Historia de la vacunación en México: De la expedición de 26 niños para curar la viruela a los brotes de sarampión

Con 28 muertes por sarampión, México enfrenta una crisis sanitaria que contrasta con su pasado como líder mundial en vacunas.

México alguna vez fue líder mundial en la producción de vacunas | Especial
Ciudad de México /

México experimenta el peor brote de sarampión de las últimas décadas. La enfermedad que azotó a la comunidad indígena en 1531 y que parecía controlada desde 2016 gracias a la vacunación, ha dejado un saldo de al menos 28 muertos en el país que alguna vez fue líder mundial en la producción de vacunas.

La inmunización en el territorio es una historia de luces y sombras en la que guerras, inestabilidad política y seguridad nacional quedaron atravesadas en la salud de comunidades completas tanto dentro, como fuera del país.

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La Real Expedición Filantrópica: el día que México exportó la vacuna contra la viruela

A lo largo de su historia México ha formado parte de importantes esfuerzos mundiales de vacunación. El primero del que se tiene registro se dio entre 1803 y 1806. En él estuvieron involucrados niños huérfanos, un doctor y la primera enfermera en misión internacional, se trata de la Real Expedición Filantrópica de Vacunas Contra la Viruela.

Encabezada por el Dr. Xavier Balmis, fue una de las empresas sanitarias más ambiciosas y complejas de las que el mundo haya sido testigo. La misión fue impulsada por la dinastía borbónica como una herramienta de control y estabilidad en medio del creciente interés de las colonias por su independencia.

El objetivo era claro: llevar la protección contra la viruela a lo largo y ancho del globo, el problema es que a principios del siglo XIX lograrlo implicaba resolver más de un desafío logísticos. Dado que no existían refrigeradores, la vacuna requería de envases capaces de portar el virus sin que éste muriera en el proceso.

La misión fue encabezada por el Dr. Xavier Balmis | La vuelta al mundo de la expedición de la vacuna

Fue por ello que, a lo largo de sus expediciones, el especialista escogió a una veintena de niños para inocular el virus. Uno tras otro, en cadena humana controlada a lo largo de los viajes, los pequeños recibieron viruela de origen vacuno. Según documentos como “La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna” y “La vuelta al mundo de la expedición de la vacuna”, al salir de España hacia América 22 niños ayudaron a traer la inmunidad al Nuevo Mundo. 

Sin embargo, para cuando emprendieron el tramo del Pacífico (el Galeón de Manila), Balmis necesitó un nuevo grupo por lo que reclutó a 26 niños de orfanatos ubicados en lo que hoy es la Ciudad de México y Querétaro.

El proceso era simple pero preciso: el doctor vacunaba a dos niños al salir de Acapulco. Unos 9 o 10 días después, cuando les salía la pústula (la ampolla de la vacuna), se extraía el líquido y se pasaba a otros dos niños sanos. Esto se repetía sucesivamente durante todo el viaje y era vigilado por Isabel Zendal, enfermera y pieza clave durante el procesos, ya que se encargaba del cuidado y control de los contagios.

La embarcación de los niños inmunizados llegó a Filipinas con el virus vivo, lo que permitió proteger a la región.

Aunque el propósito de los Borbones de apaciguar el descontento popular se borró solo unos años después cuando sus colonias fueron cayendo una a una, una gran parte del mundo quedó a salvo de la viruela. Además, cuando la expedición terminó, muchos de los niños ya no regresaron: fueron adoptados por familias en las Filipinas o se quedaron bajo el cuidado de instituciones locales.

El auge de la producción nacional: cuando México era potencia en inmunización

La llegada de vacunas antirrábicas incubadas en cerebros de conejos marcó el inicio de la era moderna de la vacunación en México en 1888. Diecisiete años después Porfirio Díaz ordenó la creación del Instituto Nacional de Bacteriología dedicado a la producción de vacunas, proceso que fue interrumpido por la Revolución Mexicana.

