Al describir por primera vez su impresión sobre la superficie lunar, Buzz Aldrin soltó una frase que poco después describiría su propio paisaje interno: “magnífica desolación”. Más de cinco décadas después, el astronauta Mike Fincke tendría que regresar al planeta antes de lo previsto tras perder repentinamente el habla.
Del segundo hombre en caminar sobre la Luna en la misión Apolo, hasta la primera evacuación médica en la Estación Espacial Internacional (EEI), los viajes fuera de la Tierra ejercen misteriosos efectos sobre la mente y el cuerpo que siguen planteando interrogantes.
La depresión después de haber pisado la luna
“¿Y ahora, qué?”, se preguntó Buzz Aldrin luego de regresar a la Tierra convertido en miembro de la primera misión de alunizaje y el segundo hombre en caminar sobre la Luna en julio de 1969.
Sus pasos sobre el satélite natural de la Tierra marcaron la historia de la exploración espacial y, en cierto modo, la de su futuro: pasó del reconocimiento internacional al alcoholismo, depresión y dos divorcios en los años posteriores a la misión Apolo.
Desde el inicio, la huella del viaje había sido profunda, describió la superficie de la Luna como una “magnífica desolación”, palabras que utilizó como título para su segunda autobiografía publicada en 2009. En ella narra episodios de su vida tras volver a la Tierra.
El 24 de julio de 1969 Aldrin, junto con Neil Armstrong y Mike Collins, amerizó en el océano Pacífico. El mundo los recibió con todas las puertas abiertas: desfiles, elogios desde las más altas esferas, invitaciones a cenar con reyes y reinas, filas de admiradores así como un asteroide y un cráter bautizados con su nombre.
Pese a los seis años de entrenamiento para la misión, nada preparó a Buzz para enfrentarse al regreso a casa, la gloria después de la misión sólo alimentó el profundo vacío que experimentaba tras cumplir con todo lo que se había propuesto en la vida.
En 1970 se unió al consejo de administración de la compañía de seguros Mutual of Omaha, ese mismo año impulsó conferencias para impulsar la participación política juvenil.
Antes de ver la Luna, Buzz presenció la guerra. Voló en misiones de combate en la Guerra de Corea y derribó dos aviones MiG-15, a su regreso fue nombrado director de la escuela de pilotos de prueba, pero su papel como comandante fracasó, dejó las fuerzas armadas a los 42 años.
Con más de una década sirviendo a la Fuerza Aérea y siete años de carrera en la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), no logró hallar una nueva meta o vocación.
“Cuando dejé la NASA y la fuerza aérea mi vida se había quedado sin estructura. Por primera vez en más de 40 años, no tenía a nadie que me dijera qué hacer, nadie que me enviara a una misión... En lugar de sentir una exuberante sensación de libertad... me sentí aislado, solo e inseguro”, escribió en su libro.
En diversas entrevistas reveló que padeció depresión en distintos momentos de su vida, tendencia que atribuyó, en gran medida, a la herencia familiar: su madre y su abuelo se suicidaron. Sin embargo, también ha aceptado que los síntomas se intensificaron junto con el alcoholismo a partir de su salida de la agencia espacial.
Tanto en su libro Return to Earth (1973) como en Magnificent Desolation (2009) el astronauta vuelve sobre sus pasos para reflexionar sobre la misma pregunta: ¿qué hacer ahora?
Perder el habla: la primera evacuación médica en la Estación Espacial Internacional
En los 25 años de historia de la Estación Espacial Internacional nunca se había registrado un evento como este. El 8 de enero de 2026 la NASA anunció que traería de vuelta a casa a una tripulación de cuatro astronautas casi un mes antes de lo programado luego de que uno de los miembros de la tripulación perdiera de forma repentina el habla.
Mediante un comunicado la agencia describió el regreso como una “evacuación médica controlada” sin brindar mayor detalle al respecto.
El 15 de enero, a las 3:41 horas de la madrugada, hora del este, la nave espacial SpaceX Crew Dragon amerizó en las aguas del Océano Pacífico trayendo a salvo a Zena Cardman y Michael Fincke de la NASA; Kimiya Yui de JAXA, de la agencia espacial japonesa, y Oleg Platonov de Roscosmos, de la agencia espacial rusa. Todos formaban parte de la misión Crew-11, la cual acumulaba 167 días en el espacio.
Ese mismo día, durante una rueda de prensa, Jared Isaacman, administrador de la NASA, aseguró que el miembro de la tripulación se encontraba bien. No fue hasta veinte días después que, tras varias entrevistas con medios estadounidenses, se confirmó la identidad del astronauta que perdió el habla de manera momentánea: Mike Fincke.
El hombre de 59 años, coronel retirado de la Fuerza Aérea de EE.UU y veterano espacial con cuatro viajes al espacio, no pudo hablar por aproximadamente 20 minutos. En declaraciones brindadas a Associated Press aseguró que todo ocurrió el 7 de enero mientras cenaba, luego de prepararse para una caminata espacial programada para el día siguiente.
“Mientras me encontraba a bordo de la Estación Espacial Internacional, sufrí un evento médico que requirió la atención inmediata de mis increíbles compañeros de tripulación. Gracias a su rápida respuesta y a la orientación de los médicos de vuelo de la NASA, mi estado se estabilizó rápidamente”, se lee en un comunicado emitido por la agencia el 25 de febrero.
La cronología de lo ocurrido se va armando entre declaraciones, en una entrevista con Vladimir Duthiers y Adriana Diaz de CBS News compartió que sus compañeros contactaron rápidamente a los médicos quien se encontraba monitoreando la misión desde Tierra.
Aunque una máquina de ultrasonidos fue de gran ayuda durante el incidente, las capacidades de diagnóstico y tratamiento a 400 kilómetros de altura son limitadas, por lo que se concluyó que lo mejor era programar el regreso.
Apenas unas horas después de amerizar, Fincke se sometió a una serie de pruebas médicas, entre ellas, una ecografía. En una charla con Tom Costello de NBC News, aseguró que no se encontraron señales de derrame cerebral o infarto.
Sin embargo, hasta el momento la NASA sigue sin poder brindar una explicación de lo ocurrido. Antes de volar, la agencia se asegura de que los tripulantes se encuentren en perfecto estado de salud, por lo que el incidente provocó más que desconcierto. Por ahora, su sospecha principal es que “se trata de algo relacionado con el espacio”.
En miras de establecer una presencia a largo plazo en la Luna y posteriormente en Marte, el incidente médico sigue siendo investigado a profundidad: podría proporcionar información valiosa sobre los retos futuros para el cuerpo en el espacio.
Mientras tanto, Mike se encuentra en rehabilitación post-vuelo en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston. Tanto él, como Aldrin son prueba viva de cómo los viajes fuera del planeta nos recuerdan lo humanos que somos.
LHM