M+.- Una mujer con tres hijos, con una depresión crónica, una situación económica precaria y el abandono de su pareja, llamó a la línea de atención en crisis cuando atravesaba, una vez más, un momento en el que podía atentar contra su vida. No era la primera vez: acumulaba ya cinco o seis intentos.
Desde la línea 075 se activaron los primeros auxilios psicológicos y se buscó una alternativa para atender uno de los principales temores de la mujer: que sus hijos fueran separados de ella. Personal de atención en crisis estableció comunicación con el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia para que los menores pudieran quedar bajo resguardo mientras ella recibía atención especializada.
La mujer ingresó a una unidad de internamiento, recibió atención y posteriormente tuvo seguimiento durante aproximadamente dos años. Se estabilizó y continuó con su vida.
La historia, contada a MILENIO por Yolanda García Ávila, responsable del programa Atención Integral del Fenómeno Suicida del Instituto Jalisciense de Salud Mental y Adicciones, muestra que la prevención del suicidio no necesariamente comienza en un consultorio.
Puede iniciar con una llamada, con una persona que escucha, con un familiar que se atreve a preguntar qué está ocurriendo o con un maestro, amigo o compañero que identifica que alguien ya no se comporta como antes.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este jueves 10 de septiembre, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportan que durante el año pasado se registraron más de 8 mil muertes por suicidio en México.
Señales de alerta
La detección oportuna de cambios en el comportamiento puede marcar la diferencia ante una posible conducta suicida, pues dos terceras partes de los suicidios consumados habían registrado hasta tres intentos previos.
Por eso, la prevención no solamente corresponde al sector Salud, sino que debe involucrar a familias, escuelas, centros de trabajo y comunidad, particularmente ante situaciones problemáticas como rupturas amorosas, dificultades económicas, abandono, desempleo o consumo de sustancias.
Así lo manifestó en entrevista a MILENIO Francisco José Gutiérrez Rodríguez, profesor titular del Departamento de Psicología Básica. del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS). de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien resaltó la importancia de que las personas cercanas aprendan a identificar cambios que pueden advertir sobre una situación de riesgo.
“Pueda detectar de manera oportuna estas señales de aislamiento, de cambio de estado de ánimo en la escuela, a través de los tutores. El poder detectar estos cambios en la convivencia con sus pares, o a través, incluso, de los amigos, el poder tener información para poder canalizar oportunamente estos casos”.
Entre las señales de alerta están el aislamiento, dejar de participar en actividades que anteriormente eran habituales, abandonar la escuela o mostrar dificultades para acudir al trabajo y relacionarse con otras personas.
También llamó la atención sobre modificaciones en los hábitos de higiene, la pérdida de interés por actividades que anteriormente motivaban a la persona, así como conductas que pueden representar una alerta mayor, “pero, adicional a esto, indaga métodos efectivos de cómo morir, regala pertenencias y que sería muy importante que la familia tome en cuenta”.
Para García Ávila, en tanto, una de las principales dificultades para prevenir el suicidio es que todavía existen ideas equivocadas sobre quién puede encontrarse en riesgo.
Después de la pandemia, la ansiedad se convirtió en el principal motivo de atención en salud mental, por encima de la depresión. La especialista explicó que existen personas que viven con problemas de salud mental sin haberlos identificado y que terminan normalizando señales como no dormir, despertarse constantemente durante la noche, llorar durante largos periodos o experimentar cambios importantes en su alimentación.
En el caso de la ansiedad, añadió, pueden aparecer pensamientos catastróficos, una preocupación constante por situaciones futuras y manifestaciones físicas como taquicardias, sudoración de las manos o la sensación de no poder respirar.
Pero cuando aparecen expresiones relacionadas directamente con la muerte, el abordaje debe ser todavía más claro. García Ávila recomienda no tener miedo de preguntar. Frases como “ya pronto todo se va a resolver” o “van a estar ya mejor sin mí” pueden ser señales que requieren una conversación directa para conocer qué está ocurriendo.
La pregunta también puede ser directa: si la persona está pensando en atentar contra su vida. Si responde que sí, la especialista recomienda evitar juicios, sermones o intentar resolver la situación desde la experiencia personal.
Atención a crisis
En el caso de Jalisco, los datos de la línea de intervención en crisis 075 muestran la dimensión de las problemáticas de salud mental que enfrenta la entidad.
De acuerdo con registros del Sistema Integral de Atención en Crisis, entre el 17 de marzo y el 16 de julio de 2026 se contabilizaron 3 mil 825 llamadas a esta línea. De ellas, se identificaron 206 casos con riesgo suicida.
Del total de casos con riesgo suicida, 173 correspondieron a ideación suicida, 27 a autolesión, cuatro a posesión de arma y dos a salto al vacío.
Los principales motivos asociados a las llamadas fueron síntomas de ansiedad, con 751 casos; depresión, con 564; problemas familiares, con 467, y problemas de pareja, con 280 casos.
La población usuaria estuvo conformada principalmente por personas de entre 35 y 44 años, mientras que los municipios con mayor registro de llamadas fueron Guadalajara, Zapopan, Tlajomulco de Zúñiga, Tlaquepaque y Tonalá, además de otros municipios.
