Por su propia búsqueda de identidad, las y los adolescentes suelen acercarse a sus amigos antes que a la familia para pedir consejos, comparar experiencias y ser escuchados. Pero aún con esa red de apoyo, es difícil que los jóvenes varones —mucho más que las mujeres —busquen apoyo en temas relacionados con su salud mental; lo cual, en término de crianza, lleva a mamás y papás a preguntarse: ¿Por qué mi adolescente no confía en mí?
Ante ello, el psicólogo, Emiliano Villavicencio, recomienda “vigilar a la distancia” para detectar cuándo y cómo intervenir sin que el joven lo perciba como una invasión a su privacidad. Sin embargo, cuando las cifras indican que la población masculina es más propensa al suicidio, detectar qué les impide pedir ayuda se vuelve una herramienta fundamental para evitar llegar a problemas más graves.
Rechazo al apoyo mental: un hecho multifactorial
“Fomentar la búsqueda de ayuda en las primeras etapas de las dificultades mentales puede garantizar su tratamiento antes de llegar a problemas más serios, como la depresión severa”, señala un artículo del American Journal of Men’s Health.
En la revisión de diversas investigaciones, liderada por Ayesha Sheikh, se identificó que los jóvenes adolescentes enfrentan diversos obstáculos en su búsqueda por ayuda emocional y psicológica. Entre ellos: impacto de las normas sociales, juicios propios y falta de disponibilidad de información sobre salud mental.
Las normas sociales
Dentro de las Normas Sociales Masculinas (NSM) —nociones estereotipadas (tanto positivas como negativas) que la sociedad impone sobre las masculinidades —se ha considerado que los problemas mentales son una “debilidad” para los hombres.
Es por ello que los adolescentes sienten vergüenza al buscar apoyo emocional y psicológico por sentir “como si contradijeran las nociones tradicionales de masculinidad”, además de considerar que deberían ser lo suficientemente fuertes y capaces para resolver sus dilemas sin ayuda profesional.
“La búsqueda de ayuda puede ser percibida por los hombres jóvenes como un comportamiento débil y, en consecuencia, algo que se debe evitar”, señala el estudio
El autoestigma
Las NSM están estrechamente relacionadas con el autoestigma, es decir, la creencia de que uno es inadecuado o débil si quiere buscar ayuda profesional.
“Los adolescentes pueden percibir la búsqueda de ayuda como un fracaso personal, ya que no han podido resolver el problema por sí mismos”.
Por ende, entre más se apeguen a las Normas Sociales, mayor será el rechazo a la búsqueda de apoyo y con ello, también generan conductas de evitación; “lo cual puede ayudar a explicar la comorbilidad de los trastornos por abuso de sustancias en este grupo de edad”.
Educación insuficiente sobre la salud mental
En uno de los estudios se sugirió que la información sobre las causas o el tratamiento sería escasa entre esta población, luego de que un grupo de jóvenes encuestados afirmara que la salud mental “es una discapacidad de la cual no se puede recuperar”. Otra investigación identificó que sus participantes desconocían que la ansiedad era una afección con tratamiento, así como la eficacia de éste.
De igual manera, reportaron desconocimiento sobre dónde buscar ayuda y temor a que requirieran medicación; a tal punto de considerar a los trastornos mentales como “problemas secretos”, “preocupaciones ocultas” o “algo que pueden ocultar a los demás”.
Incluso, algunos jóvenes afirmaron rechazar el apoyo de sus padres y maestros por considerar que también carecían de conocimientos sobre los trastornos de salud mental.
¿Cómo buscan ayuda los adolescentes?
Varios de los estudios revisados identificaron que los jóvenes varones recurren a sus amistades antes que sus familiares debido a la cercanía, la edad, el ambiente compartido y la facilidad de acceder a ese “apoyo informal”.
“En los amigos puede encontrar la respuesta de qué le está ocurriendo a él y quién es él. ¿Y por qué lo va a encontrar con los amigos? Sencillo, porque ellos están pasando por lo mismo, entonces por eso se aleja de los padres”, explicó Villavicencio a MILENIO.
Pero aunque esta alternativa parecía ser “más accesible y familiar”, todavía sentían temor al estigma que pudieran tener sus amigos, padres, madres o cualquier otro cercano, “ya que no estaban seguros de recibir un apoyo adecuado y sin prejuicios”. Especialmente porque no podían mantener el anonimato como, quizá, sí lo garantizan las plataformas sociales o vlogs.
Y si bien los estudios tuvieron porcentajes de adolescentes que recurrieron a la ayuda profesional —en su mayoría como último recurso —, otra parte importante estaban escépticos de la ayuda profesional por diversas razones principales:
- No creían que pudieran ayudarlos realmente con sus problemas.
- Dudaban de poder confiar en las y los profesionales.
- Había preocupación por cómo los profesionales responderían a diferentes identidades.
ASG