Once ejemplares de fauna silvestre fueron liberados en la Barranca de Metztitlán como parte de un proceso de rehabilitación que permitió su retorno al entorno natural. Se trata de la segunda jornada realizada en Hidalgo durante 2026, bajo supervisión de la PROFEPA y con intervención de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre de Pachuca.
En esta jornada se reincorporaron tres lechuzas, una ardilla vientre rojo, dos tlacuaches, un cacomixtle, un ardillón de roca, un gavilán y dos zorras grises. Ninguna de estas especies está catalogada como en peligro crítico en México; sin embargo, su presencia en procesos de rehabilitación refleja el impacto constante de factores como atropellamientos, pérdida de hábitat y contacto directo con zonas urbanas.
Las lechuzas y el gavilán cumplen funciones clave como controladores de plagas, principalmente roedores, mientras que especies como la ardilla vientre rojo y el ardillón de roca participan en la dispersión de semillas y en la dinámica de cadenas alimenticias. El tlacuache, altamente adaptable, incluso en entornos urbanos, contribuye al control de insectos y pequeños vertebrados.
Otros ejemplares liberados, como el cacomixtle y la zorra gris, presentan hábitos nocturnos y menor visibilidad, lo que los vuelve menos comunes en registros ciudadanos, aunque no necesariamente escasos. Su presencia suele asociarse a ecosistemas con cierto grado de conservación, por lo que su reintegración apunta a sostener esas condiciones en la región.
La liberación se realizó en la Barranca de Metztitlán, una de las zonas con mayor valor ecológico del estado. Ahí, la diversidad de especies y condiciones ambientales permite la reintroducción de fauna que ha pasado por procesos de recuperación.
Aunque ninguna de las especies es endémica de Hidalgo, todas forman parte de la fauna nativa del país y cumplen funciones específicas dentro del equilibrio ecológico. Su liberación no responde a una estrategia de rescate de especies en riesgo extremo, sino a la necesidad de reincorporar individuos afectados por la interacción humana.
Este tipo de acciones mantiene la dinámica de los ecosistemas locales y evidencia que la presión sobre la fauna silvestre no se limita a zonas remotas, sino que está directamente vinculada a la expansión urbana y a la actividad cotidiana en el estado.