Alfonso Salazar, el archivista ovni de México: cinco décadas en busca de expedientes secretos

Los ovnis lo han obsesionado. Esta es la historia del hombre que convirtió recortes de periódicos, videos en VHS y documentos oficiales en la mayor memoria ufológica de México.

Lo que comenzó con un recorte de periódico terminó en uno de los archivos hemerográficos sobre ovnis más importantes de América Latina | Ariel Ojeda
Ciudad de México /

DOMINGA.– Alfonso Salazar tiene una manera distinta de recordar sus días especiales. Dice, por ejemplo, que nació el 18 de septiembre de 1962, cuando los radares del sistema de defensa aérea del noreste de Estados Unidos detectaron un objeto volador no identificado cerca de Palermo Air Force Station, en Nueva Jersey.

Rastrearon el objeto desde ahí, se desplazó hacia Canadá y, horas más tarde, activó las defensas aéreas en Alaska. Su presencia habría obligado al despegue de aviones interceptores pero, cuando se aproximaban, el objeto cambió de trayectoria. El operador de radar diría a una periodista que parecía tener un “sexto sentido”.

Un objeto en el cielo de la Ciudad de México marcó la infancia de Alfonso Salazar y lo convirtió en archivista ovni décadas después | Ariel Ojeda


Este técnico en aviación de 64 años dice que, cuando tenía siete u ocho años, Alfonso no recuerda regalos. Recuerda haber salido al patio de su casa y encontrar un objeto metálico en el cielo. Vivían por la zona del metro Coyuya, cerca del Palacio de los Deportes, en la Ciudad de México, cuando del artefacto mayor se desprendió una pieza más pequeña que comenzó a orbitar a su alrededor. “¿Y eso qué es?”, se preguntó. Una nube lo cubrió por un instante y, cuando se disipó, había desaparecido.

Tres años después cayó en sus manos un libro llamado América y los ovnis. Testimonios verídicos sobre naves extraterrestres en el Nuevo Mundo, del ufólogo español Antonio Ribera. En sus páginas encontró descripciones que se parecían a lo que él había visto en ese patio. Lo leyó y lo guardó. Después vino la revista Duda. Con los dos pesos de sus domingos, compraba cada número de esa publicación de historietas y enigmas que era popular en los años setenta. Las guardaba también.

Un poco mayor, comenzó a recorrer la calle Donceles, ese corredor de librerías de viejo en el centro de la ciudad con libros de papel amarillento y lomos sin título. Destinó sus ahorros a comprar cualquier ejemplar sobre ovnis que encontrara. Para 1975, la familia se había mudado a la colonia Agrícola Oriental y se compró sus primeros binoculares. Desde esa azotea Alfonso Salazar fue testigo de uno de los avistamientos que más lo impactaron: un objeto en forma de búmeran cruzó la ciudad de norte a sur y luego se perdió en dirección al Ajusco.

Desde hace más de cinco décadas, Alfonso Salazar resguarda recortes y testimonios sobre ovnis en México | Ariel Ojeda


Ese mismo año se enteraría de que en otro lugar, alguien más había mirado el cielo y encontró algo como él: era el 3 de mayo 1975 y Carlos Antonio de los Santos Montiel, un joven piloto de la aeronave XB-XAU, reportó por radio que tres objetos no identificados rodeaban su avión mientras volaba de Zihuatanejo hacia la Ciudad de México. “Tengo tres objetos visuales no identificados volando alrededor de mí”, dijo.

El controlador Julio César Tienan Díaz corroboró su versión: cuando la aeronave se encontraba a 43 millas de la Ciudad de México, en el radar apareció otro punto, además del avión de Carlos Antonio de los Santos. A ese punto se le llama blip, que es la manchita o señal que aparece en la pantalla cuando el radar detecta algo. Alfonso tenía once años cuando leyó la noticia, así que salió a comprar todos los periódicos que encontró. Los recortó y de manera instintiva los metió en un folder.

Esa fue la primera vez que archivó. Casi 53 años después, se ha convertido en el único archivista ovni que hay en el país.

