Casi nadie lo nota. No aparece en las estadísticas visibles ni suele diagnosticarse en una consulta común. Sin embargo, especialistas en salud mental advierten una presencia cada vez más notoria de conductas asociadas a rasgos psicopáticos en la vida cotidiana. Un fenómeno silencioso cuyo tratamiento representa uno de los mayores desafíos para la psiquiatría moderna.
Las señales son sutiles, pero constantes: insensibilidad y falta de empatía, producto de una profunda desconexión emocional con los demás, que se expresa en frialdad, cálculo y ausencia de culpa.
Un trastorno difícil de tratar
Su abordaje clínico es tan complejo que muchos psiquiatras prefieren no atender directamente a personas con psicopatía, porque hasta ellos pueden ser engañados. No se trata de una enfermedad, sino de un trastorno de la personalidad incurable.
“Se ha observado un aumento en las conductas asociadas a este trastorno, que es el más difícil de tratar. Son personas que incluso pueden utilizar a los especialistas si no se tiene la capacidad de identificarlo; en muchos casos solo buscan ayuda profesional para obtener algún beneficio, como eximirse de responsabilidades legales o sociales”, afirma el médico Alejandro Cruz Rosas.
Manipulación como rasgo central
El director del Hospital Psiquiátrico de Tampico explica que se trata de personas inteligentes, con tendencia a manipular, chantajear o invisibilizar a otros para obtener beneficios. A diferencia del sociópata, que suele ser más impulsivo y explosivo cuando las cosas se le salen de control, el psicópata actúa de forma fría, planificada y organizada.
Ambos perfiles suelen confundirse, pero el sociópata generalmente arrastra una historia de experiencias traumáticas que influyen en el desarrollo de su personalidad, a veces asociadas a alteraciones en la estructura cerebral. En la psicopatía, en cambio, no se identifican esos antecedentes y se lleva una vida aparentemente “normal”, aunque carecen de vínculos emocionales genuinos, incluso con su entorno familiar.
“Puede asomar algo muy tenue, muy velado, pero siempre a cambio de un beneficio. En general no existe amor, cariño ni empatía, ni siquiera hacia padres, hijos, hermanos o pareja, y no les importa causarles daño para lograr sus fines. Son egocéntricos, con rasgos narcisistas; su prioridad son ellos y nada más”.
Un riesgo para otras personas
Los dos se consideran trastornos graves porque implican rasgos de conducta que pueden poner en riesgo la integridad de otras personas. La psicopatía se presenta con mayor frecuencia en hombres y, en los casos de violencia asociada, las principales víctimas son mujeres.
Cruz Rosas apunta que entre los factores que influyen desde la niñez y la adolescencia se encuentran la ausencia de valores, la falta de límites y de responsabilidad —tanto social como familiar— y la flexibilidad en muchos aspectos de la vida cotidiana.
“Desde la infancia pueden observarse ciertos rasgos que hacen sospechar que en la etapa adulta se desarrollará este trastorno. Entre ellos se encuentran conductas de crueldad hacia animales, interés recurrente por el fuego y episodios de enuresis nocturna (orinar la cama) asociados a altos niveles de ansiedad”.
Diagnóstico y formación familiar
De acuerdo con los manuales de psiquiatría, este tipo de trastornos solo pueden diagnosticarse a partir de los 18 años; sin embargo, cuando desde la infancia se observan rasgos asociados a la psicopatía, el acompañamiento familiar y la manera en que se forma y educa resultan determinantes.
Alejandro Cruz agrega que es fundamental evitar el envío de mensajes contradictorios a los hijos, como prohibirles el consumo de drogas mientras los adultos las usan, o exigirles conductas que ellos mismos no practican. La congruencia y la educación con el ejemplo resultan clave en la crianza.
El especialista añade que, ya en la edad adulta, se trata de personas vengativas, con una visión extrema de las relaciones —amigo o enemigo—. Su tratamiento se basa en psicoterapia y en un manejo integral de fármacos que no resuelven el problema de fondo, pero ayudan a modular el comportamiento, aunque en la mayoría de los casos las personas no identifican ni comprenden lo que les ocurre.
Mitos sobre la psicopatía
“Existe la idea de que los asesinos son psicópatas, pero es un mito que debe desmitificarse; cualquier persona puede presentar este trastorno y no todos los psicópatas son asesinos. A veces pasan desapercibidos y pueden estar integrados en la familia y en distintos ámbitos de la vida social, laboral, empresarial, deportiva, cultural o política, incluso presentándose como personas brillantes o figuras aspiracionales”.
Dado su perfil, algunos tienden a cometer fraudes y a ejercer violencia contra mujeres de manera pasivo-agresiva, a través de actitudes de indiferencia e invisibilización destinadas a generar daño emocional. La agresión puede ser tan sutil que la víctima llega a dudar de su existencia y, en muchos casos, termina por normalizarla.
