Las cajitas de tramadol que eran vendidas con total libertad por farmacias, distribuidores, almacenes y fabricantes ahora requieren de receta médica y una vigilancia especial para limitar su compra al por mayor debido "su potencial de dependencia".
Desde el 14 de julio entraron en vigencia las nuevas disposiciones de la Fracción III del Artículo 245 de la Ley General de Salud 2026 con las que el medicamento indicado para el dolor moderado a intenso se sumó a la lista de fármacos controlados que “tienen algún valor terapéutico, pero constituyen un problema grave para la salud pública”.
La medida impulsada por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) busca prevenir el consumo inadecuado del opioide que tiene efectos más allá del sistema nervioso central.
Tramadol y sus efectos en el cerebro
Sintetizado por primera vez en 1977, el fármaco patrocinado principalmente por el dolor (especialmente generado por la artritis, operaciones o lesiones) se convirtió rápidamente en uno de los productos estrella para las farmacéuticas, hasta hace poco generaba ingresos anuales de 4.5 mil millones de dólares.
Inicialmente llegó al mercado como un analgésico supuestamente no adictivo, pues a diferencia de los opioides clásicos, posee un doble mecanismo de acción: se une a los receptores de dolor de forma suave y evita que el cerebro absorba la noradrenalina y la serotonina.
Sin embargo, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) notó un creciente número de casos de abuso, por lo que lo clasificó como sustancia controlada de la lista IV en 2014.
Con los años, se fue sumando evidencia de que lo que parecía una opción segura, puede causar daños irreversibles en diferentes regiones del sistema nervioso central, incluyendo el cerebro, la amígdala y la formación hipocampal (estructuras situadas en el lóbulo temporal medial del cerebro).
Un metanálisis publicado en 2024 concluyó que este fármaco provoca alteraciones neuropsicológicas como problemas de memoria, déficit de atención y deterioro cognitivo.
Aunque no se tiene muy clara la explicación detrás de estos efectos, se cree que existen diferentes formas en las que el tramadol ataca a las neuronas, entre ellas: muerte celular, degradación, sobreexposición a sustancias tóxicas o afectaciones en sus componentes internos.
Corazón, hígado y riñones
El uso crónico de tramadol se ha relacionado con un aumento de las hospitalizaciones por complicaciones cardiovasculares, asegura una publicación de Scientific Reports. El estudio enfocado en ratones concluyó que el uso prolongado puede dañar seriamente el corazón y las arterias.
Durante el seguimiento los científicos notaron que tanto la química de la sangre como la estructura física del sistema cardiovascular se vieron afectadas. Al respecto proponen que hay cuatro procesos interfiriendo: estrés oxidativo, inflamación, fibrosis (cicatrización y rigidez en el corazón) y disfunción de los vasos sanguíneos.
Otros estudios experimentales en animales también lo han asociado con disfunción de varios sistemas orgánicos, por ejemplo, el tramadol se procesa en el hígado para posteriormente ser eliminado a través de la orina con ayuda de los riñones. Sin control médico, las células de ambos órganos corren el riesgo de daño, lo que se traduce en mayor riesgo de enfermedades renales y hepáticas.
El tramadol y la respiración
Como opioide, el tramadol comparte algunas características con el fentanilo, entre ellas el riesgo de depresión respiratoria, descrito por los especialistas como “un evento adverso grave y potencialmente mortal”.
De acuerdo con un amplio análisis reciente publicado en Pharmaceuticals, los pacientes pediátricos, con problemas de adicción o uso continuo de opioides, antidepresivos o benzodiacepinas (como sedantes) tienen un alto riesgo de experimentarlo.
Efectos secundarios comunes del tramadol
De acuerdo con el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra, utilizar este medicamento bajo prescripción médica y por tiempo determinado se considera seguro. Sin embargo, 1 de cada 100 personas puede experimentar efectos secundarios como transpiración o boca seca.
El sistema digestivo también es sensible al fármaco ya que puede producir náusea, vómitos y estreñimiento. Es común el dolor de cabeza, la somnolencia y mareos.
Su uso responsable no está exento de efectos graves que incluyen disminución de la presión arterial, alucinaciones, confusión, sueño y problemas para orinar. En algunos casos incluso se han documentado convulsiones y dificultad para respirar, pero son menos frecuentes.
¿Qué pasa si tomo mucho tramadol?
Para millones de personas que se enfrentan a afecciones crónicas, vivir con dolor es una realidad. A largo plazo su condición las vuelve más propensas a utilizar fármacos como el tramadol, lo que compromete la salud y efectividad del medicamento. Para los consumidores asiduos del opioide, el riesgo de desarrollar mayor sensibilidad al dolor aumenta, junto con el de dependencia.
Por ahora en México aún es posible conseguir una caja de este medicamento, aunque los expertos sugieren considerar otros tratamientos útiles para atender dolores de escala intermedia o intensa. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) entre los que se encuentran el ibuprofeno, naproxeno y diclofenaco, así como el paracetamol son algunas de las opciones, como plantea la Secretaría de Salud (SSa).
LHM