El archivo hemerográfico más grande de América Latina

Hay una diferencia entre coleccionar y archivar. Alfonso lo sabe. Coleccionar es acumular. Archivar es construir un sistema que sobreviva al coleccionista. Por eso, en algún momento de esos años de acumulación instintiva, Alfonso aprendió que había que catalogar. Cada avistamiento que incorpora a su archivo lleva fecha y zona geográfica. Nada entra sin un ancla documental. Tiene la disciplina de alguien que entiende que el valor de un archivo no está en lo que contiene hoy, sino en lo que permitirá encontrar dentro de muchos años.

Su amor por los documentos tomó forma a los veinte años, cuando descubrió la revista Contactos Extraterrestres, una publicación de 135 números que reproducía en sus artículos documentos oficiales de gobiernos extranjeros con logos institucionales y sellos. Para Alfonso fue una revelación. Los ovnis vivían no sólo en los relatos de la gente sino también en los expedientes oficiales con número de folio. Recuerda que uno de los primeros en conseguir ese tipo de material fue el periodista español J.J. Benítez, a quien las autoridades de su país entregaron documentación oficial sobre investigaciones gubernamentales. Alfonso lo tomó como modelo y aprendió a solicitarlos también.

Lo que comenzó como una colección de periódicos terminó convirtiéndose en un archivo hemerográfico único sobre fenómenos ovni | Ariel Ojeda


En 1985 entró a Aerocapacitación, una escuela de aviación en el Distrito Federal y estudió dos años hasta obtener su licencia de técnico mecánico en aviación. En ese mismo año, el capitán Raúl Romero, en un vuelo nocturno sobre Atizapán, escuchó en la frecuencia de Centro México 118.1 MHz la solicitud de información sobre un tráfico desconocido reportado por un avión comercial. Los pasajeros dijeron que era un ovni. Alfonso archivó el caso con el número de frecuencia incluido.

Durante esos años trabajó como mecánico de aviación en Mexicana, Aeroméxico y otras aerolíneas. Recuerda que al principio sus colegas le ponían apodos: “Me hicieron bullying. Por eso me conocen en el medio aeronáutico como el UFO. No creían. Decían que estaba loco, pero después se darían cuenta que no era así”.

El archivo físico de Alfonso Salazar vive en una bodega dentro de su casa en la colonia Taxqueña. Cuando él abre una de sus carpetas, lo que aparece no es el caos que uno podría esperar tras décadas de búsqueda: cada hoja tiene una página de periódico con fecha, zona y tipo de avistamiento. Más de dos mil casos documentados en periódicos viejos desde 1890.

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Setecientos libros en chino, japonés, francés y otras lenguas, mil videos en formato Beta y VHS. Él mismo diseñó el sistema de clasificación porque no había otro que sirviera: nadie había hecho esto antes. Un colega, Carlos Guzmán, le dio el consejo que le cambió el método: “De tus recortes de periódico, pégalos en una hoja blanca y los vas juntando por años”. Alfonso lo hizo y hoy esas hojas forman uno de los archivos hemerográficos sobre ufología más grandes de América Latina.

Un colaborador del ufólogo Jaime Maussan

Preguntarle sobre cualquier avistamiento registrado en México es como consultar un índice que respira. Alfonso Salazar puede recordar fechas, zonas, nombres de controladores y hasta números de vuelo. Ha leído cada documento suficientes veces como para memorizarlo. Los grandes archivistas comparten esa característica: trabajan entre papeles polvosos que a veces lastiman la nariz, pero encontrarlos produce adicción. En Norrköping, Suecia, Clas Svahn y Anders Liljegren llevan cincuenta años reuniendo 4.2 kilómetros lineales de documentos sobre fenómenos paranormales. En Estados Unidos, John Greenewald construyó The Black Vault, un repositorio de avistamiento de ovnis obtenidos mediante solicitudes de acceso a la información al gobierno federal.

Alfonso Salazar ha dedicado cuarenta años a rastrear expedientes ovni y hoy colabora con Jaime Maussan en investigaciones de archivo | Ariel Ojeda


La diferencia es que Svahn y Liljegren tienen equipo y financiamiento. Greenewald tiene trescientas mil visitas mensuales que lo hacen monetizar: Alfonso sólo tiene su bodega en Taxqueña, su credencial de investigador de fondos especiales, la misma que el sistema reserva para proyectos de investigación súper especializados y su pequeño fondo de jubilado. En cuarenta años ha recorrido todos los archivos públicos que el Estado mexicano permite consultar. Cuando la CIA desclasificó tres mil documentos, los revisó todos y fue el primero en encontrar los casos que se relacionaban con México. “Imagínate revisar tres mil”, dice.

