• Jalisco enfrenta centralización de médicos que deja desprotegidos a pacientes al interior del estado

  • El sistema de salud estatal enfrenta un faltante aproximado de mil 500 médicos y hay entre 1.3 y 2 médicos para cada mil habitantes
Teresa Sánchez Vilches
Guadalajara /

Hay una forma sencilla de medir un sistema público de salud. No es con informes ni con discursos. Se logra enfermándose.

En teoría todo parece ordenado. Hay hospitales, clínicas, especialistas, presupuestos, estadísticas que hablan de cobertura médica. Pero cuando alguien se enferma de verdad, cuando aparece una fiebre que no baja o un dolor que no se explica, sobre todo al interior de los estados, la pregunta es: ¿Dónde está el médico?

En Jalisco, como en muchas otras partes del país, esa búsqueda puede convertirse en un pequeño viaje. Empieza en el centro de salud del municipio. Si el problema no se resuelve ahí, el siguiente paso suele ser la cabecera municipal. 

Si el diagnóstico requiere algo más complejo, el destino casi siempre es una ciudad mayor. Guadalajara, casi siempre. A veces Puerto Vallarta, Tepatitlán, Lagos de Moreno o Ciudad Guzmán.

Ahí están los hospitales grandes, los especialistas, los equipos médicos que permiten diagnósticos más complejos. Ahí está también la mayor parte de los médicos.

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El déficit no sólo es cantidad, sino ubicación

El problema, explica el médico Igor Ramos Herrera, profesor investigador del Departamento de Salud Pública del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara (UdeG), no es solamente que falte personal de salud. El problema es dónde están.

“La forma de evaluar si existe o no un déficit es compararlo contra estándares internacionales. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos recomienda que haya aproximadamente entre cuatro y cinco médicos por cada mil habitantes. Cuando uno toma esos parámetros y los compara con la realidad del estado, se vuelve evidente que estamos muy por debajo de lo que se considera adecuado para garantizar una cobertura médica suficiente”.

Jalisco, por debajo de los estándares internacionales

En Jalisco hay menos de la mitad. El estado cuenta actualmente con entre 1.3 y 2 médicos por cada mil habitantes. La cifra se encuentra muy por debajo de las recomendaciones internacionales.

Si se observa el promedio nacional, la situación mejora ligeramente, pero sigue siendo baja. México tiene alrededor de 2.4 médicos por cada mil habitantes, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La distancia entre esas cifras y el estándar internacional explica buena parte del problema. “Esto sí nos marca que hay un déficit en la cantidad de médicos.

Aunque se formen profesionales cada año en las universidades, la relación entre médicos y población sigue siendo insuficiente, y además el crecimiento de la población hace que esa brecha se mantenga prácticamente constante”.

Más demanda, los mismos médicos

Las autoridades estatales lo reconocieron públicamente hace pocos meses. De acuerdo con cálculos presentados por el propio gobierno de Jalisco, el sistema de salud estatal enfrenta un faltante aproximado de mil 500 médicos.

Al mismo tiempo, la presión sobre hospitales y clínicas no deja de crecer. En los años más recientes, la demanda de servicios médicos en clínicas públicas del estado aumentó cerca de 40 por ciento.

Más pacientes. Más consultas, pero prácticamente los mismos médicos. La cifra no alcanza para explicar del todo lo que ocurre. El problema no es solamente cuántos médicos existen, sino cómo están distribuidos.

Documentos como el Atlas de salud del estado de Jalisco, publicado en 2020 y desarrollado por académicos de la UdeG en colaboración con la Secretaría de Salud estatal, permiten observar el sistema sanitario desde una perspectiva territorial.

El proyecto utiliza sistemas de información geográfica para cruzar datos de población, enfermedades, infraestructura hospitalaria y recursos humanos en salud.

Cuando esos datos se colocan sobre el mapa, aparece un patrón claro: los recursos médicos se concentran. Guadalajara encabeza esa concentración. Como capital del estado y principal centro urbano, reúne hospitales de tercer nivel, clínicas privadas, universidades y centros de especialización médica.

Allí se forman médicos, se realizan residencias y se concentran los hospitales con mayor capacidad tecnológica.

Polos regionales y vacíos en el interior

A su alrededor aparecen otros polos regionales donde también se ubican hospitales importantes. Puerto Vallarta, Tepatitlán de Morelos, Lagos de Moreno y Ciudad Guzmán funcionan como nodos regionales del sistema sanitario.

