Abril recuerda su infancia haciéndose cargo de su hermano menor. No importaba si sus padres los dejaban bajo el cuidado de sus tíos y abuelos, ella siempre era la responsable de estar al pendiente y ser el “ejemplo correcto” para él. Así hasta que un día, alrededor de sus 10 años —según recuerda con dificultad —pidió a sus padres “que ya no nos dejaran con más personas”.
“Iba en la primaria y fue cuando empezamos a estar solos mi hermano y yo. Nos dejaron las llaves y me dejaron la responsabilidad”, dijo a MILENIO.
¿Qué es la parentificación?
Sin titubear, Abril aseguró que vivió una infancia distinta a la “normal” a causa de la parentificación, es decir, cuando uno de los hijos o hijas asume responsabilidades y se sitúa en un rol que no corresponde con su etapa del desarrollo. Esto, con el objetivo de restablecer un sistema familiar usualmente desregulado por la ausencia de uno de los progenitores. Con Abril, por ejemplo, adquirió ese papel debido a que el trabajo de su madre y su padre los imposibilitó para ejercer esa parte de la crianza.
“Mis papás siempre han trabajado lejos. Mi papá era el que estaba más cerca de donde vivíamos, pero aún así pasábamos tiempo solos: nos arreglaban, nos dejaban en la escuela a las 7 de la mañana y de ahí mis abuelos o mis tíos iban por nosotros”, recordó.
En México, casos como los de Abril no son aislados ni mucho menos nuevos. “Nuestra propia sociedad no da las oportunidades para que puedan ser mamás o papás de tiempo completo”, reflexiona.
En 2021, la ENSANUT informó que el 7.6% de las infancias estuvieron bajo el cuidado de otra niña u otro niño menor de 10 años; mientras que en el 2019, y de acuerdo a datos de la UNICEF, el 77% de las niñas y el 49% de niños que vivían con otros más pequeños también se hacían cargo de los cuidados del hogar.
Es decir, 2 de cada 3 niñas y 1 de cada 2 niños supervisaron el cuidado de sus hermanos, mientras dedicaban más de 8 y 3 horas, respectivamente, a vestirlos, bañarlos y alimentarlos.
“A veces cuando nos quedábamos solos, yo me sentía responsable de cuidar la casa. (...) Asumí el rol de mamá porque le preparaba de comer, lo bañaba, nos regresábamos juntos de la escuela, le ayudaba con la tarea, si se enfermaba yo tenía que checar que tenía o cuando se iba a la luz no había un espacio para que yo me sintiera con miedo.
Aunque de chiquita sintiera que había un monstruo enorme en la oscuridad, tenía que quitarme ese miedo porque había una persona muy chiquita y tenía que cuidarlo. Entonces no podía demostrarle miedo, sino tranquilidad y seguridad”, contó Abril
Cómo afecta a los niños
De acuerdo con el psicólogo, Emiliano Villavicencio, el fenómeno de la parentificación suele afectar a la o al primogénito, aunque también puede recaer en “el más fuerte” o el más maduro. Es decir, a quien sea “más capaz” de equilibrar el sistema familiar corrompido.
Y aunque, desde las teorías sistémicas, este reacomodo permite recuperar la dinámica y cierta parte del orden en la familia, tiene implicaciones emocionales muy profundas.
“El común denominador es que hay consecuencias emocionales; pérdidas no elaboradas y un cambio en el plan de vida, ya que generalmente no se consulta al niño o la niña si quiere o no asumir ese rol”, explicó Villavicencio.
Los tipos de parentificación
- 1 Emocional: el niño se convierte en el sostén afectivo de sus padres
- 2 Físico o instrumental: el niño asume tareas prácticas y responsabilidades domésticas que no corresponden con su edad. Por ejemplo: cuidar a sus menores, cocinar o trabajar para aportar dinero.
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Algunos especialistas abordan las consecuencias según el tipo de parentificación. Por ejemplo, el común denominador de la parentificación emocional es el desarrollo de trastornos internalizantes, tales como la ansiedad o la depresión.
Asimismo, favorece conductas de apego inseguro y afectaciones en la construcción de la identidad —ya que las y los niños cuidadores se “abandonan a sí mismos” para satisfacer las necesidades de sus progenitores y hermanos menores—.
Un caso específico de ésto es el fenómeno de Spousification: cuando el hijo o la hija adquiere el rol correspondiente al cónyuge de la madre o el padre. Es decir, que la figura adulta ve en el o la infante un apoyo moral apto para hablar de sus relaciones y contarle sus problemas; generándole traumas y obligándolo a priorizar el bienestar emocional de su padre o madre sobre el suyo.
Otro ejemplo también está en la historia de Abril, quien ya no sólo estaba a cargo de cuidar a su hermano y de ser un buen ejemplo para él, también de su futuro.
“Mi mamá me decía que tenía que estudiar mucho y prepararme para tener un gran trabajo. Cargaba con esa responsabilidad de ser el buen ejemplo y tener una buena posición para ayudar a mi hermano en su sueño de ser piloto aviador”
Por otra parte, en la parentificación instrumental se habla de daños al ámbito psicosocial (tales como roles rígidos de responsabilidad, presión y alta sensación de agotamiento) con efectos a largo plazo, ya que pueden regir cómo el niño o la niña eventualmente se comportará en contextos románticos, de amistad y hasta laborales.
Así ocurrió con Abril: “Creo que mi forma de ser llega a ser entre protectora y mandona, en el sentido de que muchas veces trato de educar a mis propios papás o a mi esposo. No tengo qué, pero crecí con esa idea y teniendo que cuidar a alguien”.
ASG