En medio del convulso escenario, el presupuesto para el instituto fue cancelado, sin embargo, gracias a su director, Ángel Gaviño, se logró recuperar la inversión en 1918, una apuesta clave ante la Primera Guerra Mundial: el conflicto había encarecido la importación de vacunas de Europa y las importaciones de Estados Unidos se cortaron ante el debilitamiento de las relaciones diplomáticas, como reporta una investigación publicada en Science & Diplomacy.

Madre con cartilla de vacunación de su infante en un centro comunitario del IMSS alrededor de 1960 | Historia CIDE

​Al terminar la revolución, la importancia de las vacunas fue más que evidente, de hecho, Venustiano Carranza fue de los primeros en notarlo: la pandemia de gripe española alcanzó a México, lo que fracturó la endeble estabilidad política, económica y social en el territorio.

La enfermedad llegó en dos oleadas durante 1918, para 1921 ya había causado más de medio millón de muertes y terminó por complicar la consolidación del gobierno del Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.

Así, como una cuestión de seguridad nacional, el Instituto pasó a ser el Instituto Nacional de Higiene y comenzó a apoyar la producción local de vacunas que, a prueba y error, se consolidó en 1939 con el lanzamiento de la vacuna contra la rabia, como narra el artículo "Historia de la vacunación en México". 


Los inmunológicos se fueron sumando uno a uno: la vacuna contra la tosferina y la difteria en 1948, tres años después comenzó la protección contra la tuberculosis. En 1956 se empezó a utilizar la vacuna contra la poliomielitis.

Tras sumar campañas de vacunación exitosas, en 1960 fue inaugurado el Instituto Nacional de Virología, “reconocido como Centro Regional de Referencia para Vacunas, apoyando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) gracias a su capacidad técnica y la alta calidad de las vacunas que producía”.

Hacia 1970 México apareció entre los primeros siete lugares del mundo como productor del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) de la Organización Panamericana de la Salud, por lo que el país llegó a suministrar vacunas a más de 15 países de la región, como Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba y República Dominicana.

Durante su época dorada el país produjo y exportó vacunas contra la tuberculosis, la difteria, tos ferina, tétano, poliomielitis y sarampión. De hecho, al ser considerado como Centro Regional de Referencia de la OMS países como Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela dependían de los lotes mexicanos para sus campañas de vacunación.

TLCAN y desmantelamiento: ¿Por qué México dejó de fabricar sus propias vacunas?

De acuerdo con la historiadora Ana María Carrillo, hasta bien entrada la década de 1980, las autoridades enfatizaban la importancia de que fueran las empresas públicas las principales productoras de vacunas, sin embargo, la convicción no duró mucho.

Debido a cambios en las políticas económicas, falta de inversión en actualización tecnológica y el desmantelamiento de las instituciones públicas de salud para dar paso a la importación, México perdió su autosuficiencia.

A pesar del legado crucial que dejó el país en cuanto a protocolo de vacunas se ordenó el desmantelamiento de las instalaciones de producción de vacunas y se redujo la inversión siguiendo las recomendación de la Organización Mundial del Comercio.

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​El ocaso del territorio mexicano como productor de vacunas llegó con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994. Durante este periodo se redujo aún más el control sobre la atención y regulación ya que el acuerdo incluyó capítulos estrictos sobre propiedad intelectual que protegían las patentes de las grandes farmacéuticas.

A la par, el gobierno comenzó a reducir los subsidios a las empresas paraestatales. Aunque Birmex (Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México) se fundó años después (1999) con la intención de rescatar esta industria, estos terminaron enfocándose más en la distribución de vacunas extranjeras que en la producción propia.

No pasó mucho tiempo para que el vacío que dejó la desaparición y desmantelamiento de instituciones clave cobrará factura en la salud de miles de personas con la pandemia de influenza H1N1 de 2009. La debilitada infraestructura volvió a hacerse evidente con la llegada del Covid-19 en 2020 y el rebote actual del sarampión.

​LHM


  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.

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