El miedo a convivir con covid-19: así luchan desde el hospital contra el virus

Trabajadores sociales, afanadores, camilleros y laboratoristas se enfrentan todos los días con el miedo a convivir con el covid-19, el virus que ha dejado miles de muertos en el mundo.

Daniela, Elia, José César y Juan Carlos han experimentado el temor al covid-19 / Óscar Ávila

Gustavo Pacheco

Daniela tiene miedo de enfermar a sus padres y a su hijo; Juan Carlos se contagió de covid-19 cuando viajaba en el transporte público; a José César se le murió su tía por la enfermedad que ha provocado miles de fallecimientos en todo el mundo; Elia perdió a una persona muy cercana por el mismo padecimiento. Todos ellos tienen algo en común: trabajan en el Hospital Juárez de México, un hospital que atiende a pacientes con covid.

Los pasillos del hospital Juárez lucen vacíos. Los policías en la entrada dan indicaciones y vigilan que los protocolos de salud se lleven a cabo conforme las autoridades lo han indicado durante el tiempo que ha durado la pandemia en el país. El personal administrativo auxilia a los pacientes que tengan previa cita y les indica a que sitio debe acudir; sin embargo, en ese lugar de pasillos iluminados se lucha una batalla de vida o muerte en el área covid

Trabajadores sociales, afanadores, camilleros y laboratoristas se enfrentan todos los días con el miedo a convivir con el covid-19, el virus que ha dejado miles de muertos en el mundo y que aún no tiene cura.

Una de ellas es Elia Cerón, encargada de coordinar al personal de Trabajo Social del hospital Juárez, y quien ha tenido que enfrentar el estrés, el miedo y la ansiedad de trabajar en un área covid.

Con voz resquebrajada, Elia, trabajadora social del hospital Juárez, recuerda a sus familiares: a su hija, a sus padres, con quienes convive y a quienes tiene miedo de contagiar al trabajar en un nosocomio que se convirtió en hospital covid.

"Sí, he tenido miedo a contagiarme, principalmente porque uno piensa en la familia. Tengo una hija pequeña, pienso en mis papás, entonces pues sí esa parte me pega un poco, pero estamos aquí y tenemos que salir adelante", cuenta la coordinadora de Trabajo Social.

Alma Daniela Soto es afanadora del hospital Juárez. Con guantes, goggles, mascarilla y cubrebocas N95 limpia las áreas covid, su trabajo no es sencillo: con más cloro del que normalmente tenían indicado friega los pasillos, las paredes, elevadores y algunas otras zonas del nosocomio.

"Usamos jabón para realizar limpieza dentro de una sala, se hace en dos tiempos, primero se trapea con agua con jabón para hacer la desinfección y después viene la cloración que es el agua con cloro y se vuelve a limpiar toda la sala para que quede limpia sobre esto del covid", comenta.

Al igual que Elia, Daniela tiene miedo de llegar a contagiarse en el hospital, ser asintomática, llegar a su casa y sin darse cuenta, contagiar a sus padres que son mayores de 60 años, una de las poblaciones más vulnerables, pues tienen mayor riesgo de presentar síntomas graves de covid-19, o a su hijo pequeño.

"Me da mucho miedo llegar a contagiarme aquí y el proceso de llegar a mi casa y no saber si tengo síntomas o eres asintomático, me da mucho miedo eso de verdad es muy difícil. Mi mamá, mis papás son ya mayores de 60 años, tengo miedo de que yo puedo sentirme muy bien y qué tal si en algún momento, yo puedo ser quien contagia a mi familia eso es algo muy difícil y me da miedo".

"Ingresaban muchos pacientes y así como ingresaban no duraban mucho"

El SARS-CoV-2 llegó al país para quedarse. A finales del año pasado, las autoridades chinas confirmaron el hallazgo de un nuevo virus que ya había dejado varias personas muertas en su país: el coronavirus, un virus que mutó de un murciélago a otro animal y luego a un ser humano. 

