No todas las mujeres viven la perimenopausia y la menopausia de la misma manera ni con la misma intensidad. Pero sean pocos o muchos, los cambios son inevitables y, en cierta manera, complejos e impredecibles tanto para la persona, como para su familia o pareja.
Por ello, la terapeuta sexual, María Teresa Hurtado de Mendoza Zabalgoitia, recalcó la importancia que tiene en esta “drástica etapa” el apoyo y la comprensión de la o el compañero de vida. Esto, explicó, porque al final los cambios físicos, emocionales y psicológicos también impactan en la relación de pareja.
“Es la persona más cercana. (...) Los hijos están en una etapa de adolescentes o adultos jóvenes, donde ya hacen su vida no tan apegada a la mamá. Pero sí lo hace la pareja”, señaló en entrevista con MILENIO.
La vida en pareja sí cambia y “no vuelves a la intensidad de los 20”
La disminución del líbido —es decir, del deseo sexual —no es la única razón que puede generar problemas de pareja en la menopausia o durante el climaterio.
A veces, las discusiones devienen de síntomas y signos ajenos a la sexualidad, tales como el insomnio o las sudoraciones nocturnas (bochornos), que pueden interrumpir el sueño de la otra persona, o los cambios de humor, por el cual podría tener un menos ánimo en la mañana o intolerancia a las bromas del hijo adolescente.
“La vida en pareja cambia mucho. Por una parte, la vivencia diaria y, por otro lado, el estímulo erótico”, explicó María Teresa. “Si la pareja no lo sabe, no está entendiendo esto o tampoco lo comprende, se generan problemas de pareja que pueden repercutir en diferentes áreas de la vida matrimonial, conyugal o de convivencia”.
Sin entendimiento ni comunicación, hay más riesgo de que esas discusiones por una noche de desvelo o una respuesta “cortante” en el desayuno escalen hasta el uso de adjetivos peyorativos como “histérica” o “menopáusica” para desprestigiar las necesidades; los sentimientos o el proceso mismo.
De ahí la importancia no sólo de entender este proceso, también de desprenderse de esos estigmas que la han retratado como un proceso trágico; de resignación, o como el fin de la sexualidad. “Son procesos del cambio de la vida”, subrayó María Teresa.
Una manera que la terapeuta planteó para comprenderla mejor es equiparándola con la adolescencia:
“Con él (el adolescente), sus cambios emocionales hacen que tenga unas reacciones exageradas para algunas cosas y ya lo sabemos como sociedad. Ante ello, decimos: ‘Dale chance’ o ‘Entiéndelo’, y te trasladas a su lugar: por cuestiones hormonales, está cambiando su cuerpo y su manera de procesar las ideas. Exactamente igual sucede con los cambios tan bruscos y toscos que hay en el climaterio”.
En tanto, con la pareja recomendó adaptarse a las nuevas necesidades de la edad para “seguir teniendo una vida satisfactoria y no añorar aquella vida sexual de los 20 (años); la cual ya no va a regresar en cuestión de intensidad, pero sí en lo emocional y de placer”.
el dato¿Qué es el climaterio?
Es el periodo de transición entre la etapa reproductiva a la no reproductiva, el cual inicia aproximadamente 5 años antes de la menopausia (marcada por la última menstruación) y 10 después de ésta.
¿Cómo gestionar los conflictos de pareja?
Procurar y reconfigurar la sexualidad tras la menopausia —y la andropausia, en hombres— es “tarea de dos”. Pero al dejarlo en manos de uno sólo (normalmente la mujer), es mucho más probable que recurra al “me siento muy cansada” o “no tengo ganas”: dos frases que esconden un trasfondo de desentendimiento y falta de empatía. María Teresa ha sido testigo de ello:
“Frecuentemente me toca con mis pacientes: ‘Él es tosco’, ‘Porque me duele’, ‘Porque él quiere relaciones muy frecuentes y yo no tengo el mismo deseo sexual que antes, cuando era joven’. Entonces ahí empiezan los conflictos de pareja y muchas veces puede llevar a buscar otra pareja o tener una amante, y esto deteriora más la relación de pareja.
(...) Aunque la de la menopausia sea una, el problema es de los dos. Porque afecta a las dos”.
La comunicación es clave para hacer frente a esta etapa: compartir sin miedo las inseguridades, los sentimientos y cualquier otra preocupación sobre la relación. Y para las soluciones, a veces es sólo cuestión de volver a lo “simple” para avivar la pasión que se creía apagada; hacer las paces con la paciencia y alejarnos de lo que dicta el coitocentrismo.
“Disfrutar los besos. Recuperar las caricias. Ir poco a poco disfrutando todo el cuerpo y las sensaciones que pueden generar una caricia agradable”, recomendó la sexóloga.
“Todo es un proceso más lento. Más de gusto y no para cumplir con una penetración. (...) Si lo ven como un problema de los dos, es más fácil solucionarlo”.
En esta reestructuración también pueden entrar a escena los juguetes sexuales u otras experiencias que estimulen los sentidos: .
Pese a sus signos y síntomas, la menopausia no tiene por qué ser un punto de quiebre en las relaciones de pareja —especialmente las longevas — ni para la propia mujer.
Con una correcta comunicación, disposición de ambas partes e intervención especializada, las relaciones pueden fortalecerse y resignificar: encontrar nuevos estímulos y manera de ver la vida; aprender a escuchar, y entender a la otra parte.
“No se tiene por qué sufrir ni dejarlo en un: ‘Ya me tocó por ser mujer y ni modo’. (...) No. Es buscar alternativas”
ASG