Fuera de esos puntos, el mapa cambia. En muchas regiones del interior del estado, la red sanitaria depende de centros de salud pequeños o unidades médicas con recursos limitados. En esas localidades, la atención recae principalmente en médicos generales que atienden poblaciones amplias.

Cuando aparece un problema que requiere especialistas o infraestructura hospitalaria más compleja, el camino suele conducir hacia las ciudades. La desigualdad se vuelve todavía más evidente cuando se observan los distintos niveles del sistema sanitario.

Además, la profesión de los médicos, no es bien remunerada en los primeros niveles de cuidado (Foto: Archivo)

En el primer nivel trabajan médicos generales que atienden en centros de salud y clínicas familiares. Allí se resuelven la mayoría de los problemas médicos cotidianos.

En el segundo nivel aparecen especialidades como pediatría, medicina interna, cirugía general o ginecoobstetricia. En el tercer nivel se encuentran las subespecialidades: cardiólogos, neurólogos, oncólogos, psiquiatras. A medida que se sube en esa pirámide, los médicos se vuelven más escasos.

“En el primer nivel todavía encontramos médicos generales en los centros de salud, pero conforme avanzamos hacia el segundo nivel y después hacia las subespecialidades, el número de profesionales disminuye. Eso hace que el déficit se vuelva más evidente. Cada escalón del sistema requiere mayor formación y mayor infraestructura, y eso también limita el número de especialistas disponibles”, explica Ramos Herrera.

Salud mental: un ejemplo crítico

A decir de Romero, un ejemplo claro aparece en la salud mental. En Jalisco existen alrededor de 6.28 psiquiatras por cada cien mil habitantes. La cifra podría parecer suficiente hasta que se observa dónde trabajan esos especialistas. La mayoría está en Guadalajara.

“Si uno observa el mapa del estado, prácticamente todos los psiquiatras están concentrados en la zona metropolitana de Guadalajara o en algunos centros urbanos importantes. Si te vas a los municipios del interior, la cifra cae drásticamente. En algunos lugares simplemente no hay ningún psiquiatra disponible”, dice.

Eso significa que hay municipios completos donde la salud mental simplemente no tiene especialista. El problema no se limita a Jalisco. Forma parte de una tensión más amplia que atraviesa al sistema sanitario mexicano.

México, por debajo del promedio internacional

Una investigación publicada en 2024 en la revista científica The Lancet Regional Health-Americas advierte que México tiene alrededor de 2.5 médicos por cada mil habitantes, una cifra considerablemente menor que la de muchos países desarrollados.

En los países de la OCDE, el promedio suele ubicarse entre 3.5 y 4 médicos por cada mil habitantes. La diferencia parece pequeña en una tabla. En la vida cotidiana se traduce en algo mucho más visible: más pacientes por médico, consultas saturadas y sistemas de salud que funcionan al límite de su capacidad.

El estudio también señala que el problema no se explica únicamente por el número total de médicos formados. México cuenta con cientos de miles de profesionales titulados, pero no todos trabajan atendiendo pacientes.

Algunos se dedican a investigación, administración o docencia. Otros migran al sector privado o al extranjero. Eso reduce la disponibilidad real de médicos para la población.

El número de médicos por cada mil habitantes, se encuentra por debajo de las recomendaciones internacionales en Jalisco (Foto: Archivo)

Condiciones laborales y desigualdad

De acuerdo con el Observatorio de Ocupaciones de DataMéxico, construido con información de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, en el país trabajan alrededor de 346 mil médicos.

Pero no todos lo hacen en las mismas condiciones. Cerca de uno de cada cinco trabaja en condiciones informales, sin estabilidad laboral o seguridad social.

Aun así, el sector público sigue siendo el principal empleador médico.

El Observatorio de Ocupaciones indica que alrededor de 72 por ciento de los médicos trabaja en instituciones públicas, como el IMSS, el ISSSTE o los servicios estatales de salud. Ese sistema es el que atiende a la mayor parte de la población y también es el que enfrenta las mayores presiones.

El factor económico en la distribución

Las condiciones laborales influyen en cómo se distribuyen los médicos en el territorio. La formación médica en México puede tomar más de una década entre licenciatura, internado, servicio social y especialidad. Sin embargo, los ingresos no siempre reflejan ese recorrido.

