¿Cuántas personas no crecimos escuchando de nuestros padres o madres la frase “¡Porque lo digo yo!” con una profunda sensación de injusticia y frustración de por medio?
Y aunque en su momento lo veíamos como el gran ultimátum de una conversación —o sea, sin que tuviéramos posibilidad de negociar o contraargumentar—, la psicóloga, Fernanda Cobos, no sólo afirma que su uso tiene efectos adversos, también que puede ser mucho más contraproducente en la adolescencia.
Dos formas de sustituir el “¡Porque yo lo digo!”
Claro que cada hija e hijo es un caso distinto, por lo mismo, el concepto de “disciplina” y de “educación” va a variar entre familia y familia.
Sin embargo, la experiencia de Cobos le ha permitido entender que el niño o la niña puede comprender perfectamente por qué mamá y papá le han dicho que “No”, sin necesidad de recurrir a frases ni actitudes autoritarias.
“Cuando les explicas el por qué de las cosas, tienen mucha más cooperación”, explicó en entrevista para MILENIO.
De ahí la importancia de buscar otras maneras de comunicarles nuestras razones. La psicóloga hace énfasis en dos formas:
Recurrir al pasado
Funciona mucho más si la inconformidad surge de una situación similar a otra que el niño o la niña ya había experimentado; y de la cual habría obtenido un aprendizaje.
“Poner ejemplos del pasado y recordarle cuál fue la consecuencia y cómo se inició. (...) Por ejemplo: ‘No lo toques porque te vas a quemar y acuérdate de lo que te ocurrió la vez pasada’”.
Explicar por qué deben existir las reglas
Especialmente si la situación que se atraviesa obliga a mamá y a papá a implementar nuevas normas de convivencia, y que, quizás, no logran entender.
¡Evita condicionar su comportamiento!
Otra técnica que suele aplicarse en un intento porque el niño o la niña finalmente obedezca las reglas, ya sea con condicionantes negativos (como castigos o nalgadas) o positivos (como un dulce o ir a algún lugar).
Y pese a los “resultados inmediatos” que pudiera tener, la especialista en psicología infantil destaca dos problemas con esta estrategia de crianza: la primera es “porque casi nunca se cumple lo que decimos”, lo cual resta autoridad; y la segunda, porque el niño o niña aprende que su obediencia siempre va a tener una recompensa.
“Se crea una dinámica en la que siempre su conducta está condicionada porque va a llegar con un premio”.
ASG