Aunque una de cada ocho mujeres desarrollará la enfermedad, entre 10 y 15 por ciento de los casos en México corresponden a menores de 40 años; especialistas destacan avances que permiten mejorar la supervivencia y preservar la fertilidad.
El cáncer de mama ya no es una preocupación exclusiva de las mujeres mayores. Aunque la incidencia aumenta con la edad, la enfermedad también afecta a mujeres de 20, 25 y 30 años, quienes enfrentan un mayor riesgo de recibir el diagnóstico en etapas avanzadas debido a que los primeros síntomas suelen pasar inadvertidos.
Cynthia Villarreal, oncóloga y directora del Instituto de Oncología del Hospital Zambrano Hellion de TecSalud, advirtió que entre 10 y 15 por ciento de las pacientes en México tienen menos de 40 años, una población que no debe descartar la posibilidad de desarrollar la enfermedad.
“Una de cada ocho mujeres va a tener cáncer de mama. (…) Es muy frecuente. (…) El cáncer de mama no solamente es el cáncer más frecuente en las mujeres mayores, también el cáncer de mama es el cáncer más frecuente en las mujeres jóvenes, y a veces eso no se toma en cuenta”, señaló.
La especialista explicó que uno de los principales problemas es que las mujeres jóvenes pueden minimizar la aparición de una bolita en el seno, al considerar que su edad las protege de esta enfermedad. Incluso, algunas pueden recibir una primera valoración que no genere sospechas, lo que retrasa la detección.
“El cáncer en una mujer joven tiende a diagnosticarse en etapas más avanzadas. (…) La primera, porque no se sospecha. Entonces, hay veces que la paciente (…) retrasa porque piensa que no es nada, y entonces eso conlleva a que pase más tiempo y el cáncer empiece a crecer”, explicó.
Además, advirtió que algunos tumores en mujeres jóvenes tienden a ser más agresivos y crecer con mayor rapidez, por lo que pueden requerir tratamientos más intensivos, como quimioterapia y terapia antihormonal.
Por ello, recomendó prestar atención a cualquier cambio en las mamas, especialmente antes de los 40 años, cuando generalmente no se realizan mastografías de rutina en mujeres con riesgo promedio.
Entre las señales están las bolitas, hendiduras, alteraciones en la piel, secreciones por el pezón –sobre todo si contienen sangre– y cambios en tamaño o simetría de senos.
nrm