A unas semanas de graduarse de la preparatoria en el Cecyte Plantel Juventino Rosas y con su ingreso a la universidad prácticamente asegurado, Bryan Uriel Licona Ramírez, de 17 años y originario de la comunidad Santa Rita, en este municipio, desapareció la noche del sábado tras acudir como espectador a un partido de futbol en el campo deportivo de la comunidad San José de la Montaña, en Salamanca, donde presuntamente fue privado de la libertad junto con otras cuatro personas.
Los hechos habrían ocurrido alrededor de las 23:30 horas del sábado, en una zona ubicada cerca de los límites entre Salamanca y Juventino Rosas.
Posteriormente, a través de redes sociales, el colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos difundió las fichas de búsqueda de dos jóvenes que continúan sin ser localizados tras estos hechos: Bryan Uriel Licona Ramírez, de 17 años, de aproximadamente 1.70 metros de estatura, piel morena, cabello chino y complexión delgada; así como Alejandro Enríquez, de 21 años, de 1.80 metros de estatura, tez clara y complexión delgada.
Mientras las autoridades mantienen las investigaciones, en la casa de Bryan la incertidumbre se ha instalado desde aquella noche. En entrevista con MILENIO, su abuela, Gloria Villafaña, recordó que el joven ya tenía asegurado su ingreso a la Universidad Politécnica de Juventino Rosas (UPJR), donde cursaría la Ingeniería en Sistemas Automotrices. Además, la familia ya había comprado el traje que utilizaría en su ceremonia de graduación.
“Ya tenía todo pagado. Tenía hasta su traje para la salida (...) era un muchacho muy noble, muy chiquito”, expresó con la voz entrecortada.
La familiar aseguró que nunca conoció conductas que hicieran pensar que su nieto estuviera involucrado en actividades ilícitas. Por el contrario, afirmó que era un joven tranquilo, noble y muy querido por su familia.
Además de asistir a la escuela, Bryan ayudaba a su abuelo en las labores del campo, donde aprendió a trabajar desde muy joven.
“No porque sea mi hijo, mi nieto, pues, ¿verdad?, pero lo quisimos como es. Fue muy noble el niño, mucho, muy noble. Por eso, ¿ves lo que uno dice? ¿Por qué? Porque él no es rezongón. Él con su abuelito, pues, era su mano derecha, se iba a trabajar al campo, le ayudaba con el tractor, le ayudaba a todo”, explicó la abuelita.
Sobre el día de su desaparición, relató que Bryan salió de su casa alrededor de las cinco de la tarde para acudir al campo deportivo de San José de la Montaña, como lo hacía en otras ocasiones para convivir con sus amigos y presenciar los encuentros de futbol.
“Él todo el tiempo se portaba bien. Nomás dijo: ‘Ahorita vengo, no me tardo’. Se salió… y ya no regresó”, recordó.
Con el paso de las horas comenzaron a surgir versiones entre los habitantes de la comunidad sobre la presunta privación de la libertad de cinco personas en el campo deportivo. Conforme transcurrió la madrugada, la preocupación de la familia aumentó.
Hasta este martes, tres de las cinco personas presuntamente privadas de la libertad ya habían sido liberadas; sin embargo, Bryan y Alejandro continúan desaparecidos.
De acuerdo con Gloria Villafaña, la familia supo que las personas liberadas relataron haber permanecido con la vista cubierta durante el tiempo que estuvieron retenidas, lo que ha complicado conocer quiénes fueron los responsables.
“Nosotros supimos que fueron al campo de San José, al juego, y de ahí se los llevaron. Los que soltaron tampoco pueden dar una razón porque dicen que les taparon la cabeza y no supieron quiénes fueron. Después de que los soltaron, los dejaron por allá lejos, no crea que aquí, pero sé que ellos se vinieron caminando allá. Saben que cerros de por allá”, narró.
Desde entonces, la madre de Bryan no ha dejado de buscarlo. Entre la denuncia presentada ante las autoridades, la difusión de su ficha de búsqueda y los recorridos en distintos puntos, mantiene la esperanza de encontrar con vida a su hijo.
“Ella dice: ‘Yo quiero a mi niño aquí’. Eso es lo único que quiere, recuperarlo. Cuando regrese, lo único que quiere es verlo otra vez en la casa”, contó la abuela.
Mientras el traje que utilizaría para su graduación permanece guardado y la universidad espera el inicio del próximo ciclo escolar, la familia de Bryan continúa viviendo entre la incertidumbre y la esperanza, aferrada a la posibilidad de volver a abrazar al joven que soñaba con convertirse en ingeniero en Sistemas Automotrices.