• Las chinamperas de Xochimilco: guardianas del agua, la tierra y un legado en peligro

Ante el turismo desbocado y abandono oficial, las chinamperas toman el control de Xochimilco: tierra, agua y futuro en un territorio que por siglos les negó el crédito, la voz y la propiedad.

Mariana Rivero y Natalia Croda
Ciudad de México /

EDICIÓN ESPECIAL: Arrancamos el 2026 con siete crónicas escritas por autores menores de 30 años. La Generación Z revisa el México de nuestros días.

DOMINGA.– Las chinampas, raíces vivas en el corazón de Xochimilco, no sólo sostienen y revitalizan la memoria agrícola al sur de la Ciudad de México, sino que también cuentan historias de mujeres que han resistido generación tras generación al ser ellas dueñas, cuidadoras y trabajadoras de la tierra.

Sostienen con sus manos un legado que por mucho tiempo permaneció oculto pero que hoy se presenta y emerge con fuerza, al reclamar un lugar en la preservación de Xochimilco: van a defender sus recursos y a mantener vigentes sus tradiciones.

Construidas sobre lodo, tule y raíces, las chinampas sobreviven desde hace siglos | Especial

Este sistema agrícola, formado por canales interconectados e islotes construidos artesanalmente sobre el antiguo lago, es único en el mundo y ha sobrevivido por más de 700 años. Las chinampas no son tierras flotantes: son estructuras elevadas que los pueblos originarios han levantado capa sobre capa con lodo, tule y raíces para crear suelos fértiles en medio del agua.

Desde tiempos prehispánicos, este entramado hídrico ha garantizado alimento, tejido social e identidad para las comunidades que lo habitan. En Xochimilco, las chinampas no sólo producen: forjan comunidad, sostienen memoria y encarnan una cultura que aún resiste.

Según registros del Instituto de Geografía de la UNAM, en 2021 se tenían identificadas 15 mil 864 chinampas en Xochimilco, de las cuales 864 permanecen activas para cultivos. De estas, sólo en 47.7% se aplica el sistema chinampero, mientras que en 12.5% se han instalado invernaderos.

Hoy, sólo una parte mínima de las chinampas mantiene vivo el sistema agrícola ancestral frente a la expansión de otros usos del suelo | Jesús Quintanar

Aunque el sistema chinampero sigue presente, los usos actuales de las chinampas revelan transformaciones inesperadas. Una parte de estos terrenos se ha destinado a fines que antes no formaban parte del paisaje productivo: alrededor del 9.4% se utiliza para eventos sociales o campos de fútbol; otro 16% se mantiene como pastizales, que en algunos casos funcionan también como zonas de recarga hídrica.

Y sólo 14.4% conserva el proceso chinampero tradicional, que reproduce las prácticas agrícolas ancestrales basadas en el manejo del lodo, la limpieza de canales y el cultivo diversificado.

Chinamperas frente a un sistema que históricamente las relegó

Aunque no existen estadísticas oficiales desglosadas por género para quienes trabajan en estas regiones, productores y productoras estiman, a partir de su trabajo cotidiano, que la comunidad activa está integrada por entre 2 mil y 2 mil 400 hombres y entre 600 y mil mujeres. Esto significa que por cada tres o cuatro productores hombres, hay al menos una mujer chinampera, cuyo papel resulta igual de crucial para preservar esta práctica milenaria.

Rosalba del Valle, chinampera y socia fundadora de la Cooperativa Lintlali, revela cómo las mujeres han debido abrirse camino en un territorio históricamente reservado a los hombres. Desde pequeña creció rodeada de chinampas pero su relación con ellas fue cambiando con el tiempo: primero acompañando a su familia en la venta de productos de la chinampa, principalmente verduras, hierbas y plantas, después involucrándose en la transformación de los productos y, más tarde, liderando proyectos de agroturismo. Su historia refleja la de muchas mujeres que, además de trabajar la tierra, sostienen la vida comunitaria y el hogar, cargando con una doble responsabilidad que rara vez recibe el reconocimiento que merece.

