• Tocamientos, piropos, persecuciones y amenazas: acoso callejero, la violencia que se normaliza entre el vacío legal

  • Constituye una forma de violencia de género que durante décadas fue minimizada socialmente bajo discursos que lo presentaban como “piropos” o “halagos”.
Josefina Ruiz
Guadalajara /

M+.- A los 17 años, Ana sólo quería llegar a la preparatoria y celebrar su cumpleaños, pero ese trayecto cotidiano terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más dolorosos de su vida.

Días antes, comenzó a notar a un vecino que aparecía constantemente cuando regresaba de la escuela.

Los encuentros parecían casuales: a la misma hora y en las mismas calles.

Durante una semana él se limitó a saludarla, pero la frecuencia comenzó a incomodarla. No estaba equivocada.

Esa mañana, el ambiente fue distinto. Antes de salir de casa alcanzó a verlo observándola desde un parque cercano.

Ella decidió continuar su camino rumbo a la parada del camión. De repente, él se acercó por detrás.

“Se espera a que yo esté de espaldas para pasar a un lado de mí y meter su mano debajo de mi vestido, diciéndome cosas obscenas”.

La calle estaba vacía. No había nadie que pudiera ayudarla. Corrió y subió al camión en estado de shock.

Al llegar a la escuela, el miedo terminó por derrumbarla.

“Recuerdo que lloré mucho, mucho, mucho, porque no sabía qué hacer. Me sentía mal, me sentía muy mal”.

Su experiencia refleja una realidad cotidiana que enfrentan miles de mujeres y niñas: el acoso callejero, una de las formas de violencia más frecuentes y normalizadas.

Miradas invasivas, comentarios sexuales, persecuciones, tocamientos y agresiones verbales forman parte de experiencias que muchas mujeres viven desde edades tempranas en calles, parques y transporte público.

La doctora Lucía Almaraz, especialista en derechos humanos, explicó que el acoso callejero constituye una forma de violencia de género la cual durante décadas fue minimizada socialmente bajo discursos que lo presentaban como “piropos” o “halagos”.

“Actualmente sí existe un consenso jurídico y sociológico cada vez más amplio respecto a que esto es una forma de violencia. Incluso hay discriminación, porque limita el ejercicio de derechos fundamentales de las mujeres”.
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En busca de protección

Las consecuencias de este tipo de violencia van mucho más allá del momento de la agresión. El miedo modifica hábitos cotidianos y condiciona la libertad de las mujeres.

“Las mujeres hemos cambiado nuestras rutas, nuestros horarios, nuestra forma de vestir e incluso nuestro medio de transporte, justo por el miedo al acoso”, señala Almaraz.

Para Ana, salir de casa dejó de ser igual. Continuó yendo sola a la preparatoria, sabiendo que podía volver a encontrarlo en cualquier momento.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la violencia sexual en espacios públicos afecta a mujeres desde edades muy tempranas, incluso antes de la adolescencia.

No existe una cifra exacta sobre acoso callejero en Jalisco. (Milenio)

Pese a no existir una cifra exacta sobre acoso callejero en Jalisco, Almaraz explicó que distintas encuestas permiten dimensionar el problema.

“Diversos reportes señalan que aproximadamente dos de cada diez mujeres que vivimos en la Zona Metropolitana hemos experimentado acoso o violencia sexual en calles y espacios públicos”.

Sin embargo, detrás de los números existe una realidad más profunda: la enorme cantidad de casos que nunca son denunciados.

“Hay una cifra negra que revela una profunda desconfianza institucional”.

La adolescente lo vivió en carne propia. En la escuela, entre lágrimas, decidió contarle lo sucedido a un maestro, quien le sugirió regresar a casa y hablar con su familia.

Más tarde, acompañada de su madre, acudió a Ciudad Niñez para intentar denunciar la agresión.

Sin embargo, la atención que encontró ahí terminó reforzando la sensación de que lo ocurrido no sería tomado con seriedad.

“Llegando al lugar nos topamos con el personal jugando, riéndose, como si no fuera un trabajo”.

Después de explicar lo sucedido, les informaron que debían acudir a la Fiscalía.

La distancia, el tiempo y el miedo terminaron frenando la denuncia. Para llegar a la dependencia necesitaban tomar varios transportes públicos.

“Decidimos ya no ir a denunciar porque nos daba miedo”.