Hoy colabora con Jaime Maussan, el ufólogo mexicano más reconocido internacionalmente, en las investigaciones históricas de archivo que sostienen los reportajes de su canal. Alfonso es el que busca en los fondos clasificados, y el que sabe dónde está el último lote de expedientes que abrió algún gobierno en el mundo.

Gustavo Díaz Ordaz quiso indagar la veracidad de los avistamientos

A Alfonso Salazar lo conocí hace dos años, cuando encontré en el Archivo General de la Nación el único archivo conocido que el gobierno mexicano construyó sobre ufología. En 1967, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía de espionaje del gobierno, comenzó a investigar avistamientos reportados en la Ciudad de México, Tabasco y Guerrero. Durante ocho años, el Estado destinó agentes y recursos al rastreo de objetos luminosos. Luego paró y los documentos quedaron ahí, perdidos entre expedientes de disidentes y fichas de vigilancia política.

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Alfonso vino a mi casa un día de octubre de 2024. Desde que entró me impresionó el conocimiento de fechas y periódicos. Literalmente le lanzas, por ejemplo tu fecha de nacimiento y recuerda qué ovni atravesó el cielo esa noche. Nunca se equivoca. Alfonso habla despacio, siempre en calma. No interrumpe y siempre agradece con una sonrisa. Trae la cabeza rapada, lleva bigote tupido y canoso en las orillas que le cubre el labio superior por completo y siempre viste chamarras estilo aviador, con parches bordados que recuerdan alguna misión aérea.

Esos documentos, me dijo emocionado, corroboraban que los avistamientos habían sido en algún momento eventos de seguridad nacional, asuntos que preocuparon lo suficiente como para llegar a los escritorios de los expresidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría. Para alguien que lleva cuarenta años construyendo un archivo, eso no era un dato menor. Él y su amigo, el periodista Maussan, querían saber de los documentos.

Entre los casos que incluía el archivo de la DFS estaba el avistamiento del 6 de mayo de 1967, cuando El Universal publicó unas fotografías bajo el título “Primera fotografía clara de un platillo volador”. La DFS investigó. Identificó al remitente: Bernardo Pacheco, operador de grúas en la colonia Doctores, se las había dado a su hija Guadalupe, quien las llevó al periódico sin saber que eran en realidad utilería de una filmación. Su amigo y colega Melitón Castañeda las habían tomado durante el rodaje de una película sobre ovnis en Veracruz y se las había regalado como recuerdo. Pacheco le juró a su hija que las había capturado él mismo en la carretera de Durango a Mazatlán. El periódico lo publicó a plana entera. Los agentes de la DFS citaron a Pacheco a declarar y lo obligaron a retractarse.

Alfonso Salazar encontró en los archivos de la DFS evidencia de que los ovnis llegaron a preocupar al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz | Ariel Ojeda
Don Pedro Ferriz contaba que lo vio en primera plana Gustavo Díaz Ordaz y llamó a Fernando Gutiérrez Barrios y le dijo: ‘Investígame este caso, ¿qué hay de cierto?’. Y de ahí fue como surgieron los expedientes de la Dirección Federal de Seguridad”. Los archivos de la DFS lo corroboran años después, expediente en mano.

Fue en esa visita cuando terminé de entender cómo funciona la memoria de Alfonso. Sus fechas importantes no están marcadas por cumpleaños ni efemérides convencionales. Están ligadas a un recorte de periódico, a un expediente policial, a un video que le envió algún observador del cielo por la madrugada.

El primer avistamiento registrado en México

Fernando Lizárraga, jefe de la Sección de Consulta de Colecciones Impresas de la Hemeroteca Nacional de la UNAM, dice con cariño que más o menos en 1990, conoció a Alfonso Salazar. Desde que la Hemeroteca estaba en la calle Del Carmen en el Centro Histórico, Alfonso llegaba con una pista, una fecha o un nombre de algún piloto. Pasaban días enteros, desde que abrían hasta que cerraban, revisando periódicos viejos en busca de un nuevo avistamiento para su archivo.

