"Si los hijos preferimos a mamá o a papá, ¿por qué ellos no pueden tener un hijo favorito?": Emiliano Villavicencio, psicólogo

Pese a ser una característica natural de las relaciones humanas, el favoritismo parental puede generar consecuencias negativas en la autoestima del hijo “menos preferido”.

El favoritismo puede afectar el autoestima del "hijo menos preferido" | Freepik
Ciudad de México /

La creencia de que “mamá y papá quieren por igual a todos sus hijos” es uno de los mitos más comunes en las familias.

Quizá es creíble para los hijos o las hijas pequeñas. Pero con el paso del tiempo esa preferencia parental se vuelve cada vez más evidente: hay un hijo con el que mamá es mucho más estricta; otro con el que papá tiene más confianza de contarle sus historias de la infancia, o uno al cual recurren más para asuntos más delicados.

El psicólogo, Emiliano Villavicencio, explicó que este comportamiento no tiene que ver con el amor que mamás y papás tienen por sus hijos o hijas. Sin embargo, siempre habrá un daño en tanto no se haga conciencia que estas preferencias son naturales en las relaciones humanas.

“De repente los hijos tenemos de favorito a papá o a mamá. ¿Por qué los padres no pueden tener una hija o un hijo preferido?”, dijo en entrevista con MILENIO.
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​Por naturaleza, el humano construye relaciones distintas incluso dentro un misma comunidad: en grupos grandes de amistades se forman duplas o “subgrupos” con mucha más conexión; en el trabajo hay personas que consideramos amigos y otras que son sólo colegas, y en la familia el vínculo de una madre con su primogénito puede ser diferente al de su tercer hijo.

El impacto emocional es indudable por donde se vea. Si la parte afectada es consciente de esta preferencia parental, puede plantearse dudas cómo “¿Por qué yo no?”, “¿Qué hice o qué no hice?”, “¿Por qué a mi no me eligen?”. Mientras que en el lado inconsciente conlleva implicaciones tales como problemas de autoestima, dificultad para adaptación social o timidez.

“No sólo sufre aquel que ‘no es elegido’, también sufre el que tiene la atención de los padres, pues esa distinción los hace sentirse diferente. Y sentirse así dentro del sistema fraternal de hermanos, nunca es sano”, señaló el especialista.

Aceptar ser “el menos favorito”

Las relaciones personales, incluyendo las familiares, construyen distintos vínculos entre sus integrantes | Cuartoscuro

Al ser una cualidad innata del ser humano, difícilmente una madre o un padre tendrá un trato igualitario con todos sus hijos o hijas. Por ello, el primer paso para afrontar los eventuales efectos (conscientes e inconscientes) es separarse de la idea que “madres y padres están obligados a no tener preferidos”.

“En la medida en que hagamos conscientes este tipo de mitos que permean y ensombrecen las relaciones al interior de la familia, estaremos en la posibilidad de comprender muchas de las decisiones que los padres toman”.

Pero hacerse consciente de esa realidad puede resultar complicado, especialmente para la parte “no favorita”. Esto porque hacer las paces también implica renunciar a ser “el o la elegida”— o ser “el o la primera” en el caso de los no primogénitos—, lo cual, a ojos de Villavicencio, toca “un tema de ego muy importante”.

“Hacer consciencia de que, a veces, ser segundo está bien y no significa que yo sea o tenga algo malo. No. Simplemente es una decisión o elección del otro, en este caso, de los padres”, señaló. “Si yo renuncio a esta idea de que ‘siempre me deben elegir’ o ‘siempre debo ser el primero’, estaré más en paz con eso”.

Asimismo, aceptar esta realidad modifica la perspectiva que podemos tener hacia los padres y las madres: “No los hacen mejores ni peores. No implica que no me quieran, no simplemente que el vínculo o la intensidad del afecto que tienen con el o la otra es mayor que la intensidad con la que me aman”.

¿Por qué los padres tienen un hijo favorito?

La preferencia parental funciona bajo las mismas dinámicas que explican el por qué tenemos amigos más favoritos que otros o— en familias numerosas— por qué algunos hermanos son confidentes, mientras otros apenas cruzan palabra.

El favoritismo está relacionado con la intensidad de afecto que los padres tienen con cada uno de sus hijos | Cuartoscuro

Villavicencio explicó que las relaciones humanas pueden ser horizontales (con ausencia de jerarquía) o verticales según la circunstancia que atraviesen. “No en todo momento los integrantes del vínculo se encuentran en las mismas condiciones para aportar o pedir a la relación”.

Esto puede observarse con las parejas.  La relación se torna vertical cuando una de las partes necesita consuelo u orientación, pues la otra adquiere ese papel de guía o de voz de la razón. En tanto, regresan a la horizontalidad cuando juegan o son “cómplices de travesuras”.

Por el contrario, las relaciones parentales son naturalmente concebidas como verticales, pues son mamá y papá quienes establecen los límites, las pautas, los castigos, entre otras cosas. Sin embargo, esta verticalidad “no necesariamente se mantiene en todo momento ni con todos los hijos”.

“Los padres pueden construir un tipo de transacción más horizontal con un hijo y con otro más vertical. De ahí viene un poco la percepción del favoritismo.
(...) Me remito a un caso particular: se ha observado que en la dinámica familiar, la relación entre los padres y los primogénitos se vuelve más horizontal a lo largo del tiempo. En tanto con el hijo pequeño, generalmente se mantiene vertical”.

ASG

  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.

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