Para quienes no comen carne hay una pregunta que se repite hasta el cansancio: “¿Y la proteína?” Más allá de la respuesta, el no siempre bienintencionado cuestionamiento deja en evidencia algo que se puede observar en empaques, suplementos y redes sociales: una fijación un tanto desmedida por este macronutriente que hoy aparece hasta en los alimentos más insospechados.
“Hay productos que nunca pensaste que iban a tener proteína y ahora la tienen y lo primero que piensas es ‘Lo necesito”, dice Diana Nicolás Ramírez, licenciada en nutrición consultada por MILENIO.
A los ojos de la especialista, esta obsesión impulsada por la idea de que “más es mejor” podría resultar peligrosa, pues dejar todo el peso de la nutrición en una parte del plato, puede estar descompensado otras áreas de la alimentación y en el peor de los casos, incentivando un desequilibrio en el cuerpo.
“Por ejemplo, la carne de res tiene grasa. No estoy diciendo que sea mala, sin embargo, consumirla de manera frecuente tiene sus repercusiones: aumenta el colesterol y el ácido úrico. Estudios también advierten que tiene ciertos efectos en cuanto al cáncer colorrectal”, agrega.
¿Qué problemas conlleva priorizar la proteína cuando no es necesario?
Cada elemento en la dieta cumple un papel, el problema es que muchas veces se prioriza uno sobre otro sin un respaldo científico. Así, mientras la atención está volcada en la proteína, en las listas de mandado quedan fuera varias opciones, entre ellas, aquellas que son ricas en fibra.
"Al darle tanta importancia a la proteína, a veces descuidamos otras partes. Por ejemplo, la fibra. ¿Por qué no mejor tratas de cubrir tu requerimiento al día?", cuestiona Ramírez.
Según datos de la Secretaría de Salud los adultos mexicanos consumen en promedio entre 16 y 18 gramos diarios de fibra, una cantidad muy por debajo de los 25 a 30 gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esta deficiencia está detrás de más de un problema de salud incluido estreñimiento, desequilibrio de glucosa y colesterol en la sangre y alteraciones en la microbiota.
Entonces, ¿cuánta proteína debo consumir?
Una persona adulta debería consumir un mínimo de 0.8 a 1 gramo de proteína por kilo de peso corporal, según la OMS. Sin embargo, más allá del número, también se debe tomar en cuenta el origen, la calidad y actividad física.
De acuerdo con los estudios, su consumo excesivo puede sobrecargar los riñones, ya que los obliga a trabajar extra para filtrar el nitrógeno y los ácidos derivados de su metabolismo. Por otro lado, no toda la proteína aporta los mismos nutrientes: la carne procesada y embutidos son hoy considerados dos de los principales motores del cáncer de colón en jóvenes.
Al respecto, la especialista aclara: no hace falta una gran inversión ni productos milagro para obtener opciones equilibradas y acompañadas de la fibra necesaria.
Las legumbres son, según la nutrióloga, la alternativa perfecta para sustituir los excesos de carne de res y los productos procesados (de hecho, la recomendación nivel internacional es que el 50% de la proteína diaria sea de origen vegetal) como :
- Frijoles, lentejas, garbanzos y habas: su aporte proteico es equivalente al de la carne, pero con dos ventajas comerciales e intestinales enormes ya que contienen fibra.
Para evitar caer en la trampa de la sobrecarga proteica, la experta recomienda visualizar el plato en tres partes sencillas para asegurar el balance en cada comida:
“La mitad de tu plato siempre debe ser de verduras. Una cuarta parte va a ser de proteínas y la otra cuarta parte va a ser de cereales”, comenta.
A veces los empaques llamativos y la promesa de un cuerpo protegido opacan la recomendación más eficaz y simple de la nutrición: cada tipo de alimentación debe ser personalizada e incluso en el caso de la proteína, más no es igual a mejor. La clave, concluye la especialista, está en enfocar a los ingredientes locales y aprender a combinarlos adecuadamente a partir de información verificable:
“Al informarte créeme que te vas a evitar muchos tipos de padecimientos y riesgos en un futuro, como por ejemplo, sobrecargar tus riñones por demasiada proteína”.
LHM