De China llegó a Japón, pasó a Tailandia y de ahí a otros países como Italia y España para luego alojarse en México. El virus había llegado y al principio, los casos empezaron a aumentar poco a poco.

José César Carrillo es camillero del hospital Juárez y recuerda que en ese momento la gente estaba temerosa porque en realidad no se sabía cómo era el virus y cómo se podía portar, algo similar a lo que sucedió con la influenza y el VIH, en la época de los 80.

"No creía que llegara de este lado. Tenía temor a infectarme porque, como dicen, era parejo, para todos era riesgoso infectarnos y daba nervios, ¿no?, como 'ay qué onda'. Era lo que más me preocupaba", cuenta el camillero.

Cuando llegó el SARS-CoV-2 al hospital Juárez, los servicios tuvieron que reorganizarse y algunas áreas reconvertirse a zonas covid, entre ellas los laboratorios, uno de los lugares primordiales en donde pueden hacer la detección oportuna por medio de pruebas de PCR.

Juan Carlos Bravata es uno de los laboratoristas que ha dedicado gran parte de su vida y sus estudios a trabajar en el hospital Juárez. Conforme avanzaba la pandemia, veía cómo incrementaba el número de pruebas que tenía que realizar siempre con sumo cuidado para que los médicos tomarán las medidas necesarias.

"Para nosotros sí fue un poquito angustiante por el hecho de que seguimos teniendo el compromiso de dar un resultado oportuno, entonces nosotros en ese aspecto era mentalizarnos de que no podíamos salir de esa cabina en un tiempo bastante largo, a veces de cuatro o cinco horas, procesábamos una cantidad y luego nos llegaban otros y ‘luego, luego’ procesarlas también".

En el hospital Juárez, el tiempo no existe, los segundos se convierten en minutos y los minutos en horas. El trabajo sigue para ellos y hasta que menos lo notan termina su jornada laboral. El personal de salud ha tenido que cambiar sus rutinas y sus modos de vivir: deshidratación y hambre son algunos de los problemas a los que ahora se enfrentan día con día. 

Los cambios se hicieron notar en el hospital. La reconversión, como los trabajadores llaman a la transformación del nosocomio para atender pacientes con covid, trajo consigo desde el uso de aditamentos especiales como goggles, guantes, limpiadores, hasta la distribución del personal o el aumento de pacientes hospitalizados.

"Aquí, más que nada, lo veía porque ingresaban muchos pacientes, y así como ingresaban no duraban mucho porque andaban muy complicados o muy malos, y ahora sí que, así como ingresaban se iban. Y ahí veía todo el movimiento, que ahora sí se veía que no era cualquier cosa y que estaba pesada la situación", cuenta José César.

La muerte de un ser querido y el contagio

En el país se han superado las 50 mil muertes por covid-19, una de las cifras más altas comparadas con otros países de Latinoamérica, lo que ha provocado el desgrado y descontento de muchas personas. El personal de salud no se ha quedado excento en estas cifras y hasta el mes pasado había 683 muertes por covid.

El temor al contagio y el pasarlo a sus familiares está presente en cada uno del personal de salud; sin embargo, ha muchos otros les ha ocurrido que algún pariente o amigo cercano fallece debido a enfermedad que hasta el día de hoy no tiene cura.

José César y Elia enfrentaron la muerte de un familiar cercano por el covid-19. La tía de José César falleció por la enfermedad que ha provocado que miles de científicos en el mundo desarrollen en tiempo record una vacuna. Por su parte, uno de los momentos más complicados para Elia fue la muerte muy cercana de un familiar con covid.

Para Juan Carlos el desenlace no fue tan desafortunado. El laboratorista se contagió de covid-19 mientras viajaba en el transporte público, lo que implicó más estrés por la carga de trabajo que iba a dejar en el hospital y en el laboratorio.

