¿No dormiste bien? La siesta no es la única manera en que puedes proteger a tu cerebro adormilado

Después de una noche de insomnio, el cerebro va un poco más lento. Un nuevo estudio dirigido por la Universidad McGill comparte una nueva estrategia para combatir la fatiga.

¿Mala noche? El ejercicio protege tu cerebro tras no dormir bien | Especial
Ciudad de México /
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Una noche de insomnio reduce la capacidad de concentración, altera las emociones y disminuye la velocidad de respuesta. En un mundo ideal, basta con una siesta reparadora para revertir los efectos, pero admitámoslo, ¿quién tiene tiempo o lugar para dormir 20 minutos un lunes por la mañana?

Una nueva investigación dirigida por la Universidad McGill plantea, no una solución, pero sí una alternativa para activar y proteger al cerebro después de una noche sin descanso casi tan efectiva como las siestas: hacer ejercicio.

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Siesta o ejercicio: qué hacer después de una mala noche de sueño

Es probable que después de desvelarse, lo último que a alguien le gustaría hacer es una rutina para activar al cuerpo, pero antes de descartar por completo la idea, vale la pena revisar qué encontró el grupo de investigadores a cargo del estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El grupo puso a prueba la capacidad de respuesta del cerebro después de un largo periodo en vela, para ello reclutaron a 54 participantes de entre 18 y 35 años a quienes les solicitaron pasar 30 horas despiertos.

Después de una noche sin dormir, les colocaron electroencefalógrafos y los dividieron en tres grupos: a uno le solicitaron dormir una siesta de 90 minutos, a otro hacer ejercicio en una bicicleta estática durante 20 minutos, el tercero fue el grupo de control.

Posteriormente se les mostró una serie de fotografías y se les evaluó tres días después para determinar cuántas recordaban.

Las personas que realizaron ejercicio de intensidad moderada a vigorosa obtuvieron resultados 22% mejores en las pruebas de memoria en comparación con el grupo de control, el resultado fue el mismo para quienes pudieron tomar una siesta. Lo interesante es que a pesar de ello, los mecanismos de protección que activó el cerebro fueron distintos.

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​​Diferentes formas de obtener un resultado

Según el análisis de los electroencefalogramas, la siesta parece recargar la energía, facilitando la asimilación de nuevos recuerdos e información. El ejercicio, por su parte, lo orilla a utilizar sus recursos de forma eficiente activando directamente los circuitos y marcadores específicos de la memoria episódica.

En el grupo de control, los científicos notaron que el cerebro gasta energía intentando compensar el cansancio, pero sin lograr estructurar por completo la memoria

Respecto a los resultados, el autor principal del estudio y profesor de la Facultad de Terapia Física y Ocupacional, Marc Roig, declaró: “La falta de sueño afecta prácticamente a todos los aspectos de nuestro pensamiento y funcionamiento, pero muchas personas no pueden simplemente dejar de hacer lo que están haciendo y dormir más”.

Sus hallazgos demuestran que incluso una breve sesión de ejercicio puede ayudar a preservar las capacidades cognitivas más importantes. Su colega y también autora, Madhura Lotlikar, candidata a doctora en el Departamento de Neurología y Neurocirugía de McGill, agregó que “El ejercicio es accesible, económico y fácil de implementar”, lo que lo convierte en una herramienta prometedora para ayudar a las personas a mantener la agudeza mental cuando no se duerme lo suficiente.


Ejercicio y descanso: un error común que hay que evitar

La actividad física y el sueño mantienen al cuerpo en equilibrio y se potencian de forma conjunta: la ciencia ha detectado que no hay mejor herramienta de recuperación que el sueño profundo después de una rutina demandante de ejercicio. Asimismo, el mantener el cuerpo activo se ha asociado a descansos más profundos y reparadores.

Sin embargo, esto solo funciona bajo ciertos contextos: los expertos no recomiendan las rutinas nocturnas como parte de una buena higiene del sueño ya que mantiene al organismo en un estado de alerta al elevar la temperatura corporal, aumentar la frecuencia cardíaca y potenciar las hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina.

Un pequeño estudio publicado en Sports Medicine sugiere que algunas personas pueden hacer ejercicio de noche siempre y cuando eviten la actividad física intensa poco antes de acostarse. Lo mejor para aprovechar lo mejor de ambos mundos es programar el entrenamiento hasta dos o tres horas antes de ir a la cama.

LHM


  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.

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