El avance mundial para eliminar la hepatitis C como problema de salud pública se estancó y únicamente 13 países se encuentran en camino de cumplir los objetivos internacionales, advirtieron especialistas en un artículo publicado en Journal of the International AIDS Society.
Marina B. Klein, Nadine Kronfli y Jim Young señalaron que las metas fijadas para 2030 difícilmente se alcanzarán sin mayor inversión, voluntad política y acciones dirigidas a las poblaciones con mayor riesgo.
En 2024 se registraron alrededor de 900 mil nuevas infecciones por el virus de la hepatitis C, apenas 8 por ciento menos que en 2015. Ese mismo año murieron cerca de 240 mil personas por cirrosis y cáncer de hígado asociados con la infección, una reducción de solo 12 por ciento en nueve años.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 47 millones de personas viven con hepatitis C crónica. Aunque los antivirales de acción directa pueden curar a más de 95 por ciento de los pacientes mediante tratamientos de entre ocho y 12 semanas, el acceso al diagnóstico y a los medicamentos continúa siendo insuficiente.
Los autores subrayaron que 64 por ciento de las personas infectadas permanece sin diagnóstico, lo que obliga a ampliar las pruebas rápidas y a dirigir campañas específicas hacia personas que se inyectan drogas, población penitenciaria y otros grupos con mayor exposición.
“La etapa final de la eliminación requerirá identificar a quienes no han sido diagnosticados”, señalaron.
"Se necesita un compromiso renovado"
Entre las medidas prioritarias propusieron ampliar los programas de intercambio de agujas y jeringas, facilitar tratamientos para la dependencia de opioides dentro y fuera de las prisiones, simplificar las pruebas y garantizar antivirales pangenotípicos a precios accesibles.
También plantearon reforzar la vigilancia después de la curación, ya que, conforme disminuyen las primeras infecciones, una mayor proporción de los nuevos casos corresponderá a reinfecciones.
Las personas con exposición continua deberían someterse a pruebas de ARN del virus al menos cada seis meses durante los primeros años posteriores al tratamiento.
Los especialistas destacaron que España, Australia y Egipto han logrado avances importantes, mientras que países con una elevada carga de enfermedad, como Estados Unidos y Rusia, permanecen rezagados.
También alertaron que las patentes y los precios de los medicamentos continúan limitando el tratamiento. En 105 países de ingresos bajos y medios existe un acuerdo para ofrecer un esquema de 12 semanas de sofosbuvir y daclatasvir por 60 dólares, pero su utilización ha sido menor de la esperada.
El artículo sostiene que mantener las mismas estrategias ya no será suficiente y propone sustituir el énfasis exclusivo en las metas de 2030 por acciones inmediatas en cuatro áreas: prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
“Es una amarga ironía que, dado que el virus es curable, prevalezca la idea de que la hepatitis C está acabada justo cuando se necesita un compromiso renovado”, advirtieron.
Los autores concluyeron que la falta de inversión no solo impedirá alcanzar los objetivos mundiales, sino que podría revertir los avances obtenidos. A diferencia de la hepatitis B, todavía no existe una vacuna eficaz contra la hepatitis C, por lo que la eliminación dependerá de ampliar las pruebas, tratar rápidamente a las personas infectadas y prevenir nuevas transmisiones.
EA