En los resultados del mismo observatorio se ve que el ingreso promedio de los médicos en México ronda 8 mil 900 pesos mensuales, una cifra que incluye distintas condiciones laborales y niveles de experiencia. Cuando se observa con mayor detalle, aparecen diferencias importantes.

Plataformas de análisis laboral como Indeed señalan que un médico general puede percibir entre 11 mil y 15 mil pesos mensuales, dependiendo del lugar donde trabaje y su experiencia.

Los especialistas ganan más. Tabuladores salariales de instituciones públicas como el ISSSTE indican que un médico especialista puede percibir entre 32 mil y 50 mil pesos mensuales brutos, dependiendo del nivel del puesto y la antigüedad.

Sector privado, con cifras más variables

Un especialista con consulta propia o que trabaja en hospitales privados puede superar los 60 mil pesos mensuales y, en algunas especialidades, los ingresos pueden acercarse incluso a 100 mil pesos o más, dependiendo del volumen de consultas o procedimientos.

Las consultas privadas reflejan esa diferencia. Una consulta con médico general suele costar entre 300 y 800 pesos, mientras que la atención con especialistas en hospitales privados puede alcanzar varios miles de pesos.

Ese contraste económico también influye en el mapa sanitario. “No es falta de vocación”, dice Ramos Herrera.

“Cada año, miles de jóvenes intentan entrar a la carrera de medicina. El problema es que muchas plazas en el sector público se encuentran en zonas rurales o en lugares donde las condiciones laborales, la infraestructura o incluso la seguridad no son las mejores. Entonces, muchos médicos prefieren quedarse en las ciudades, donde pueden trabajar en hospitales privados, consultorios o incluso en consultorios anexos a farmacias”.

El resultado es un sistema que forma médicos, pero no logra distribuirlos donde se necesitan. En las ciudades se concentran hospitales, especialistas y clínicas privadas.

En muchas comunidades del interior, la atención depende de uno o dos médicos generales que intentan cubrir las necesidades de poblaciones completas.

Ante una grave enfermedad, pacientes del interior del Estado deben trasladarse a las grandes ciudades (Foto: Archivo)

Tiempos de espera y alternativas privadas

Las consecuencias se ven todos los días en las salas de espera. En muchos centros de salud del estado trabajan uno o dos médicos que atienden a toda la población de la zona. Las personas pueden esperar horas antes de entrar al consultorio.

En el sistema de seguridad social, el procedimiento es distinto. Las consultas se asignan por cita y la atención suele ser puntual. El problema aparece antes: conseguir la cita puede tardar semanas.

“En algunos casos, el sistema de citas funciona bien el día de la consulta, pero el problema es cuándo te dan esa cita. Si uno llega con un problema que no es urgente, puede recibir un espacio dentro de un mes porque la agenda está llena. El día que llega la consulta, la atención es rápida, pero el paciente tuvo que esperar semanas para poder ser atendido”, explica Ramos Herrera.
Ese retraso puede tener consecuencias: “El problema es que puede haber agravación de la enfermedad o cambios en las condiciones del paciente. Cuando la atención médica se retrasa, a veces el padecimiento ya evolucionó y requiere tratamientos más complejos”.

Ante esa espera, muchos pacientes buscan otra alternativa. Consultorios privados o instalados junto a farmacias se convirtieron en una vía rápida para recibir atención médica cuando el sistema público tarda demasiado.

Un problema que va más allá de formar médicos

El mapa de la salud en Jalisco muestra justamente eso. La medicina no depende solamente de cuántos médicos existen, sino también de cómo se distribuyen.

Un hospital colocado en el lugar adecuado puede reducir distancias para miles de personas. Uno demasiado lejos puede convertir una consulta médica en un viaje. Por eso, los investigadores que analizan el sistema sanitario coinciden en que el déficit médico no se resolverá únicamente formando más profesionales. Se necesita algo más.

“Incentivar que los médicos vayan a las zonas rurales, mejorar salarios, ofrecer apoyos de vivienda o dar incentivos académicos para quienes trabajen en comunidades alejadas. También se necesita fortalecer el primer nivel de atención para que los problemas de salud se resuelvan antes de llegar a los hospitales”, explica Ramos Herrera.

Sin una política integral, advierte, el déficit seguirá creciendo al mismo ritmo que la población.

Entonces, la pregunta seguirá siendo la misma cuando alguien se enferme en un municipio del interior del estado. No qué tiene. Sino dónde está el médico.

JVO

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