación infantil no consiste en perseguir cada sustancia. Consiste en dar a las familias herramientas para comprender lo que compran, reconocer qué dudas merecen atención y construir hábitos más sostenibles.
Porque detrás de cada elección de supermercado está el deseo de que los niños crezcan sanos. Y ahora, Yuka puede representar ese primer paso para informarse sin miedo y decidir con conocimiento.
CHZ