• El perro ‘perfecto’: nuevo debate entre ética y ciencia

  • The New York Times
  • Tecnologías como CRISPR brindan nuevas formas de crear los perros de nuestros sueños, así como una razón para reflexionar sobre errores del pasado.
Emily Anthes
Estados Unidos /
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Por miles de años, hemos intentado crear a nuestros compañeros caninos ideales. Hemos perfeccionado sus habilidades para realizar una variedad de tareas específicas, desde cazar aves acuáticas hasta controlar a las ovejas rebeldes. Hemos remodelado y refinado sus cuerpos, creando dachshunds con forma de salchicha, dálmatas con lunares, schnauzers de cejas tupidas y sharpeis muy arrugados.

Lo hemos logrado usando nada más sofisticado que la tradicional cría selectiva. Ahora, nuestros esfuerzos de ingeniería canina están entrando en una nueva era. A principios de este mes, Kindred Companion Sciences, una empresa emergente de biotecnología con sede en Nueva York, reveló que había utilizado la técnica conocida como CRISPR para crear los primeros perros hipoalergénicos editados genéticamente.

Gracias a un ajuste genético, los perros —dos beagles— parecen incapaces de producir una proteína que puede provocar en algunas personas ojos enrojecidos y sibilancias.

Aun así, existe un largo camino desde el laboratorio hasta los regazos de los dueños de mascotas en Estados Unidos. Han pasado dos años y medio desde que los científicos anunciaron un gato hipoalergénico editado genéticamente, pero estos felinos aún no están disponibles al público. Se necesita más tiempo y datos para determinar si Kindred realmente ha cumplido la promesa de perros hipoalergénicos, dijeron los expertos. ¿Puede una sola edición genética evitar de manera confiable los estornudos en los humanos?

Una pregunta aún más crítica: ¿qué significa esto para los perros? ¿Nuestros esfuerzos por crear mascotas que sean más convenientes para nosotros tendrán consecuencias de salud no deseadas para ellos?

La historia no es alentadora. Desde la época victoriana, cuando los criadores de perros comenzaron a crear y codificar las razas caninas modernas, nuestra búsqueda del perro perfecto ha dado como resultado canes endogámicos, propensos a enfermedades y cargados con rasgos físicos extremos —caras súper chatas y lomos ultralargos— que comprometen su bienestar.

“Hemos generado una enorme cantidad de enfermedades hereditarias en los perros, a menudo sin querer, en la búsqueda de ciertos rasgos que nos atraen —aseguró Rowena Packer, experta en bienestar de animales de compañía del Royal Veterinary College de Londres—. Simplemente creo que tenemos una responsabilidad mucho mayor de pensar de manera más crítica sobre los perros que creamos”.
Los beagles Alfie y Bailey, editados genéticamente. | Foto: Kindred Companion Sciences / The New York Times

La evolución de la ingeniería canina

A pesar de toda la diversidad canina que hemos creado mediante la cría selectiva, un perro verdaderamente hipoalergénico sigue siendo una especie de santo grial. Los criadores han creado todo tipo de perros que mudan poco pelo y que supuestamente son hipoalergénicos (véase el labradoodle y todos sus descendientes “doodle”). Pero siguen produciendo proteínas que, secretadas a través de la piel, saliva y orina, pueden desencadenar alergias en los humanos.

La edición genética ofrece una forma “simple y elegante” de resolver el problema de raíz, dijo Matt Walker, cofundador y director ejecutivo de Kindred, que ha padecido alergia a los perros toda su vida.

Kindred comenzó con células caninas, utilizando CRISPR para desactivar un gen conocido como Can f 1, que codifica uno de los principales alérgenos caninos. Después, los científicos utilizaron una técnica básica de clonación para transferir los genomas editados de estas células a embriones de perro. Implantaron los embriones en una madre beagle sustituta que dio a luz a dos cachorros: Alfie y Bailey, que ahora tienen casi dos años.

La empresa no ha detectado ningún rastro del alérgeno en ninguno de los dos perros, y Walker, que adoptó a Bailey, no ha experimentado reacciones alergénicas. (Alfie fue adoptado por uno de los colegas de Walker.) Los perros parecen estar desarrollándose con normalidad.

“No ha habido señales de alarma ni rojas ni amarillas: hasta ahora, los animales parecen completamente sanos —dijo Walker— Este es el punto de partida de nuestro trabajo”.

De hecho, a pesar de la supuesta precisión, la edición genética puede tener consecuencias impredecibles. Podrían surgir problemas médicos más adelante en la vida de los perros o cuando la empresa comience a producir los suficientes caninos como para detectar efectos secundarios poco comunes.

O, claro, podrían resultar perfectamente sanos. Sin embargo, es demasiado pronto para saberlo y es probable que veamos más iniciativas para crear perros con genes editados en el futuro. ¿Dónde queremos trazar la línea ética?