“Cuando él empezó a venir yo jamás había tenido una solicitud de este tipo y se me hizo muy interesante. Al principio nos sorprendía un poco, pero una vez que conocimos su trabajo me di cuenta que era muy apasionado. Tantos datos que tiene son impresionantes”, dice y agrega que durante décadas, cada que encontraba un avistamiento en los periódicos antiguos, iba a su oficina emocionadisimo. Casi diario lo tenían ahí, al ras del cierre.

Fue en esa hemeroteca donde Alfonso estableció que el primer avistamiento ovni registrado en México data del 27 de abril de 1897, cuando El Universal publicó una nota titulada “El monstruo aéreo”, retomada de un diario de Texas. El relato describía un objeto que cruzaba el cielo, parecido a un buque ballenero, silencioso pero acompañado de un zumbido. La nota añadía una frase que lo traía al territorio mexicano: “El buque aéreo pasa por Monterrey”, según un telegrama enviado al diario. Más que un platillo volador en el sentido moderno, era una noticia de fin de siglo sobre una aparición aérea narrada con el vocabulario tecnológico de su época.

Alfonso Salazar rastreó en la Hemeroteca Nacional el primer avistamiento ovni registrado en México, publicado en un periódico de 1897 | Ariel Ojeda


También encontró el caso de 1935, cuando un avión Corsair de la Fuerza Aérea Mexicana se accidentó en la zona de Balbuena, al oriente de la Ciudad de México. El hecho documentado es que la aeronave cayó y dejó al menos un piloto muerto; la versión ufológica sostiene que el desplome habría sido provocado por la presencia de un objeto extraño en el cielo. También encontró que hubo una oleada ovni en marzo de 1950, treinta días en que llegaron reportes de todo el país: esferas, platillos, trompos voladores avistados de norte a sur.

Para 1997, Alfonso dio una entrevista sobre lo que los pilotos veían desde el aeropuerto. Su teléfono estaba en la guía. Esa noche, el periodista más famoso del fenómeno ufológico, Jaime Maussan, lo llamó a su casa. Le preguntó si había dado esa entrevista para La Prensa. Le preguntó si podría hablar en su programa de radio en la ABC y después en Tercer Milenio. Desde entonces, cuando Maussan necesita saber en qué año ocurrió algo, Alfonso va a su bodega y vuelve con la respuesta. Ha escrito seis libros con archivos, entre ellos Ovnis. Vistos en México: Hacia una clasificación de tipología OVNI (2012). Mi favorito es Los ovnis y la aviación mexicana (2001), donde hace un trabajo igual de meticuloso que un historiador y un periodista, por documentar a través de archivos y entrevistas las experiencias de pilotos mexicanos en los cielos.

125 años de noticias sobre ovnis en la prensa mexicana

El reconocimiento más inesperado llegó de la institución más improbable. En 2022, mientras Alfonso revisaba otro periódico en la Hemeroteca Nacional de la UNAM, le propuso a los encargados montar una exposición con los hallazgos que llevaba 50 años recolectando. Fernando Lizarraga recuerda que les propuso la idea a él y a Daniel Ciprés, entonces el Jefe del Departamento de Servicios de Información de la Hemeroteca. Dalmacio Rodríguez Hernández, coordinador de la Hemeroteca, llevó la idea a la junta directiva. Le pidieron a Alfonso una lista de cincuenta periódicos con hallazgos documentados. Seleccionaron treinta. La muestra se tituló 125 años de noticias sobre objetos voladores no identificados en la prensa mexicana. Lo que ocurrió después era difícil de imaginar en un recinto de científicos.

La Hemeroteca Nacional de la UNAM, la universidad más grande de América Latina, casa de científicos, historiadores y escépticos de oficio, abrió sus puertas a los seguidores del fenómeno ovni. El coordinador Rodríguez Hernández habló de la riqueza del patrimonio hemerográfico mexicano. Pablo Mora Pérez-Tejada, director de la Biblioteca Nacional, habló de la multiplicidad de intereses de un público diverso. Y Jaime Maussan, el ufólogo más famoso del país, inauguró la exposición frente a una sala que nunca había visto tanta gente. Maussan los llamó “adultos cósmicos”. Llegó la televisión, la prensa y radio.