Criada entre chinampas, Rosalba del Valle pasó de acompañar la venta familiar a encabezar iniciativas productivas lideradas por mujeres en Xochimilco | Cortesía

“Antes eran los hombres quienes sembraban y cosechaban. Las mujeres nos encargábamos de la comercialización, del traslado y de la venta, pero no de la tierra misma”, explica Rosalba en entrevista. Esta división evidencia cómo, durante generaciones, las mujeres quedaron relegadas a tareas consideradas “secundarias” dentro del ciclo productivo: podían vender, mover o promocionar lo que se cultivaba, pero no decidir sobre la tierra ni participar en las labores básicas que garantizan la continuidad de la chinampa.

Su testimonio coincide con un patrón documentado en los espacios rurales del país: las labores de producción agrícola han sido tradicionalmente masculinas, mientras que las mujeres quedaban relegadas a actividades como la cocina y el comercio de los productos, además de asumir las tareas de cuidado y reproducción que históricamente no han sido reconocidas como trabajo.

Aunque sostuvieron el sistema, las mujeres chinamperas fueron históricamente excluidas del reconocimiento como productoras | Cortesía

Karla Manzanares, originaria y promotora cultural de Xochimilco, confirma que este juicio sigue pesando sobre las nuevas generaciones. Para ella, ser mujer chinampera implica enfrentar una tradición que durante mucho tiempo les negó el reconocimiento como productoras, aun cuando su trabajo sostenía buena parte del sistema chinampero.

Entran al turismo agroecológico

Sin embargo, con el paso del tiempo, la urbanización y reducción de las familias, las mujeres se han visto en la necesidad de aumentar su presencia en el cultivo chinampero. Ella reconoce que su generación ha tenido que luchar contra prejuicios para lograr que se les vea no sólo como acompañantes, sino como protagonistas del trabajo en la chinampa.

Hoy, sin embargo, la realidad comienza a transformarse. Cada vez más mujeres han tomado el control de las chinampas, involucrándose en todo el ciclo productivo: desde la siembra hasta el turismo agroecológico. Actualmente, en el pueblo de San Gregorio se ha observado un mayor interés de las mujeres por participar en el cultivo y la preservación de las chinampas a través de la agroecología.

La agroecología integra prácticas ambientales y sociales para conservar el suelo y mantener viva la producción chinampera en Xochimilco |Jesús Quintanar

La agroecología, según la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, es un enfoque integral que conjunta la ecología y los aspectos sociales para impulsar innovaciones agroalimentarias con respeto al medio ambiente. Esta práctica funciona como técnica y como forma de vida: un legado que mantiene vivo el suelo de conservación de Xochimilco. Una visión que también respalda la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural del Gobierno de la Ciudad de México.

Aún así, son pocas las mujeres que realizan la totalidad del trabajo de cultivo en las chinampas. “Hace 30 años, cuando empecé a involucrarme en la agroecología, éramos sólo tres mujeres entre 20 hombres. Desde entonces supe que esa decisión marcaba un camino, y creo que eso es fundamental para la igualdad”, explica Rosalba. Para la mayoría, la jornada implica un equilibrio frágil entre trabajo agrícola, actividades de comercialización y responsabilidades domésticas.

Sembrar, vender y atender a los chamacos

Karla añade que esa doble carga sigue marcando la vida de muchas mujeres chinamperas. Explica que no basta con sembrar y cosechar: muchas deben organizar también la venta, el traslado y las tareas del hogar, lo que multiplica su jornada y deja poco margen para el descanso. Sin embargo, subraya que esta entrega demuestra la capacidad de las mujeres de sostener no sólo la tierra, sino también la vida comunitaria.

La situación que describe no es un caso aislado. Datos del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura muestran que sólo el 20% de las unidades de producción agrícola en México están encabezadas por mujeres y, cuando lo están, suelen ser de menor tamaño y con menos acceso a apoyos que las dirigidas por hombres.

