Por la situación crítica y de riesgo tanto para la fauna como para los vecinos, la Unión de Colonos de Olinalá AC contrató un guardabosque capacitado, recomendado por las autoridades estatales, tras 15 episodios de riesgo a nueve casas distintas y destrozos de osos en residencias del sector.
Por ello, y tras la denuncia presentada ante la Profepa, Parques y Vida Silvestre de Nuevo León pidió a la agrupación sustentar los casos que los residentes adelantaron en exclusiva a la plataforma MILENIO-Multimedios.
Michael Zenkl Novak, presidente de la asociación civil, informó que el viernes pasado los colonos sostuvieron una reunión con Parques y Vida Silvestre (PyVS), dependencia que solicitó un oficio con los casos para mostrárselos a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.
“Nos solicitan un oficio en el cual documentamos las invasiones a los domicilios para ellos pasarlo a la Profepa, y por la situación crítica y de peligro tanto para la fauna como para los vecinos, la Unión de Colonos contrató desde el 23 de septiembre a un guardabosque capacitado (recomendado por PyVS y Reserva Natural Chipinque)”, informó el presidente a través de un escrito a petición.
El registro de casos a las residencias del sector Olinalá inició desde el pasado 22 de septiembre, con 15 entradas a nueve distintas casas hasta dos o tres veces, con destrozos de vidrios, ventanas, puertas y chapas de puertas. Informó que la Dirección de Protección Civil de San Pedro Garza García acudió a atender los casos ante la mayoría de reportes de osos hechos por los residentes.
Uno de los episodios ocurrió cuando una de las vecinas logró esconderse en un ropero, ante el pánico que le generó el ingreso de un oso a su residencia, y un vecino entró por una ventana y por ahí extrajo a la señora con ayuda de los hijos.
“Fuimos varios vecinos a apoyar, la decisión que tomamos: yo ingresé por una ventana para poder cerrar la puerta y dividir el espacio donde estaba la vecina dentro de un ropero, y con la ayuda de sus hijos pudimos sacarla por la ventana”, relató.
El segundo caso ocurrió el 22 de septiembre pasado, alrededor de las 20:00, donde dos niñas pequeñas estaban en casa con una persona de confianza que las cuidaba mientras sus papás regresaban.
El padre de familia, que pidió su anonimato, dijo que un oso de gran tamaño rompió las barras con las que habían bloqueado una puerta, venció el acceso y entró.
El oso se fue directo a la cocina. Abrió el refrigerador e hizo destrozos. Durante cerca de una hora sacó comida, movió cosas, tiró objetos y deambuló por la casa.
Las niñas, acompañadas por un adulto, corrieron buscando resguardo en otra habitación, donde permanecieron encerradas.
La mamá de las niñas en el teléfono, impotente, a la distancia, sólo escuchaba ruidos, golpes y el llanto de sus hijas.
“Sentí algo que no se lo deseo a nadie”, dijo la mamá.
Vecinos llegaron a ayudar y finalmente lograron ahuyentarlo, haciendo ruido; el oso salió caminando, brincó la barda y se fue. Pero para la familia el episodio no terminó ahí.
“En casa se quedan el estrés y la zozobra. Ahora cualquier ruido vuelve a ponerlos en alerta”, dijo.
Y esto ocurrió en una familia que lleva años coexistiendo con los osos, que no los alimenta y que cuida sus residuos, incluso utilizando contenedores diseñados para dificultar el acceso de los animales. En esa misma cuadra reportan aproximadamente cinco intromisiones en las últimas dos semanas.
El otro caso es el de una mujer de 70 años que estaba sola cuando un oso ingresó a su vivienda, alrededor de las 08:00, en la semana del 21 al 27 de septiembre.
Durante casi una hora tuvo que atravesar distintas áreas de su propia casa, abrir puertas para intentar darle salida y utilizar una corneta para tratar de ahuyentarlo.
El oso se fue. Después regresó. Y volvió a regresar.
La familia reporta tres ingresos y señala que en cada ocasión el animal se ha adentrado más en la vivienda.
Ahora, esa señora tiene dificultades para dormir.
mrg