Fernando Lizárraga y Alfonso Salazar llevaron a la Hemeroteca Nacional 125 años de avistamientos ovni documentados en México | Ariel Ojeda


“Nunca había visto tanta gente en la hemeroteca”, recuerdan Alfonso y Fernando. En esos pasillos donde los historiadores consultan gacetas virreinales y los investigadores citan fuentes primarias, se juntaron ese día de 2022 los que creen y los que no creen, convocados por cuatro décadas de trabajo discreto en una bodega. Dice Fernando que a partir de esa exposición empezaron a llegar a la Hemeroteca muchísimas personas. 

Y gracias a Alfonso y su exposición, revistas que absolutamente nadie consultaba, como la Ovni, empezaron a pedirla a montones. Sociólogos, historiadores, literatos, científicos sociales la querían analizar. Sin embargo, la sensación sería la portada histórica que descubrió con el ovni de 1897.

“Ha sido la labor de Alfonso”, dice Fernando, quien asegura que después de muchos años fue un acto de justicia para él. En aquella inauguración, en la sala contigua a la sala de consulta, todo el mundo quería platicar con él, lo rodeaban y le preguntaban por su trabajo archivístico de medio siglo.

Entre periódicos antiguos y recortes olvidados, Alfonso Salazar construyó un archivo que hoy forma parte de la memoria hemerográfica | Ariel Ojeda


El 20 de mayo pasado fuimos a la Hemeroteca Nacional de la UNAM. Desde que Alfonso llega, lo saludan con cariño. Bertha trabaja ahí desde hace décadas y lo llama con respeto “maestro”. Lo intercepta mientras camina y le dice que quiere contarle algo: su hermano vio objetos extraños durante la pandemia cerca del volcán. Y de hecho no es algo inusual, a Alfonso lo detienen cariñosamente para contarle alguna experiencia. Tiene la amabilidad de alguien que sabe lo que es que no te crean y por eso nunca le niega a nadie la cortesía de escuchar.

Le traigo un periódico de marzo de 1975. Antes de abrirlo le digo: “¿Sabes cuál avistamiento estoy buscando?”. Toma el periódico y lo abre directo al 3 de marzo. Ahí está, en la portada, una nota que dice “Registró el aeropuerto los ovnis”. Basta con decirle el mes y el año para que Alfonso recuerde el avistamiento. Le sacó un periódico aún más antiguo y sólo le digo el mes y el año de 1950. Me responde: “Es la nota del primer ovni que publicó El Universal, con dos discos voladores”.

Atina también. Al finalizar la visita, desde las escaleras del patio escuchó que le gritan con alegría: “Alfonso, ¡qué milagro!”. Es Daniel Ciprés, quien solía trabajar en la Hemeroteca y gestionó la exposición de portadas de ovnis. Lo saluda con cariño y me cuenta que gracias a don Alfonso, como lo llama, la exposición de ovnis se ha convertido en una de las dos más visitadas de la Hemeroteca. “Fue una cosa impresionante”, me dice y sigue su camino.

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Le pregunto qué son los objetos que ha pasado todo este tiempo documentando. Me responde: seres de otras galaxias, entidades interdimensionales, viajeros en el tiempo. Y cuando le pregunto qué piensa de quienes se burlan, me responde con cariño: “Creo que su educación no alcanza a comprender que hay mucho más allá”.

Seguimos hojeando los periódicos y me llama desde el otro lado de la mesa, emocionado: “¡Mira, acabo de encontrar uno nuevo para el archivo!”. Es una nota donde el general Gilberto R. Limón, entonces secretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Miguel Alemán Valdés, declaraba que los ovnis eran una fantasía colectiva. Alfonso se ríe y continúa fotografiando con su teléfono los nuevos avistamientos de ese año, que imprimirá, catalogará y guardará en el archivo improvisado, el cuarto que un día fue de su padre. Su sueño es que, algún día, alguien que sepa pasarlo a una computadora se interese en su archivo. “Me gustaría que se digitalice porque, si no se hace, se va a perder todo esto…”


GSC / MMM


  • Laura Sánchez Ley
  • Es periodista independiente que escribe sobre archivos y expedientes clasificados. Autora del libro Aburto. Testimonios desde Almoloya, el infierno de hielo (Penguin Random House, 2022).

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