Sentir frío es una experiencia cotidiana, pero entender exactamente cómo el cuerpo lo percibe ha sido durante años un desafío científico.
Ahora, un equipo de la Universidad de California en San Francisco logró capturar por primera vez imágenes a nivel atómico de la proteína responsable de detectar el frío en acción.
El hallazgo, publicado en la revista Nature, muestra con detalle cómo el cuerpo traduce las bajas temperaturas en señales que el cerebro puede interpretar.
La proteína que “enciende” la sensación de frío
Todo comienza con una proteína llamada TRPM8, que se encuentra en las células nerviosas. Esta actúa como una especie de interruptor biológico.
Cuando la temperatura baja, por ejemplo, al meter la mano en hielo o salir a un ambiente frío, la TRPM8 se activa. Lo hace abriéndose como una pequeña compuerta que permite enviar una señal eléctrica al cerebro, indicando que el cuerpo está expuesto al frío.
Los científicos ya sabían que esta proteína se activa por debajo de los 26 grados centígrados y que también responde al mentol, responsable de la sensación refrescante en productos como chicles o ungüentos. Sin embargo, hasta ahora no habían podido observar exactamente cómo cambiaba su estructura al activarse.
Cómo lograron “ver” el frío en tiempo real
El gran avance fue técnico. Durante años, estudiar esta proteína era complicado porque tendía a desintegrarse al ser aislada fuera de su entorno natural.
Para superar este problema, los investigadores lograron observar la TRPM8 directamente en su entorno original: la membrana de las células nerviosas. Esto les permitió verla en movimiento, mientras reaccionaba a los cambios de temperatura.
El equipo, liderado por científicos como David Julius, utilizó dos herramientas clave:
Criomicroscopía electrónica, que permite obtener imágenes detalladas de estructuras microscópicas. Espectrometría de masas (HDX-MS), que revela cómo se mueven las moléculas en tiempo real. Combinando ambas técnicas, lograron reconstruir paso a paso cómo la proteína se abre cuando la temperatura desciende.
Un hallazgo con impacto más allá del frío
El descubrimiento no solo resuelve una pregunta básica de la biología humana, también podría tener aplicaciones médicas importantes.
Comprender cómo funciona la TRPM8 podría ayudar a desarrollar tratamientos para el dolor, especialmente aquel relacionado con la sensibilidad al frío. Además, abre la puerta a estudiar otras proteínas dinámicas que hasta ahora eran difíciles de observar.
Incluso podría explicar diferencias entre especies. Por ejemplo, aunque las aves también poseen esta proteína, son mucho menos sensibles al frío que los mamíferos, una incógnita que este tipo de investigaciones podría ayudar a resolver.
En pocas palabras: lo que parecía una simple sensación es, en realidad, una compleja coreografía molecular que apenas empezamos a entender. Y sí, tu cuerpo sabe exactamente cuándo hace frío… incluso antes de que tú lo pienses.
JCM