Hace 30 años, cuando la ingeniería genética aún estaba en sus inicios, el filósofo Bernard Rollin propuso un principio ético que denominó “conservación del bienestar”, según el cual no deberíamos modificar los genomas de los animales de manera que estos quedaran “en peor situación, en términos de sufrimiento”, que los antepasados no modificados.

Ese es un punto de partida sensato; pero la vara está muy baja y no abarca todas las implicaciones éticas de la creación de perros con genes editados. Esto podría requerir el uso de animales adicionales para que sirvan como sujetos de prueba, donantes de óvulos y madres sustitutas.

“A veces nos entusiasma tanto la idea de lo que la biotecnología puede solucionar, que debemos recordar que, por lo general, utilizamos muchos animales para llegar a ese ‘producto’ final”, afirmó la doctora Lisa Moses, veterinaria y bioeticista de la Universidad de Harvard.

Los especialistas en ética también han cuestionado si debemos traer perros con genes editados a un mundo que ya tiene más perros de los que puede cuidar, especialmente cuando el objetivo no es crear un animal más sano, sino uno que satisfaga mejor nuestras necesidades humanas.

“¿Deberíamos usar biotecnología sofisticada para crear los animales que queremos, en lugar de cambiar la forma en que nos relacionamos con los animales que ya existen? —cuestionó Jessica Pierce, bioeticista del Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado—. Ese es un tema de prioridades y tal vez de las prioridades equivocadas”.

Walker lo ve de otra manera. Sus alergias le impedirían adoptar algún día un perro de un refugio, dijo; la edición genética es lo único que le ha permitido tener una relación con los perros.

“También estoy muy comprometido con aplicar este trabajo a los perros de servicio para personas con alergias —agregó—. Los barómetros éticos de las personas están configurados de manera diferente; para mí, esto se justifica por los beneficios potenciales, siempre y cuando se proteja la salud de los animales”.

Resultados iniciales y preocupaciones futuras

Los amantes de los perros pueden, de buena fe, posicionarse en bandos opuestos con respecto al cuestionamiento de Kindred. Si se va a discutir la ética de la creación de perros, coincidieron los expertos, debemos hacernos algunas preguntas difíciles no sólo sobre las nuevas herramientas de edición genética, sino también sobre nuestras prácticas de cría de larga data.

“Al fin y al cabo, ambas prácticas producen animales con fines de compañía —recalcó Alison Van Eenennaam, experta en genómica animal y biotecnología de la Universidad de California, Davis—. No es la tecnología la que genera los problemas éticos”.

Hemos causado mucho daño sin la biotecnología moderna y hay formas de utilizar la edición genética para mejorar la vida de los perros, incluso para revertir parte del daño causado por la cría selectiva, en algunos casos. En un estudio de 2022, los científicos demostraron que era técnicamente posible utilizar la edición genética para “corregir” una mutación genética asociada a problemas de cadera en los labradores.

Pero estos problemas de cadera se deben a una variedad de factores de riesgo —tanto genéticos como ambientales— y es probable que la mayoría de las afecciones de salud canina no puedan curarse editando solo un gen, según los expertos.

Es probable que mejorar el bienestar de los perros requiera una serie de enfoques complementarios. Estos incluyen revisar los estándares de las razas, abrir los grupos de cría cerrados, realizar un cribado genético generalizado y educar al público sobre los costos en materia de bienestar que implica la cría de perros con ciertos rasgos físicos.

Los expertos llevan años pidiendo estas reformas, con un éxito limitado; pero son necesarias si queremos que nuestro comportamiento se adapte a los valores que decimos defender. Al fin y al cabo, somos una sociedad tan enamorada de los perros que tenemos empresas emergentes que intentan desarrollar medicamentos para la longevidad canina, así como editar genes para que las personas puedan convivir con criaturas que, de otra manera, les provocarían urticaria.

“La vida con Bailey ha sido increíble —aseguró Walker—. Cuando la gente decía que las mascotas son parte de la familia, yo no entendía realmente lo que eso significaba. Pero ella realmente es parte de la nuestra”.

Su esposa había crecido con perros, agregó, y desde hace mucho se quejaba de sus alergias.

“Siempre decía que eso era lo único que le gustaría poder cambiar de mí”, comentó.

De hecho, a medida que la noticia de los perros hipoalergénicos de Kindred se difundió por internet este mes, un usuario de Facebook planteó precisamente esa posibilidad: “¿Por qué no se modifica a sí mismo en lugar de a los beagles?”.

Por desgracia, todavía no podemos eliminar la alergia a los perros de nuestro propio genoma; pero eso no significa que no podamos evolucionar.

Matt Walker, cofundador y director ejecutivo de la startup, con Bailey. | Foto: Kindred Companion Sciences / The New York Times

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CQ

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