Para muchas víctimas, acudir ante las autoridades implica exponerse nuevamente al miedo, al cuestionamiento y a la revictimización.

“Muchas víctimas no denuncian porque consideran que no va a pasar nada, porque tienen miedo a ser revictimizadas o porque las autoridades minimizan este tipo de violencia”, lamenta la especialista.

Delito normalizado

La normalización social también influye. Durante años, muchas agresiones fueron asumidas como algo “normal” dentro de la convivencia diaria.

“La sociedad ha normalizado tanto la violencia hacia las mujeres, que algunas podrían no identificar que se trata de violencia”.

Actualmente, en Jalisco no existe un delito autónomo denominado “acoso callejero” dentro del Código Penal estatal. No obstante, algunas conductas sí pueden investigarse bajo otros delitos.

El artículo 142 del Código Penal de Jalisco contempla el delito de abuso sexual infantil e incluye conductas como hostigamiento, acoso y tocamientos.

Para muchas víctimas, acudir ante las autoridades implica exponerse nuevamente al miedo. (Milenio)
“No existe un tipo penal autónomo denominado acoso callejero en el Código Penal del Estado de Jalisco”, explicó la especialista.

A nivel municipal, algunos ayuntamientos de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) incorporaron sanciones administrativas en sus reglamentos de policía y buen gobierno, que pueden ir desde arrestos de hasta 36 horas hasta multas económicas.

En materia penal, las sanciones varían dependiendo del delito acreditado y pueden alcanzar entre cinco y 15 años de prisión.

Pese a ello, la complejidad jurídica para acreditar este tipo de agresiones continúa siendo uno de los principales obstáculos.

“Definitivamente hay una complejidad en el tema jurídico porque se requiere evidencia y pruebas claras”.

Muchas veces los ataques ocurren en lugares solitarios o en momentos donde no existen cámaras ni testigos.

La joven que sufrió la agresión en Zapopan lo vivió así.

Aunque vecinos de la colonia posteriormente confrontaron al hombre e incluso algunos mototaxistas dejaron de darle servicio, ella nunca sintió que las autoridades estuvieran realmente de su lado.

“Lo sorprendente aquí es que el vecino que me agredió terminó denunciando al vecino que lo golpeó por defenderme y a él sí le hicieron caso”.

Incluso, relata, la Fiscalía sí buscaba a las personas señaladas por las agresiones contra su agresor.

“Entonces dices: bueno, así son las leyes. Le hacen caso al que hace las cosas y no al que de verdad necesita ayuda. Hasta la fecha sigo con miedo, porque a veces me lo sigo encontrando”.

Cifras y pendientes institucionales

Durante el arranque de la actual administración estatal en Jalisco, las carpetas de investigación por abuso sexual infantil registraron una disminución de 7.12 por ciento en comparación con el cierre del gobierno anterior.

Entre el 14 de julio de 2023 y el 5 de diciembre de 2024, periodo correspondiente a la administración anterior, se iniciaron 7 mil 526 carpetas de investigación por este delito.

En tanto, del 6 de diciembre de 2024 al 30 de abril de 2026, ya durante el inicio de la administración actual, la Fiscalía de Jalisco abrió 6 mil 990 carpetas.

La diferencia representa 536 casos menos respecto al periodo anterior. El análisis se realizó considerando 511 días en ambos periodos para mantener un comparativo proporcional. Las autoridades precisaron que se trata de cifras preliminares.

En Jalisco no existe un delito autónomo denominado “acoso callejero”. (Milenio)

Para Lucía Almaraz, aunque existen programas institucionales y algunos avances en materia de capacitación o sanciones administrativas, todavía queda mucho trabajo pendiente.

Señaló que combatir el acoso callejero implica intervenir también las causas estructurales que sostienen la violencia de género.

“No solo es realizar programas que combatan el delito, sino también atender las causas. En este sentido, una de ellas son las masculinidades que históricamente han sido violentas, patriarcales y misóginas”.

La académica consideró urgente fortalecer la educación con perspectiva de género desde edades tempranas, mejorar el transporte público y generar espacios urbanos más seguros.

Además, insistió en la necesidad de impulsar programas de reeducación para agresores y nuevas masculinidades.

Mientras tanto, Ana, como muchas otras mujeres, sigue saliendo a las calles con miedo y con la sensación de desprotección por parte del Estado.

MC

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