Es bien sabido que las relaciones amorosas —especialmente las longevas o las que ya dieron paso al matrimonio —en algún momento pierden esa euforia, intensidad y pasión que sentían al inicio del noviazgo. El llamado fin de la “fase de luna de miel”.
Por esa razón, el Instituto Gottman, especializado en relaciones de pareja, plantea tres pilares esenciales para que ese frenesí sobreviva al paso del tiempo: emoción, intimidad y sensualidad. Y tal cual un triángulo equilátero (aquel con los lados iguales), esta triada debe apoyarse mutuamente y tener la misma fuerza.
1. Emoción
La Real Academia Española (RAE) la define como una “alteración del ánimo intensa y pasajera” o “el interés con que se participa en algo”. Pero para el Triángulo Pasional de Gottman, la emoción es aquella “sensación de excitación, interés y atracción hacia tu pareja que experimentaste cuando te enamoraste”.
Aunque en la teoría se afirma que esa emoción se desvanece con el paso de los años, el Instituto defiende que “siempre está ahí”, sólo que opacada por la rutina y la familiaridad. Una situación que puede evidenciarlo es cuando ya no experimentas esa “punzada” en el estómago cuando encuentras a tu pareja entre una multitud, mientras la o lo esperabas para una cita.
“Es un mito que la emoción no puede durar para siempre. Simplemente no es cierto. (...) No es fácil, pero puedes recuperar la emoción que solías decir”, señala el Instituto en un artículo.
2. Intimidad
Aunque la palabra puede remitir a un sentido más sensual, el Instituto recurre a ella para hablar de una “profunda conexión emocional” que la pareja debería tener.
“La verdadera intimidad es la sensación de ser profundamente conocido por el otro. Ser conocido es compartir tus secretos, revelar lo mejor de ti y también revelar las partes de ti de las que no estás orgulloso u orgullosa”.
Sin duda, un punto que se sustenta en la confianza y aceptación mutua, de tal manera que la relación se convierta en un espacio donde no tengan que fingir ni actuar, y puedan ser vistos tal y como son. “Con sus luces y sombras”.
La confianza —junto a la lealtad— es una de las doce cualidades que el Instituto ha identificado para el éxito de una relación a largo plazo.
Una de las maneras de forjarla es a través de los pequeños actos o momentos: decir la verdad aún si resulta incómoda, cumplir los compromisos o mantener los límites. Pero para comenzar a desarrollarla se necesitan dos elementos clave: el tiempo y experiencias vitales compartidas.
Con ambos puntos es más fácil distinguir una falsa sensación inicial de intimidad; la cual es común experimentar en las primeras citas, cuando pareciera que compartimos los mismos gustos, propósitos y la visión de vida con la persona que pretendemos románticamente. No obstante, esas sensaciones suelen ser sólo una fantasía.
“Esa primera sensación de conexión, aunque maravillosa, no es la verdadera”; puntualiza el Instituto y explica. “Tu corazón, cargado de canciones de amor, proyecta fantasías sobre la persona que tienes frente a ti. Esto crea una embriagadora sensación de cercanía (...) Una vez que la lujuria desaparece, comienza el proceso de la verdadera intimidad”.
Y en esta fórmula el compromiso es igual de importante que el resto de elementos, pues la confianza no se refuerza por sí sola ni por arte de magia. Es decir, que ambas partes hagan un esfuerzo por “seguir conociéndose” a través de la escucha activa y prestando atención “como si aún estuvieras enamorado”.
3. Sensualidad
En este punto se habla del “espectro de conexión romántica, erótica y sexual entre dos personas”; el cual abarca desde los gestos más cotidianos como tomarse de las manos o un abrazo, hasta la relación sexual.
Y si bien existen un sin fin de placeres sensuales, las parejas suelen dejar de explorarlas conforme el tiempo pasa y las rutinas cambian. Y para la sexóloga, Adriana González Piña, ahí es donde se encuentra el error:
“Es normal que (el sexo) se pueda ir transformando. (...) Tenemos que empezar a reconfigurarnos a un nuevo contexto de vida y emocional. Entender en qué etapa estamos como pareja”, explicó en una anterior entrevista con MILENIO.
Claro que el uso de juguetes, las fantasías e incluso los fetiches pueden ser una formas de reconfigurar la vida sexual en pareja. Pero no es necesario llegar a la cama para alimentar este tipo de intimidad, pues también abarca el erotismo, la cercanía, las caricias, el deseo y la excitación.
Esto permite a la pareja explorar el placer a través de situaciones como entrelazar los dedos mientras pasean a los perros; inhalar el aroma del cuello de la pareja; mantener contacto visual; deleitarse con los suspiros de la pareja mientras le haces un masaje, o darse un apasionado beso.
“(La intimidad) no siempre tiene que llevar esa carga de tener el acto sexual con penetración, eyaculaciones y orgasmo”, señaló Piña. “Desde que empezamos a abrir el abanico de posibilidades de lo que es el sexo, nos aliviamos ‘un chorro’ cuando no tenemos tanto coito”, agregó Camila Lavalle, educadora sexual de JoyClub, en plática con MILENIO.
ASG