• Tampico se llena de mangos y las iguanas hacen su 'agosto': reptiles se dan un festín con cientos de kilos de fruta que habitantes consideran basura

En la Laguna del Carpintero, iguanas aprovechan el exceso de mangos en Tampico, donde en algunas casas se llegan a desechar hasta 70 kilos de fruta durante la temporada de verano.

Tampico /

A la orilla de la laguna del Carpintero, localizada en el corazón de Tampico, Tamaulipas, hay entre 50 y 60 iguanas en un comedero improvisado. Agarran los frutos que han caído de los árboles en una temporada donde es fácil encontrarlos tirados, pero no se desperdician: se convierten en el manjar de los reptiles.

Agarran el fruto con el hocico, lo levantan una, dos o tres veces para quitarle la cáscara, así que el paso siguiente es darle mordida al maduro fruto, incluso un poco descompuesto, pero eso no parece importarles a las iguanas, que disfrutan en ese comedero improvisado.

El fruto es llevado hasta dicho punto por la gente, ya que enfrente de esa zona de la laguna del Carpintero está la colonia del Pueblo, donde las familias tienen árboles de mango que en esta temporada están llenos de frutos, aunque no todos se consumen.

Es una zona cercana a uno de los miradores de cocodrilos, donde los saurios salen a asolearse, pero ellos no hacen caso a los mangos porque son carnívoros; sin embargo, las iguanas, que también comen insectos, se deleitan con el dulce fruto de temporada que inunda las calles de un puerto extremadamente cálido.

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En dicha zona, que pareciera una imagen de la merma de una central de abastos, el aroma es agridulce, como si una mezcla de frutas estuviera descomponiéndose, pero sin dejar de percibir el olor a azúcar a la orilla de un paseo muy popular.

“Mira mijo, las iguanas. Son bastantes. Ya viste que están comiendo mangos”, dice una turista que camina con su hijo pequeño, además de otros integrantes de la familia, que también quedaron sorprendidos por la cantidad de iguanas que tienen su banquete en pleno hábitat.

Son especímenes que salen desde lo más espeso del mangle que rodea el cuerpo de agua, algunos pequeños de color verde fosforescente y otros de casi metro y medio de longitud, con un verde menos intenso. Posan desde los montones de mango, y los más desconfiados huyen al escuchar que se acercan los humanos.

Hay iguanas por toda la laguna del Carpintero: cuelgan de los árboles, cruzan de un lado a otro, se atraviesan en la pista de tartán. Pero en ese pequeño claro que no ha invadido el manglar por completo y que deja ver el agua de la laguna, es el único sitio donde las iguanas pueden comer mangos.

El exceso de mango en el sur de Tamaulipas

Se trata del ejemplo más claro del exceso de este fruto en temporada de verano, ya que los vecinos no los quieren ante tanta cantidad; pero en este caso no se desperdicia, porque hay fauna que no le hace feo a estos frutos: los devoran y contribuyen a la limpieza de la colonia.

En Tampico y su conurbación, el verano significa que las banquetas y los patios de las viviendas se llenen de mangos, que se echan a perder y se convierten en abono para la tierra, porque es común que una familia tenga uno, dos, tres o hasta cuatro árboles de esta fruta en su terreno o vivienda.

Edmundo Malagón Infante, secretario de Servicios Públicos de Tampico, detalló que el personal de esa área sí ha reportado este tipo de casos: una cantidad de mangos que llenan botes, cubetas y contenedores de basura en hogares de diversas colonias del puerto.

“De acuerdo a los trabajadores y a los conductores de los camiones de basura, en las colonias donde tienen más árboles de mango, que es casi en toda la ciudad, en algunas viviendas se llegan a recoger entre 70 y 80 kilos de mango, los cuales dejan en sus propios contenedores”, cuenta el funcionario.

En Tampico el verano significa que las banquetas se llenen de mangos, que se echan a perder. | Foto: Yazmín Sánchez

Una ciudad saturada de fruta en verano

En colonias del norte de Tampico como Tancol, Colinas de San Gerardo, Echeverría, Américas y Del Bosque; así como en el sur como Del Pueblo, Barandillas, Tolteca y Vicente Guerrero, existe la costumbre de plantar estos árboles frutales. Prácticamente en toda la ciudad, donde hay espacio, hay mangos.

Pero no es solamente basura en calles, banquetas y avenidas importantes: este tipo de desechos ya representa un riesgo de seguridad, porque al caer al suelo y combinarse con distracciones, puede provocar resbalones y caídas con posibles lesiones.

Por ello, las autoridades exhortan a la ciudadanía a recoger los frutos y mantener la limpieza.

“Tenemos algunas rutas en donde la gente en su domicilio tiene árboles de mango; lo más conveniente es que el mango verde o ya pasado, o que no consuman, lo depositen en el bote de la basura”, recomendó el funcionario municipal tampiqueño.

Además, lanzó un llamado directo: “Los ciudadanos que tienen árboles frutales tienen que hacerse cargo de la limpieza en su propiedad”, lo cual muchas veces no ocurre, dejando el tiradero del dulce fruto en calles, bardas o banquetas.

“Es responsabilidad de los dueños de los árboles de mango, ya que cuando nosotros encontramos mangos en las calles los tenemos que limpiar”, añadió Malagón Infante.

Entre el calor, la sombra y el desperdicio

Ambientalistas señalan que los árboles siempre son positivos porque ayudan a mantener un ambiente fresco en una ciudad de clima extremo como Tampico, donde en semanas recientes las sensaciones térmicas han superado los 40 grados e incluso alcanzado los 50 grados centígrados.

“En medio del intenso calor que se siente en Tampico, la sombra de un árbol se vuelve algo necesario, así que es positivo que haya este tipo de especies en la ciudad, además de que es un fruto que aprovechan los ciudadanos”, explicó Roque Montiel Lozano, de la agrupación Ciudadanos Conscientes en Acción por México.

Sin embargo, ante el desperdicio constante de alimento en las calles, especialistas consideran fundamental el aprovechamiento del excedente, evitando que termine en la basura y buscando alternativas para beneficiar a quienes menos tienen.

La intención, señalan, es encontrar mecanismos para canalizar esta sobreproducción frutal que surge desde los hogares del sur de Tamaulipas.

La laguna del Carpintero se vuelve comedor de iguanas en verano | Foto: Yazmín Sánchez

Iguanas, las beneficiarias inesperadas

Hoy, en 2026, en un contexto donde los efectos del calentamiento global son cada vez más visibles, en una sola cuadra pueden coexistir dos o tres árboles por vivienda, lo que genera sombra, pero también grandes cantidades de residuos durante el verano.

Ante la falta de aprovechamiento, vecinos, ciudadanos y trabajadores de limpieza han encontrado una solución inesperada: alimentar a las iguanas.

A la especie no le disgusta. Las disfrutan como cualquier tampiqueño en esta temporada: comen uno, dos o hasta tres mangos para después seguir con su vida en un hábitat como la laguna del Carpintero, donde, entre mangle y calor, los reptiles parecen ser los verdaderos dueños del paisaje.

JETL

  • Jesús Alberto García
  • Periodista con experiencia en cobertura política, social y nota roja. Colabora en secciones de local, regional, estatal y nacional en televisión, radio, impreso y web.

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