En cuestión de horas, el informe epidemiológico reportó 325 casos confirmados adicionales de sarampión, con lo que el acumulado nacional alcanzó 11 mil 266 contagios, confirmando transmisión activa y sostenida en 2026.
El brote mantiene además casi 29 mil 665 casos probables en estudio y 32 defunciones durante el periodo 2025 a 2026.
La carga de la enfermedad continúa concentrándose en Chihuahua, que se mantiene como epicentro histórico con 4 mil 513 casos confirmados, básicamente del 2025; seguido por Jalisco con 3 mil 326, Chiapas con 640, Ciudad de México con 350, Michoacán con 341 y Guerrero con 314.
También destacan Sinaloa con 275, Sonora con 193 y Durango con 115, entidades que sostienen cadenas activas y configuran el mapa actual de transmisión sostenida.
Las 32 defunciones se distribuyen en nueve estados.
Chihuahua concentra 21 fallecimientos, Jalisco tres y Durango dos, mientras Sonora, Michoacán, Tlaxcala, Ciudad de México, Chiapas y Guerrero registran una muerte cada uno.
Con esta cifra, la letalidad nacional ronda 0.28 por ciento, baja en términos porcentuales, pero relevante por su dispersión territorial y por la aparición de eventos graves fuera del foco inicial del norte.
El análisis confirma que en Chihuahua el sarampión se desacelera tras la explosión inicial de 2025, mientras Jalisco se convirtió en el principal motor del crecimiento en 2026.
A la par, Ciudad de México y Chiapas consolidan un corredor de circulación viral urbana, y Guerrero se incorpora al mapa de gravedad tras la confirmación de mortalidad.
El volumen de casos probables, casi 30 mil, se convirtió en el principal indicador de la velocidad real del brote.
Los sospechosos se concentran en las mismas entidades con mayor transmisión confirmada, especialmente Jalisco, Chihuahua, Chiapas y Ciudad de México, donde la vigilancia epidemiológica detecta cuadros compatibles en proceso de confirmación por laboratorio.
El crecimiento de sospechosos también se observa en Guerrero, Michoacán y Durango, estados donde la expansión es más reciente y donde el aumento de casos en estudio suele anticipar incrementos en los confirmados.
En zonas urbanas y periurbanas predominan cadenas comunitarias, mientras que en comunidades con rezago vacunal se identifican agrupamientos familiares y escolares.
Este comportamiento describe un brote más disperso que concentrado.
La curva epidémica muestra una segunda etapa ascendente, menos abrupta que la de 2025, pero sostenida, con presencia de casos en cientos de municipios del país, señal de transmisión comunitaria extendida.
El perfil por edad se mantiene sin cambios. La mayor carga corresponde a niñas y niños de uno a cuatro años, seguidos por el grupo de cinco a nueve años y adultos jóvenes entre 25 y 29 años. La incidencia más alta continúa en menores de un año, el grupo más vulnerable por no contar con esquema completo y por su mayor riesgo de complicaciones.
Más de la mitad de los contagios se registraron en 2025 y el resto en lo que va de 2026, lo que confirma que el brote evolucionó hacia una etapa de expansión territorial. El aumento de confirmados en pocos días, la permanencia de decenas de miles de sospechosos y la dispersión de la mortalidad reflejan el momento epidemiológico actual.
CHZ