La luz también se puede utilizar como medicina y, a diferencia de ciertos remedios milagro, tiene un respaldo científico. La fotobiomodulación, mejor conocida como luz roja o terapia de luz de baja intensidad se ha convertido en una tendencia de nicho con diferentes beneficios entre ellos, la reducción de arrugas y acné.
Aunque comenzó utilizándose en los laboratorios de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) para tratar de acelerar el crecimiento de las plantas los estudios detectaron su potencial para convertirse en una terapia no invasiva y accesible. Gracias a ello, hoy se estudian sus efectos sobre el dolor, el crecimiento capilar y la cicatrización de heridas.
¿Cómo funciona la terapia con luz roja?
Este tratamiento utiliza bajos niveles de luz roja para actuar sobre las células y los sistemas del cuerpo. Sus primeras aplicaciones estuvieron centradas en reducir las señales de envejecimiento de la piel. Nadie esperaba que pudiera brindar otras ventajas.
Los estudios más recientes han confirmado que la terapia actúa sobre las células estimulando su energía y ayudando a regular defensas. Esto ayuda a aliviar diversos síntomas y acelerar la reparación de tejidos dañados, inflamados o bajo estrés.
La lógica de uso es simple y obedece a las características de la luz: cuanto más corta es la longitud de onda, más potente es, mientras más larga el efecto es más tenue.
Dependiendo de estas condiciones puede reducir arrugas, fomentar la cicatrización de heridas o bien, tener aplicaciones musculares y articulares, así como en beneficios sobre enfermedades cerebrales y neurológicas y problemas de la vista.
Algunos salones y spas ofrecen este tipo de servicio utilizando camas, gorras, mascarillas y paneles de luces LED o láseres de baja energía. Hoy en día también es posible adquirir aparatos para aplicar la terapia en casa, la frecuencia y el tipo de dispositivo a usar dependen del objetivo y zona a tratar, como destaca un artículo de UCLA Health.
Luz roja y sus efectos en la piel
Actualmente los dermatólogos ofrecen este tipo de servicio para reducir manchas oscuras, líneas finas, arrugas y piel flácida. Los estudios avalan su aplicación debido a que la luz roja penetra en la piel a poca profundidad estimulando la activación celular. De acuerdo con Cleveland Clinic, esto ayuda a:
- Estimular la producción de colágeno y fibroblastos, lo que brinda a la piel estructura, fuerza y flexibilidad
- Aumentar la circulación sanguínea
- Reducir la inflamación celular
Los efectos también favorecen a las personas con acné, según las investigaciones, la luz roja parece disminuir la secreción de grasa cutánea y mejorar las lesiones sin efectos adversos.
Crecimiento del cabello
Además de rejuvenecer y renovar la piel, la luz roja también estimula el crecimiento de los folículos pilosos al provocar vasodilatación, una reacción similar a la que producen medicamentos centrados en el tratamiento de la pérdida de cabello, como el minoxidil.
A pesar de que es una gran noticia para quienes buscan frenar una alopecia prematura, las personas con calvicie avanzada no son candidatas debido a que la luz no estimula el crecimiento en folículos muertos.
Luz roja, útil, mas no milagrosa
Los científicos han detectado resultados bastante positivos con la aplicación de esta terapia y se encuentran explorando otros posibles beneficios. Un estudio de 2021 concluyó que seis minutos diarios de luz roja (durante ocho semanas) mejoraron las funciones cognitivas de personas con demencia.
En teoría la luz roja también podría utilizarse para estimular la curación muscular y tisular lo que es útil tanto para el rendimiento deportivo como para reducir el dolor y la inflamación en diferentes partes del cuerpo.
Otra de sus posibles aplicaciones es en la cicatrización de la piel y los tejidos pues algunos estudios han detectado que acelera el proceso, sin embargo, la duración y la frecuencia del tratamiento aún no están claras.
Si bien en todos estos casos se han observado buenos resultados, la terapia tiene sus limitaciones, además, las conclusiones siguen siendo contradictorias ya que, a pesar de que se han registrado casos de éxito, también se han documentado mejoras mínimas.
Un análisis realizado por Zakia Rahman, profesora clínica de dermatología para Stanford Medicine concluye que los efectos muchas veces dependen de la intensidad y la duración del tratamiento.
LHM