Las mujeres chinamperas sostienen la tierra y la comunidad, aun con jornadas más largas y menos reconocimiento | Cortesía

Además, apenas el 15% de las mujeres rurales en México tienen acceso a la propiedad de la tierra, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, lo que limita su autonomía y capacidad de decisión sobre los cultivos.

A esta desigualdad estructural se suma la doble carga: el trabajo agrícola y el doméstico. De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres, el 71.5% de las mujeres rurales realizan labores no remuneradas.El trabajo doméstico y de cuidado representa aproximadamente el 26.3 % del PIB nacional, según estimaciones del Inegi reportadas por ‘El Economista’ (Morales Fredes, 2024), lo que revela la magnitud económica de labores tradicionalmente invisibilizadas y mayoritariamente asumidas por mujeres.

Sin embargo, este aporte sigue siendo invisibilizado, reforzando la idea de que el esfuerzo de las mujeres vale menos, aunque desempeñen las mismas tareas que los hombres. Rosalba lo resume así: “Ser mujer chinampera implica doble esfuerzo: trabajar la tierra y sostener la casa”.

“Ser mujer chinampera implica doble esfuerzo: trabajar la tierra y sostener la casa”, resume Rosalba del Valle sobre un trabajo que sigue siendo poco

En su experiencia, la desigualdad no se manifiesta únicamente en la división de roles, sino también en el reconocimiento. “Al principio, cuando solo me dedicaba a vender, parecía que no había tanto chiste, que no era importante. Fue hasta que empecé a trabajar en el agroturismo que se me empezó a considerar en la toma de decisiones”.

Su voz refleja un cambio gradual: el liderazgo femenino va ganando espacio, aunque persisten estigmas y actitudes machistas que reducen la participación de las mujeres a la cocina o al servicio.

No sólo defienden saberes: también el sustento

La doctora Ángeles Romero, etnohistoriadora y promotora cultural, es delegada certificada del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana y ha trabajado en la preservación de la cocina tradicional y en la vinculación con productores chinamperos. 

Sostiene que “las mujeres tenemos tanta, igual o incluso más capacidad que los hombres para desarrollar cualquier actividad. Pero si no nos quitamos ese velo que nos impide mirar con atención, no vamos a avanzar. Lo digo porque, como mujer, en mi comunidad muchas veces le dan más preferencia al hombre, porque así nos enseñaron”.

En Xochimilco, además, la presión es doble. A los retos de género se suman las amenazas ambientales y urbanas: la contaminación del agua, la expansión de la mancha urbana y la transformación de tierras agrícolas en espacios recreativos o habitacionales. Rosalba describe la chinampería como un “legado en riesgo” y reconoce que la lucha por preservarlo es compleja.

“Es un legado en riesgo”, advierte Ángeles Romero sobre la chinampería, marcada por desigualdades históricas y amenazas ambientales | Cortesía

Pese a todo, las mujeres chinamperas resisten. Desde sus tierras y cooperativas, buscan reconocimiento, equidad y la posibilidad de transmitir a nuevas generaciones un saber ancestral que combina técnica, naturaleza y comunidad. “Ser chinampera es sentir orgullo y emoción, porque sabes que eres parte de un legado; los saberes de mi padre se han transmitido a sus hijos y ahora yo, como mujer, también soy parte de esos saberes y los he enriquecido”, comparte Rosalba.

Karla coincide con esa visión y asegura que la transmisión de conocimientos y experiencias es clave para que la chinampería no desaparezca. Considera que la enseñanza que recibió de su abuela y de otras mujeres de su familia no sólo le dio herramientas para trabajar la tierra, sino también una identidad y un sentido de pertenencia que ahora busca compartir con nuevas generaciones.

Es claro que, hoy por hoy, la participación de las mujeres mantiene vivo un ecosistema agrícola único. La chinampería, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, depende de quienes mantienen viva la tierra y el agua que la sostienen. En ese sentido, la lucha de las chinamperas es también por la supervivencia de Xochimilco.

