Los científicos, alquimistas modernos, tienen un vínculo estrecho con la búsqueda de la longevidad, de ahí que muchos de ellos dediquen esfuerzos a descifrar los secretos de quienes viven más de 80 años de forma saludable, especialmente aquellos ocultos en sus cerebros.
Aunque es normal que la mayor parte del cuerpo experimente cambios, incluyendo el órgano central, esto no quiere decir que interfiera con tener una vida plena, si algo han dejado claro los “super ancianos” es que el paso del tiempo no es sinónimo de pérdida.
De hecho, contrario a lo que se cree, el envejecimiento no necesariamente implica problemas de memoria, como lo reflejan los cerebros de las personas con 80 años o más que conservan capacidades cognitivas similares a las de quienes tienen 30 o 20 años menos.
Cambios en el cerebro
Los estudios han encontrado que el cerebro comienza a mostrar señales de deterioro a partir de los 30 años, mismo que se acentúa en las siguientes dos décadas. La Fundación Estadounidense del Cerebro señala que el desgaste se da de forma natural en cuatro niveles: cognitivo, estructural, neuronal y químico.
En el primer caso, los cambios se ven reflejados en la memoria, la concentración y la capacidad para realizar múltiples tareas simultáneas.
En cuanto a las modificaciones estructurales, se ha detectado que, con la edad, el cerebro pierde volumen mientras las neuronas se contraen y adelgazan debido a cambios a nivel celular. Sin embargo, algo parece ocurrir en los cerebros de quienes, a pesar de su avanzada edad, pueden recordar datos con la precisión que poseían cuando tenían 30.
¿Los cerebros longevos son diferentes?
Investigadores de la Universidad de Northwestern en Chicago lo descubrieron casi por accidente. Durante la década de 1990 se realizaron pruebas de memoria en voluntarios de diferentes edades. Poco después los investigadores recibieron la autopsia cerebral post mortem de una de las participantes: una mujer de 81 años que había obtenido puntajes superiores para su edad.
Los resultados de los análisis tras su muerte revelaron que no había mostrado evidencia de deterioro funcional, como narran en el artículo científico The first 25 years of the Northwestern University SuperAging Program.
Tras años de investigación, los autores destacan: “No existe un superanciano típico”, tampoco implica que sean supergenios, pero sí que hay algunas características en común, al menos en los análisis realizados por los investigadores del Centro Mesulam de Neurología Cognitiva y Enfermedad de Alzheimer de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.
Los cerebros de los SuperAger (como se les conoce en inglés) son físicamente diferentes a los de otros cerebros. De hecho, el equipo ha descubierto que las neuronas del hipocampo de un cerebro “superanciano” son más grandes y robustas que las de personas con un nivel cognitivo promedio.
Otra de las pistas halladas durante estas investigaciones de larga data (los seguimientos llevan más de 25 años y suma 110 participantes activos además de 70 cerebros donados) es que poseen más neuronas von Economo, encargadas de la transmisión rápida de información, ubicadas en la corteza cingulada.
¿Qué protege a los cerebros de los “superancianos”?
Uno de los estudios más amplios acerca de los cerebros longevos fue publicado en The Lancet Healthy Longevity en 2023, en él se encontraron detalles clave respecto a la protección.
Anteriormente se pensaba que los super ancianos poseían menos niveles de amiloide, así como cantidades de gen APOE ε4 en sangre —ambos asociados con mayor riesgo de Alzheimer— sin embargo, las diferencias no fueron significativas al compararlas con otros grupos de adultos mayores.
En realidad la clave parece estar en que el cerebro resiste mejor a los daños que ambos factores producen.
Una de las primeras hipótesis respecto a la resistencia estaba asociada con el tamaño del cerebro, posteriormente se descartó: no es que los superancianos tengan cerebros más grandes, sino que el órgano se encoge mucho más lento, especialmente en zonas como el hipocampo (el centro de la memoria ) y el prosencéfalo basal.
A la par, la acetilcolina, neurotransmisor clave del aprendizaje y la memoria, parece operar de manera más eficiente. En general tienen propiedades funcionales que les permiten recordar más y mejor.
Los hábitos de un cerebro longevo
El estudio también reporta que los cerebros longevos parecen ser más rápidos y ágiles, lo que se asocia con la función del tálamo motor, la parte del cerebro que controla el movimiento y que, al menos en este grupo, no muestra señales significativas de desgaste.
Esto resulta positivo más allá del nivel motriz, pues la velocidad y agilidad están directamente relacionadas con un aprendizaje más rápido.
Si bien los autores notaron que los super ancianos no realizan una cantidad excepcional de ejercicio, sí parecen moverse a mayor velocidad en su día a día lo que podría implicar la liberación de una proteína que alimenta a las neuronas conocida como BDNF.
Aunque la salud física representa una gran puerta para el cuidado, el papel de la salud mental deja una huella importante en la materia gris.
Estos cerebros gozan de mayor estabilidad emocional. Corren menor riesgo de confusión mental tras sufrir eventos traumáticos. Además no se detectaron síntomas depresivos y la ansiedad se mantuvo en niveles bajos (ambos trastornos están asociados con daño a las estructuras cerebrales a largo plazo).
Por otro lado, a pesar de dormir casi las mismas horas que los adultos mayores típicos, el grupo con cerebros longevos expresaba una mejor calidad de descanso.
Entre los puntos más destacados, el estudio encontró que los superancianos tienen mucha más probabilidad de haber tenido formación musical (ya sea profesional o como aficionados) a lo largo de su vida. La práctica musical constante desde la infancia o la edad adulta temprana se asocia con un mayor volumen de materia gris en la vejez.
¿Qué acelera el envejecimiento en el cerebro?
Existen diferentes factores que contribuyen a que el cerebro se haga viejo más rápido de lo esperado, apenas en julio de este 2025 investigadores de la Universidad de Nottingham descubrieron que la pandemia de COVID-19 podría haber provocado una aceleración generalizada del envejecimiento cerebral, incluso entre quienes nunca contrajeron el virus.
Aunque se trata de un proceso inevitable, la forma en que el cerebro experimenta el paso de los años sí lo es. La Fundación Estadounidense del Cerebro recomienda, tanto controlar el estrés, como priorizar el ejercicio y/o actividad física, sin olvidar una correcta alimentación que incluya omega-3 y antioxidantes, practicar actividades cognitivas, así como el fortalecer los vínculos cercanos y realizar chequeos regulares.
Lo que concluyen estudios como Northwestern SuperAging Research Program en EE. UU. y el Proyecto Vallecas en España es que el secreto no se encuentra en el coeficiente intelectual, sino en la calidad de la arquitectura cerebral y el estilo de vida.
Los cerebros longevos cuentan con una corteza cingulada anterior, encargada de la atención y la persistencia, más gruesa, lo que parece estar asociado con su posición frente a los problemas.
El estudio de Northwestern , dirigido por la Dra. Emily Rogalski también señala que la salud cerebral parece estar ligada a una mayor apertura a nuevos retos y experiencias a través de la curiosidad, así como a encontrar un porqué en la vida.
LHM