El enlace puede realizarse mediante la línea de atención en crisis o trasladando a la persona a un espacio donde pueda recibir valoración y atención profesional. La línea 075 opera las 24 horas, los 365 días del año. Quienes atienden son interventores en crisis con formación en psicología y capacitados para brindar contención y orientación.
Impacto de género
La diferencia entre hombres y mujeres también revela un componente social. Los varones mueren más por suicidio, mientras que las mujeres presentan más tentativas, una situación que García Ávila relaciona con la forma en que culturalmente se permite o limita la expresión emocional:
“A las mujeres se nos permite más decir que nos sentimos enojadas, que nos sentimos tristes. Hablar de estas emociones mientras que los varones es: 'tú te aguantas'”.
Aunque las nuevas generaciones comienzan a modificar esta conducta, los hombres todavía solicitan ayuda con menor frecuencia:
“¿Por qué? Por el contexto social de 'es que yo soy hombre, debo de aguantarme, debo de superar esto yo solo'. Y no esta parte de si tú estás viviendo una cuestión de ideación suicida, si estás viviendo una depresión, si estás viviendo una ansiedad o algo de que te que te esté acongojando, que te esté sacando de de tu estado de de confort, de tu estado de bienestar, tienes que atenderlo”.
La especialista explicó que los hombres también tienden a involucrarse en conductas de mayor riesgo, aunque advirtió que las diferencias pueden modificarse conforme cambien los comportamientos sociales. Más allá del género, edad o diagnóstico, ambos especialistas coinciden en que la prevención requiere ampliar la mirada.
Detrás del impulso
Para el académico Francisco José Gutiérrez Rodríguez, estos datos también permiten observar que la conducta suicida no puede explicarse a partir de una sola causa.
"Creo que es muy importante hablar de los factores de riesgo asociados a la conducta suicida. Tenemos que hablar de la pobreza, de la marginación, tenemos que hablar de los grupos de edad, los problemas familiares, el consumo cada vez más temprano de alcohol o drogas, hablar de los problemas de pareja”.
En el caso de adolescentes, agregó, las rupturas amorosas pueden convertirse en un detonante, mientras que en adultos mayores existen factores como la soledad no deseada, el abandono, la jubilación y el desempleo:
“En las personas adultas, los problemas de familia o relacionados con la educación de los hijos, y cada vez el deterioro más de las condiciones de vida al no tener un proyecto de vida y un adecuado manejo del tiempo libre”.
Ante este panorama, el especialista consideró que uno de los principales retos para Jalisco es fortalecer la detección temprana y la coordinación entre las instituciones que atienden la salud mental.
“Creo que dentro del plan estatal de prevención del suicidio deben de incluirse esta detección oportuna a través de la capacitación de los diferentes sectores poblacionales”, dijo.
También planteó la necesidad de mejorar los mecanismos de atención y canalización de las personas que requieren apoyo: “Si bien es cierto que existe una red de prevención del suicidio con actividades ya muy localizadas para cada institución, lo cierto es que se necesita tener un sistema de referencia, contrarreferencia, mejorar la calidad de los servicios, el financiamiento”.
Recursos de apoyo
El académico señaló además que el presupuesto destinado a salud mental continúa siendo un reto. “Para la salud mental en el país es un problema generalizado, pero tenemos menos de uno por ciento del gasto en salud para la salud mental, cuando las recomendaciones serían hasta 7 por ciento del gasto en salud”, lamentó.
A ello, dijo, se suman barreras como el estigma y la discriminación, además de la idea de que acudir con un especialista únicamente es necesario para quienes tienen un trastorno psicológico.
Gutiérrez Rodríguez consideró que cambiar la manera en que se habla del suicidio también forma parte de la prevención, pues el temor a ser juzgadas puede llevar a las familias a negar o esconder las problemáticas que enfrentan:
“Sí, yo creo que, para evitar este este estigma, tiene que recuperarse las narrativas, cambiar la forma en que hablamos de la conducta suicida como equivalente a que hay problemas que no se pueden solucionar”.
Por ello, llamó a generar espacios donde las personas puedan expresar lo que están viviendo y recibir orientación para acceder a servicios especializados.
También destacó la importancia de que los primeros auxilios psicológicos sean conocidos por padres de familia, maestros, compañeros de escuela y trabajadores, para saber cómo acercarse a una persona que atraviesa una crisis.
“El problema del suicidio no es un problema solamente del sector salud, tiene que ver con la convergencia de diferentes sectores en el ámbito educativo, en el ámbito laboral, en el ámbito de la comunidad a nivel social”, señaló.
El académico insistió en que hablar de salud mental debe alejarse de la idea de que los problemas emocionales sólo corresponden a quienes tienen un trastorno:
“Es importante hablar, la vida vale la pena vivirla, y a veces un número telefónico puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte”.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la apuesta está precisamente en reducir el silencio: reconocer las señales, preguntar directamente, escuchar sin juzgar y buscar ayuda especializada cuando sea necesario.
MC