Dos etapas de la vida donde la soledad es más peligrosa, según el psicólogo Emiliano Villarreal

La soledad puede ser una espacio de reflexión y autorregulación emocional. Sin embargo, durante las "crisis evolutivas" es conveniente tener una red de apoyo cercana debido a la vulnerabilidad.

En la vida existen dos etapas de crisis muy importantes | Freepik
Ciudad de México /

La soledad es un tema que el psicólogo, Emiliano Villavicencio, aborda con cuidado en entrevista con MILENIO. Aunque es propensa a convertirse en “un campo fértil para algún problema emocional”, afirma que esos “momentos con una o uno mismo” ayudan a la autorregulación emocional, así como a evaluar y reorganizar las ideas que nos guían en la toma de decisiones.

Sin embargo, la soledad no es compatible —o no completamente —con todas las etapas de la vida. Especialmente en dos de ellas, donde “la presencia de alguien” es crucial para el bienestar de la persona: la adolescencia y la adultez intermedia, o sea después de los 40 años.

“De no existir alguien más en esas etapas, se corre peligro de desarrollar algún problema emocional profundo”, señaló Villavicencio.
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El ser humano puede experimentar crisis esporádicas a lo largo de su vida, pero la adolescencia y el inicio de la adultez intermedia (a partir de los 40 años) son las más claras e importantes.

Aunque se separan por casi 30 años, ambas son momentos de “crisis evolutiva”, es decir, donde se cuestiona qué estamos haciendo, qué hemos hecho, quiénes somos o qué queremos de nuestra vida; “y esas preguntas siempre se van a responder de forma más adecuada si hay alguien que acompañe en la construcción de esas respuestas”.

“Son momentos de mucha vulnerabilidad donde, a veces, se toman decisiones que no son del todo congruentes, pensadas ni conscientes”.

“Se cree que en la adultez no hay cambios”

La duda no es sólo de la juventud: las crisis se pueden experimentar en la mediana edad, así como la vejez | Freepik

Es común que en la época de los 20’s e inicios de los 30’s haya incertidumbre y cierta ansiedad por el rumbo que comenzará a tomar la vida. Algunos estudios la refieren como la “crisis del cuatro de vida”, caracterizada por un proceso de exploración y experimentación con numerosas alternativas como una educación superior, el empleo, la carrera profesional y el matrimonio.

“A inicios de los 20’s, las personas, especialmente aquellas que están en su último año de estudios o que los han terminado recientemente, son más propensas a sentir melancolía mientras afrontan las responsabilidades y los retos de la primera etapa de la edad adulta. Esto suele generar sentimientos de impotencia, una falta de claridad en el propósito de la vida e incertidumbre sobre cómo encaminarse hacia el futuro”, concluyó un estudio de la revista Psychology Research and Behaviour Management.

¿Pero qué ocurre cuando esa ansiedad e incertidumbre resurge dos décadas después, a inicios de los 40 años? Lo más probable es que la persona sea blanco de críticas, cuestionamientos o descalificativos hacia sus sentimientos; pues pareciera que dudar fuera algo propio de la juventud.

“Se cree que en la adultez no hay cambios. Se asocia más bien a la adultez con una especie de estabilidad en muchos sentidos. Y esto agrava el escenario porque si no se reconocen, esa etapa pasa desapercibida y la persona comienza a sentirse mal o toma decisiones arrebatadas sin saber por qué”, explicó Villavicencio.

De ahí la importancia del acompañamiento y las redes de apoyo, pues pueden servir como un espejo: “La presencia de alguien nos ayuda a atravesar esos momentos de angustia y evolutivos”, agregó el especialista.

Cuando alguien cae en crisis, es más vulnerable a tomar decisiones extremas y “poco pensadas”; las cuales en la vida adulta podrían verse como renunciar al trabajo o terminar una relación de varios años. Pero al tener a alguien de apoyo, se tiene otra visión de la situación: “Siempre nos van a decir: ‘¡Aguas! No estás mirando esto’, ‘Ten cuidado’ o ‘No dejes de ver aquello’. En la soledad de nuestra intimidad se pueden tomar decisiones sin considerar necesariamente la mirada ajena”.

O incluso esta compañía ni siquiera está obligada a dar un consejo o una manera diferente de ver las cosas. A veces el silencio y la sóla presencia es más que suficiente para vivir esa transición.

La adolescencia: cuando las respuestas no están en casa

La adolescencia es una etapa compleja por los cambios y circunstancias que deben enfrentar | Freepik
En cierto nivel, la soledad iría en contra de la propia naturaleza de la adolescencia, la cual motiva a las y los jóvenes a desprenderse del esquema familiar inmediato, dado que ahí no suele encontrar respuesta a las preguntas que rigen esa etapa: ¿Qué me está ocurriendo y quién soy yo?
“A veces no regresan a esta base segura, sino buscan a los amigos y a los iguales para pedir consejo. (...) ¿Por qué razón? Porque el sistema familiar lo que refiere es su ‘yo infantil’ (...) entonces, inconscientemente, tiene la noción de que la respuesta no la va a encontrar en el pasado. Entonces sale de ahí y busca a sus contemporáneos”.

Por ello, Villavicencio sostiene que “cuando un adolescente está solo, hay que tener cuidado”.

Pero aunque el interés de la o el adolescente ya no esté en casa, no significa que las y los cuidadores deban actuar indiferentes. Sólo es cambiar de rol: ya no es guiar de la mano, sino acompañar con presencia. Es decir “menos imposición de reglas y mucha más escucha”.

“Es guardar el equilibrio entre ser más abiertos y flexibles, pero sin sobrepasar los límites o sin desdibujar los límites porque, al fin y al cabo, siguen siendo los hijos y necesitan una educación”.


ASG

  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.

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