El turismo que llega y destruye pone en riesgo el territorio y la vida comunitaria de Xochimilco | Cortesía

Por ello es necesario repensarla no sólo como paisaje o destino de fin de semana. El reto está en revisar críticamente el modelo turístico que opera en la zona. Como señala Nora Estrada, antropóloga, cocinera tradicional y subdirectora de Capacitación y formación de la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes de la Ciudad de México, “no podemos seguir sosteniendo este turismo voraz que llega y destruye, una práctica que no solo daña el entorno, sino que invisibiliza el tejido social que lo mantiene vivo”.

Frente a ello, alerta esta funcionaria, el respeto al territorio, a sus habitantes y sus conocimientos resulta una forma urgente de corresponsabilidad.

La ausencia de políticas públicas para las chinamperas

A pesar de la riqueza biocultural que representan las chinampas y de la labor indispensable que realizan las mujeres dentro de este sistema, su presencia sigue sin estar plenamente reconocida en las políticas públicas.

La antropóloga Nora Estrada, quien además es subdirectora de Capacitación y Formación de la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes de la Ciudad de México, señala que, si bien existen leyes como la de acceso a una vida libre de violencia y la de igualdad sustantiva, estas no se traducen en acciones específicas para las mujeres del territorio chinampero. “Hay que seguir desmenuzando y visibilizando todos esos matices que nos pueden llevar a tener políticas de acción mucho más precisas”, acepta la funcionaria.

Ser trabajadoras rurales, cuidadoras y parte de pueblos originarios coloca a las mujeres chinamperas en una situación de múltiple vulnerabilidad |Cor

La falta de atención institucional se agrava al considerar las múltiples dimensiones que atraviesan a estas mujeres: ser trabajadoras rurales, cuidadoras, madres, parte de pueblos originarios, e incluso ser migrantes que llegan a Xochimilco desde otras comunidades para trabajar en las chinampas. La ausencia de servicios de salud, de acceso a educación formal y de programas de apoyo económico profundiza la desigualdad.

Estrada subraya la necesidad de elaborar diagnósticos claros que permitan diseñar políticas públicas con un enfoque más completo, desde atención médica básica hasta becas educativas específicas para hijas e hijos de mujeres chinamperas.

Esa es la razón por la cual, ante el abandono institucional, la organización comunitaria vuelve a tomar fuerza y las mujeres ingresan de lleno a la siembra mientras continúan sosteniendo tareas como la comercialización, la cocina tradicional y los cuidados familiares. Al mismo tiempo, surgen iniciativas para fortalecer estas redes desde lo local: establecer precios dignos en los mercados, promover la venta directa entre productores y consumidores, y revalorar el significado cultural del territorio más allá del turismo de paso.

Entre agua y tierra, las mujeres chinamperas cultivan alimento, memoria y futuro | Cortesía
“Xochimilco es un diamante en bruto. Tiene todo lo que necesitas para sobrevivir, pero muchas personas aún no han visto todo el potencial que encierra”, concluye Rosalba del Valle.

Por ello, las mujeres chinamperas de Xochimilco no solo trabajan la tierra: asumen un papel que desborda lo agrícola, sosteniendo prácticas y conocimientos que mantienen viva una forma de vida amenazada por la modernidad y la desigualdad.

Su trabajo impulsa la economía local, sostiene tradiciones ancestrales y enfrenta de manera directa los desafíos de género que aún persisten en el campo mexicano. En ellas recae no solo la producción de alimentos, sino también la transmisión de saberes y la construcción de comunidad. El futuro de este paisaje milenario está en manos de ellas que, con esfuerzo doble y reconocimiento a medias, siguen sembrando alimentos, comunidad y memoria.


Crónica realizada por alumnos de la carrera de Comunicación en el Tec de Monterrey, campus Ciudad de México: Natalia Croda, Ximena Soriano, Mariana Rivero, Ana Valeria Flores, Roselyn Garcés. Materia: Periodismo Convergente. Profesora: Mariela Gómez Roquero. Fact checking: JRH


MMM


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