M+.- Junio empieza y con él la temporada de lluvias. La humedad y el calor que se instalan en Jalisco de aquí a octubre son exactamente las condiciones que la mosca del gusano barrenador necesita para reproducirse.
“La mosca necesita humedad y temperatura para reproducirse”, explica Edgar Pulido Chávez, director del Centro de Estudios para la Agricultura, la Alimentación y la Crisis Climática del Centro Universitario de los Altos de la Universidad de Guadalajara (UdeG).
“En temporada de lluvias aumenta exponencialmente la reproducción de las moscas. Si estamos en este momento en que empieza la temporada de lluvias, va a aumentar exponencialmente el riesgo de que se expanda más la plaga”.
Jalisco ya registra su primer caso humano. Un hombre de 47 años, originario de Pihuamo y paciente con diabetes, fue hospitalizado en Colima con larvas en una herida de la pierna que no sentía.
Ya fue dado de alta. Hay 12 casos en mascotas, entre ellos uno en la colonia Agua Blanca de Zapopan. En México se contabilizan 352 personas infectadas y dos muertes.
El estado enfrenta todo esto sin acceso a moscas estériles, la única herramienta probada para controlar la plaga.
¿Qué ocurre cuando el gusano barrenador invade una herida?
De lo que poco se habla es de qué es exactamente lo que ocurre cuando una herida se infesta con el gusano barrenador. Qué pasa ahí adentro.
La Cochliomyia hominivorax, que en latín significa “devoradora de hombres”, es una mosca. Hay otras especies que se acercan a las lesiones, sobre todo cuando ya están infectadas o en descomposición.
Esta no. Va directo a la carne viva, a la llaga fresca, recién abierta. Es lo que la distingue de las panteoneras y de otras moscas carroñeras que se le parecen en color y tamaño. Aquellas necesitan tejido muerto; esta prefiere los tejidos sanos. Es, en ese sentido, un parásito obligado.
El insecto detecta el olor de la sangre y los fluidos corporales y va directo a la zona afectada. Cualquier herida: una rozadura, una picadura de espina o una llaga que un paciente diabético no sintió a tiempo. Se posa en el borde de la lesión y deposita sus huevecillos, entre 300 y 600 en una sola visita, todos acomodados en la misma dirección, formando una capa sobre la piel dañada.
En menos de 24 horas, muchos de esos huevos eclosionan. Nacen las larvas.
“La larva tiene un dispositivo que le permite sujetarse del tejido y empezar a comer ese tejido vivo”, explica Pulido Chávez. “Ahí es donde empieza a hacerse la herida más grande. Pasan otros tres o cuatro días, hasta los siete, y ahí están ya alimentadas. Lo que pasa entonces es que caen al suelo y forman una pupa, como un capullo. Pasan ahí otros siete días y emergen ya como mosca adulta. El ciclo completo, desde que la mosca pone el huevecillo hasta que vuelve a haber una mosca adulta, es de 21 días”.
Veintiún días en los que una llaga que nadie atendió puede convertirse en el origen de una nueva generación de moscas. Porque la zona infestada no solo está siendo devorada; también está atrayendo a más insectos que depositan más huevecillos y producen más crías.
“Es como si estuviera haciendo un repositorio de gusano. Se caen unos gusanos y están creciendo otros en esa misma herida. Eso se convierte en una fábrica de moscas del gusano barrenador”, dice el investigador.
Sin atención, los gusanos profundizan. Pueden llegar al músculo. Al hueso. En casos extremos, perforan cavidades del cuerpo. Roberto Carlos Rivera Ávila, director de Salud Pública de Jalisco, explica: “Se han reportado pacientes que tienen la miasis en la boca y se perfora toda la cavidad. Entonces son heridas muy complicadas y no hay necesidad de llegar a eso. Hay que tener mucha higiene”.
Los riesgos para la salud
El cuadro tampoco avisa siempre. El hombre de Pihuamo no sintió nada porque la diabetes le había arrebatado la sensibilidad en las piernas. Pero incluso sin padecer diabetes, los síntomas iniciales pueden limitarse a una leve inflamación y un dolor que se confunde con cualquier otra afección.
“El problema de esto es que, como este paciente que tuvimos, ya tenía un problema de mala sensibilidad en la piel, en sus piernas, y no se daba cuenta hasta que literalmente vio la herida”, asegura Rivera Ávila. “Puede ser así de asintomática”.
Lo que sigue, si no se atiende, son infecciones bacterianas que aprovechan la zona abierta y que pueden terminar en una infección generalizada del torrente sanguíneo.
Los más expuestos a complicaciones graves son los pacientes diabéticos, las personas con el sistema inmunológico comprometido, los adultos mayores y los niños pequeños. Las personas en situación de calle tienen otro riesgo: el insecto puede depositar huevecillos en las mucosas de la nariz o la boca mientras duermen.
El tratamiento, si llega a tiempo, funciona. Se extraen los gusanos, se limpia la zona con insecticida para evitar que alguno sobreviva y complete su ciclo, y se administran antibióticos si ya existe infección.