Crisis de empatía en la sociedad
Los psicólogos también observan un aumento de rasgos asociados a la psicopatía, pero, sobre todo, advierten una “crisis de empatía social”, derivada de modelos de crianza y educación “cada vez más insensibles, indiferentes, individualistas y egoístas”.
Así lo considera Gabriel Rubio Badillo, psicoterapeuta, quien define la psicopatía como una conducta perturbada que parte de una personalidad que ignora las reglas sociales y se conduce de forma egoísta y, en ocasiones, violenta, buscando solo el beneficio personal. “Se relaciona con los demás, sí, pero de una forma parasitaria y explotadora”.
Factores sociales que influyen
El director de Grupomn Freedom, un organismo no gubernamental dedicado a la promoción del crecimiento personal, señala que en el desarrollo de rasgos psicopáticos influyen el deterioro del tejido social, la disolución matrimonial, el abandono de la figura materna o paterna, así como la exposición de los niños a contenidos extremadamente violentos a través de un acceso descontrolado a las redes sociales.
“Este tipo de experiencias termina por normalizarse y los niños crecen con alteraciones graves en la manera de percibir el mundo y la realidad, todo por el descuido y la falta de supervisión de los padres”.
Reeducación emocional como prevención
Sobre la posibilidad de prevenir el desarrollo de rasgos psicopáticos, estima que ello sería viable mediante un proceso de reeducación emocional desde la escuela, que incluya una formación más humanista, habilidades emocionales, la recuperación de las clases de civismo e integración social, así como la implementación de programas comunitarios, como escuelas para padres.
Rubio Badillo estima que el sistema de salud mental sí tiene capacidad para atender casos de psicopatía; lo que no existe, subraya, es voluntad política. “Hay indiferencia y desvío de recursos, pagamos una enormidad en impuestos y nuestro sistema de salud está gravemente deteriorado. Si no se atienden enfermedades visibles y medibles como el cáncer, menos la salud mental”.
Responsabilidad del Estado
El Estado, añade, tiene la obligación constitucional de garantizar el acceso a una educación orientada al desarrollo de una personalidad armónica, que abarque todas las dimensiones del individuo, no solo la formación académica, sino también humanista y emocional.
“Cuando el problema se individualiza y no se socializa, emerge una narrativa que pretende justificarlo. Se tratan como fenómenos aislados y no como lo que realmente son, un problema social grave. El rompimiento del tejido social, la falta de oportunidades, la ausencia de instituciones dedicadas a la prevención, educación y atención del manejo emocional, sumadas al deterioro de la familia, conforman un caldo de cultivo que impide dimensionar la magnitud del fenómeno”.
El psicólogo Gabriel Rubio reitera que es un problema social que se ha salido de control, tanto para las familias como para el propio Estado.
Rasgos desde edades tempranas
Los rasgos de psicopatía pueden manifestarse desde edades muy tempranas, incluso en preescolar y primaria, afirma Nicolasa Niño Díaz, quien cuenta con 26 años de experiencia en el ámbito educativo y es presidenta de la agrupación Granito de Arena.
“Se informa a los padres de familia cuando detectamos conductas que no son comunes en un niño. Hace años observé la insensibilidad de mutilar una lagartija poco a poco”. Considera que no es normal que un menor, sin antecedentes evidentes de daño emocional, muestre placer al provocar dolor o sufrimiento a un ser vivo indefenso.
Focos rojos en el aula
También se observa una ausencia de empatía hacia los compañeros de clase y conductas que escalan al bullying contra los más débiles, algo que ella define como una génesis del delito, al reproducir desde edades tempranas la relación entre víctima y agresor.
“O ven a un niño triste y se muestran insensibles, o felices de ver a otro sufriendo; es un foco rojo que informamos a los padres de familia y a la comunidad docente para que se atienda por parte de un especialista en salud mental”, refiere Niño Díaz.
Conductas de manipulación infantil
Existen también, añade, rasgos de manipulación hacia los padres o hacia otros compañeros en el aula. Por ejemplo, una niña le decía a otra que, si Santa Claus no le traía la muñeca que quería y a su compañera sí, dejaría de ser su amiga. “Puede parecer algo inocente, pero a los seis o siete años es un rasgo que, si no se atiende, puede prevalecer con el paso del tiempo”.
Muchos de estos casos, añade, se derivan de la ruptura del vínculo familiar, ya sea por un divorcio o un duelo, tanto por la pérdida de un ser querido como de una mascota, situaciones que se ven reflejadas en la conducta escolar.
“Vemos que estos rasgos se manifiestan incluso desde el jardín de niños y la primaria.”
Pero no todo son buenas noticias. Hacen falta medicamentos psiquiátricos y sus costos en farmacias particulares son elevados e inaccesibles para muchos pacientes. Esto complica que los niños con algún trastorno reciban el tratamiento necesario para rendir adecuadamente en el salón de clases.
JETL