"Desafortunadamente en el transporte público lo pesqué, o sea, yo ya tuve el SARS-CoV-2. La misma angustia que uno tiene de saber cómo va uno a responder a este tipo de situaciones, hablando a nivel de tu familia y a nivel de tu misma salud", comentó.
Juan Carlos Bravata, laboratorista del hospital Juárez de México

El laboratorista cuenta que tomó debidamente a tiempo las medidas de distanciamiento con su familia desde el momento en el que empezó a sentir los primeros síntomas: comer en su cuarto, no estar junto a su familia.

"Mi familia pues evidentemente sí sintió el estrés y la angustia por el hecho de todo lo que se sabe, de lo que ha pasado con otro tipo de pacientes donde han llegado a un desenlace desafortunado".

"Extraño salir de viaje, salir algún lugar con mi familia"

La pandemia por coronavirus no ha llegado a su fin, los casos siguen en aumento y los semáforos en todo el país se mantienen en naranja y rojo, una medida del gobierno federal para entrar paulatinamente a la nueva normalidad, por lo que el personal de salud cada día está más desgastado. 

José César extraña que todo sea normal, que pueda ir a los centros comerciales, a pasear con su familia; Daniela piensa que cuando todo esto termine lo primero que hará es dar gracias de que esto ya se está controlando, también desea convivir más con su familia, con sus compañeros, "eso es lo que voy a hacer tratar de convivir más con ellos".

Elia piensa igual. Quiere que cuando todo esto termine pueda estar más en contacto con su familia, dedicarle más de tiempo y laboralmente acercarse de otra manera  a sus compañeros, a su equipo de trabajo.

"Extraño, pues el salir de viaje, el salir a lo mejor a comer a algún lugar, en estar más en comunicación con la familia como antes lo hacíamos ,a lo mejor cada fin de semana. Esa parte la extraño bastante", cuenta Elia.

"Piensen en nosotros, también queremos estar con nuestras familias"

La movilidad en algunos estados del país ha aumentado conforme se relajan las medidas de confinamiento. La gente sale sin cubrebocas ni alguna otra protección que pueda ayudarlos a evitar el contagio por el virus. 

Las filas en los centros comerciales son largas, hay niños y personas de la tercera edad formados. Jóvenes salen a las playas a divertirse a pesar de que pueden ser el centro de contagio para algunas personas vulnerables como diabéticos, hipertensos, obesos, entre otros.

"Ahorita están bien, pero al rato no saben qué puede pasar y pues traten de cuidarse mínimo, si salen, que tengan medidas de protección pero que eviten sacar a los niños y a la gente mayor. A lo mejor, a uno como joven, se nos hace fácil pero a ellos no, como dicen en la tele: 'cuidándote tú nos cuidas a todos', pero no lo hacen", dice Daniela, quien ha tenido que tomar medidas más exigentes al hacer  su trabajo

El personal de salud está desgastado, los horarios son intensos para algunos, con pocas horas para dormir y descansar. El estrés, la ansiedad y la depresión hacen estragos en cada uno de ellos.

"Quiero decirle que, algunos de nuestros compañeros ya están muy cansados, ya están muy desgastados, muy estresados; entonces, que piensen en nosotros, también queremos estar con la familia, también queremos dedicarles tiempo, y si ellos hacen esta situación de estar saliendo por cosas que no son necesarias, pues sí, esto cada vez va a incrementar más y nunca vamos a acabar", cuenta Elia.

La batalla contra el covid-19 aún no termina y tampoco parece hacerlo en los próximos meses. Trabajadores sociales, enfermeras, médicos, laboratoristas, afanadoras, vigilantes, cocineros, lavanderos, inhaloterapeutas, todos ellos seguirán luchando contra un enemigo silencioso, microoscópico y muy letal, que ha provocado contagios, muertes y hasta avances científicos. 

bgpa

NOTAS MÁS VISTAS