“Hay que hacer una exhaustiva revisión y drenado de las heridas para estar segurísimos de que no hay una larva escondida en el tejido, incluso huevecillos”, advierte Pulido Chávez. “Eso solo una persona con la pericia de conocer dónde están puede hacerlo correctamente”.
El hombre de Pihuamo recibió ese tratamiento y ya está en casa. El problema fue que llegó tarde, cuando la infestación ya había complicado la llaga que la diabetes le tenía mal desde antes.
Una historia que México ya había superado
Lo que hace más inquietante la situación actual es que México ya vivió esto antes y lo resolvió.
Durante décadas, el gusano barrenador fue una de las peores plagas del campo en el país. En 1976 se construyó en Chiapas una planta capaz de producir hasta 500 millones de moscas estériles por semana.
La técnica consiste en criar moscas en laboratorio, esterilizarlas mediante radiación y liberarlas en campo para que se apareen con las silvestres. Como los insectos solo se aparean una vez en la vida, cada cópula con una mosca estéril es una reproducción que no ocurre y la población va disminuyendo hasta desaparecer.
“Las moscas solo copulan una vez en su vida. Cuando liberas moscas estériles, los machos van y copulan con las hembras silvestres y se acabó su oportunidad de reproducción. Esas moscas van bajando hasta que se van acabando”, explica Pulido.
En 1991, México fue declarado libre del gusano barrenador. El programa había funcionado. Sin embargo, en 2012 la planta de Chiapas fue cerrada y al año siguiente se disolvió la comisión binacional que México mantenía con Estados Unidos para el control de la plaga.
Pulido Chávez lo vivió de cerca: “Tuve la oportunidad de visitar la planta hace cinco años. Estaba por terminarse y no se equipó. Ahora que la necesitamos, pues no estuvo activa para poder tener el abasto de moscas”.
El regreso de la plaga
En Centroamérica, la historia fue distinta. La inestabilidad política debilitó los sistemas de vigilancia sanitaria. El cambio climático rompió las barreras de temperatura que antes limitaban el alcance del insecto y la fauna silvestre cruzó fronteras sin controles suficientes.
“En una crisis política, la sanidad animal no está entre las primeras prioridades”, dice el académico.
Solo en Panamá, entre 2022 y 2023, los casos anuales pasaron de 25 a más de 6 mil 500.
El ganado bovino y ovino es la especie más afectada en todo el país, y Jalisco, uno de los principales estados productores de carne y leche de México, no es la excepción. Los perros son la segunda especie con más casos activos.
Jalisco, en alerta ante el temporal
En noviembre de 2024 la mosca reapareció en México. En abril de 2025, una mujer de 77 años en Chiapas se convirtió en el primer caso humano. Para mayo de 2026, ya hay 352 casos en personas y más de 2 mil casos activos en animales distribuidos en 21 estados.
La planta de Chiapas ya no estaba disponible para responder.
En Jalisco, las zonas con casos activos en ganado son el norte y el sur-sureste. Los Altos y la costa aún no reportan casos, pero permanecen bajo vigilancia.
La Zona Metropolitana de Guadalajara no tiene casos confirmados de moscas establecidas, pero eso no significa que esté protegida.
“Pudiera haber el riesgo si la mosca llegara por aquí, o si una persona de zona metropolitana acude a un lugar con presencia de la mosca y regresa a su domicilio”, explica Rivera Ávila. “Por eso es muy importante que cualquier persona que vea una lesión con gusanitos haga la notificación y, sobre todo, acuda a una unidad de salud”.
Jalisco cuenta con cinco perros entrenados para detectar gusaneras en animales de campo. Son pocos para un estado de este tamaño, pero han sido útiles. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) y la Agencia de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (ASICA) mantienen operativos en los municipios afectados y el registro estatal acumula ya más de 300 reportes.
Lo que el estado todavía no tiene es acceso a moscas estériles, y el temporal no espera.
¿Qué hacer para evitar contagios?
Las recomendaciones son concretas: revisar el cuerpo con regularidad, sobre todo piernas y pies; lavar y cubrir cualquier lesión, por pequeña que sea; y acudir al médico si una herida no cicatriza en tres o cuatro días.
Si hay gusanos visibles, no se debe intentar retirarlos en casa, sino acudir de inmediato a una unidad de salud.
“Cualquier persona que vea que tiene una herida que no cicatriza tiene que acudir a la atención médica. De esa forma evitamos que, si llega a estar presente la mosca, no nos deposite huevecillos”, señala Rivera Ávila.
Los dueños de animales deben revisar a sus mascotas en pliegues de piel, orejas y zonas de difícil acceso y, ante cualquier sospecha, llevarlos al veterinario.
Pulido Chávez recuerda que la extracción no puede hacerse en casa: “Los médicos veterinarios ya tienen los protocolos para atender esta plaga. La eliminación de las larvas tiene que ser con insecticida, que no queden vivas, y curar perfectamente la herida. Eso solo lo puede hacer correctamente alguien con esa pericia”.
El hombre de Pihuamo ya está en su casa. La mosca que lo infestó tuvo 21 días para generar una nueva generación. El temporal apenas comienza.
MC