Consumo temprano de alcohol y drogas afectan al desarrollo cerebral de adolescentes, advierte especialista

En León un promedio de 50 menores de edad, de entre 14 y 17 años, son detenidos anualmente por conducir bajo los efectos del alcohol.

Alcohol y drogas afectan al desarrollo cerebral de adolescentes | Especial
Rocío Hernández
Guanajuato /

El inicio cada vez más temprano en el consumo de alcohol y drogas entre adolescentes representa un riesgo creciente para su desarrollo emocional y mental, advirtió el psicoterapeuta, Julio Vicente Pérez Infante, quien señaló que estas sustancias impactan directamente en un cerebro que aún no ha madurado por completo.

Lo anterior fue señalado luego de que MILENIO, mediante una solicitud de transparencia, informara que en León un promedio de 50 menores de edad, de entre 14 y 17 años, son detenidos anualmente por conducir bajo los efectos del alcohol

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Además, de 2012 a marzo de 2026, se contabilizaron 705 menores asegurados por esta falta, a quienes se les aplicó el alcoholímetro y fueron canalizados con sus familiares, además de requerir pláticas de prevención.

“El cerebro de un adolescente todavía se está formando, no es un cerebro terminado, cuando un menor empieza a consumir alcohol o drogas, aunque parezca algo social o normal, puede tener un impacto muy importante”, explicó.

Detalló que entre las principales afectaciones se encuentran problemas en la regulación de emociones, descontrol de impulsos, así como dificultades en la atención y la toma de decisiones.

El especialista alertó que mientras más temprano inicia el consumo, mayor es el riesgo de desarrollar dependencia o enfrentar problemas más graves a futuro. “Es un desestabilizador de la vida, pero es importante destacar que no todos los jóvenes consumen por curiosidad, sino que intervienen factores como la presión social, la ansiedad, el vacío emocional o la necesidad de pertenecer a un grupo”.

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En este sentido, enfatizó la importancia del acompañamiento familiar y profesional. “No se trata de castigar o asustar, sino de comprender la etapa que atraviesan y el alto riesgo que implica; es necesario que padres, maestros y adultos cercanos estén pendientes y puedan acompañar a los jóvenes en su realidad”, indicó.

Pérez Infante también advirtió sobre un incremento en los niveles de ansiedad, estrés e incluso el desvivirse entre adolescentes, fenómenos que relacionó con el contexto actual. 

“Hoy vemos un inicio de consumo cada vez más temprano, hay una normalización enorme del alcohol y de algunas sustancias, reforzada incluso por redes sociales…, muchos jóvenes reciben el mensaje de que consumir es parte de encajar o divertirse, lo que incrementa su vulnerabilidad”.

Otro factor clave, explicó, es la falta de herramientas emocionales. “El cerebro adolescente es especialmente sensible a la dopamina, a la recompensa inmediata, buscan alivio rápido y eso los lleva a conductas de riesgo”, detalló.

Esta situación se agrava por el contexto social, el aislamiento y la falta de habilidades para gestionar emociones. Ante ello, el especialista hizo un llamado a fortalecer la educación emocional desde edades tempranas.

“Mientras más inteligencia emocional tenemos, más capacidad de decisión y autocontrol desarrollamos, es fundamental impulsar talleres y espacios que enseñen estas herramientas, porque pueden marcar la diferencia para evitar que niñas, niños y adolescentes caigan en riesgos tan dañinos”, aseveró Julio Vicente Pérez Infante.

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