Hay trabajos a los que entramos con ojos de encanto y motivación, quizá porque es nuestra empresa soñada; porque superamos el riguroso proceso de contratación, o por ser una nueva oportunidad para crecer profesionalmente. Algo equiparable a la fase de luna de miel del enamoramiento.
Y así como sucede en el amor, la emoción del nuevo empleo puede disminuir con el paso del tiempo y la rutina, a tal punto de situarnos en una (muy) delgada línea entre la costumbre y el hartazgo. En entrevista con MILENIO, Alejandra Ortigoza, psicóloga, propone cuatro puntos clave para identificar cuando el empleo ya no nos hace felices.
1. Trabajas en automático
Es decir, acudir con la única finalidad y motivación de cumplir porque “ya no hay algo que realmente te motive para seguir trabajando”.
Ortigoza explica que una de las expresiones que más se escuchan cuando la persona ha llegado a este nivel es la famosa: “Yo nada más voy a que me paguen”. Sin embargo, destacó, hay casos donde ni el salario es motivo suficiente para seguir presentándose a la oficina.
2. Aislamiento del ambiente laboral
Cuando una persona siente infelicidad, molestia e incluso tristeza en un lugar, la reacción más sana —y a veces natural —es apartarse de él o estar el menor tiempo posible. Incluso si logró establecer vínculos significativos.
Por ello, la segunda señal es el aislamiento de la o el trabajador del ambiente en el que se desenvuelve, sin importar si tiene una buena relación con el jefe; el chico de la cafetería, o los colegas de escritorio. Asimismo, Ortigoza explicó que esto viene acompañada de un semblante enojado, triste o desganado.
“Si poco a poco empezó a cambiar mi estado de ánimo (...) y pensamos: ‘Ni aunque vea a mis compañeros que me caen bien ni aunque al rato vaya a hacer lo que quiero… me siento muy mal de estar ahí’. Si esa sensación te gana, si hay ese desequilibrio, entonces es cuando ya no es saludable”.
Para algunas personas, el trabajo es uno de los principales círculos de convivencia e identidad. De ahí que, según diversas investigaciones, la sensación de aislamiento trae afectaciones a la persona y dentro del trabajo, tales como:
- Agotamiento emocional
- Insatisfacción con la vida y un menor sentido de propósito
- Reducción de emociones positivas
- Experiencias emocionales negativas
- Disminuye el rendimiento laboral: menos compromiso, se desatienden de sus funciones, invierten menos energía y reducen su contribución a los resultados de la organización.
- Deterioro de las funciones cognitivas: disminuye la concentración y atención.
3. No sientes gusto por lo que haces
Ninguna persona está exenta a decepcionarse de un trabajo ya sea porque no cumplió con las expectativas; por un ambiente laboral hostil; los continuos conflictos, o las pocas oportunidades para crecer como profesionista.
Pero cuando el entusiasmo es superior a la decepción, estas debilidades llegan a ser “soportables” e incluso pasan desapercibidas. El asunto es cuando se rompe ese equilibrio y la persona ya no encuentra ninguna motivación, ni siquiera en las tareas que más le apasionaban.
“Cuando estamos en uno que sí nos gusta, pero, por ejemplo, tengo un conflicto con alguien, aún así me siento bien con lo que hago y con lo que me desempeño. Pero si de pronto ni el conflicto ni las tareas que realizo ni encuentro un propósito o un sentido, ahí habría que tomar una decisión diferente”, dijo la especialista.
ASG