M+.- Este viernes 26 de junio, mientras el mundo conmemora una vez más el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas con los discursos de costumbre, en Jalisco hay una cifra importante. Dos de cada tres personas que ingresan a un centro de rehabilitación llegan por el cristal. No por el alcohol de toda la vida, no por la mariguana que tanto asusta a los padres, no por la cocaína de las películas. Por el cristal. La metanfetamina, la piedra barata que se fuma y que en unos meses desarma a una persona, es hoy el primer motivo por el que alguien, en este estado, decide encerrarse para dejar de consumir.
“Dos de cada tres internamientos se deben al consumo de metanfetamina o de cristal. Es una droga potente que genera bastante disfuncionalidad y bastante adicción”, asegura a MILENIO Luis Arturo González Lozano, director general del Consejo Estatal de Salud Mental y Adicciones.
¿Qué es el cristal y cómo actúa en el organismo?
Conviene aclarar de qué se habla. La metanfetamina es un estimulante sintético del sistema nervioso central, y el cristal es la forma en que se vende en la calle, llamada así por su apariencia de fragmentos sólidos parecidos al vidrio. Se fuma, se inhala o se inyecta, y actúa sobre el sistema de recompensa del cerebro, la zona asociada al placer, liberando grandes cantidades de dopamina. Eso produce una sensación intensa de energía y euforia, y también explica su alto poder adictivo, porque el cerebro busca que este estímulo se repita. A diferencia del alcohol, que tarda años en causar un deterioro grave, el cristal puede dejar secuelas serias en cuestión de meses.
Una cosa es la droga que más se consume. Otra, muy distinta, la que más destruye. La gente, los periódicos, los políticos suelen confundirlas. Si uno mira lo que se consume todos los días en Jalisco, en las fiestas, en las reuniones, en las casas, lo que manda es el alcohol; después el tabaco, después la mariguana, después la cocaína. La metanfetamina aparece mucho más abajo. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat), el estudio más amplio que mide el consumo de sustancias en el país y que en 2025 se actualizó por primera vez en casi una década, la deja en cifras chicas. Las anfetaminas, un 1.5 por ciento de prevalencia. El fentanilo, ese que llena titulares, ni siquiera llega al 0.2 en el estado.
La paradoja del consumo en Jalisco
O sea. La droga de la que menos hablan las encuestas es la que más camas ocupa. Es la paradoja entera del asunto. El cristal no necesita extenderse entre muchos para hacer su trabajo. Le alcanza con quien agarra. Después de la metanfetamina, el segundo motivo de internamiento es el alcohol, una de cada cinco personas, y el tercero la mariguana, esa que casi todos prueban y que a casi nadie encierra.
La encuesta de 2025 trae además un mapa que a Jalisco no lo favorece. La región Occidente, que junta a Jalisco con Zacatecas, Aguascalientes, Nayarit y Colima, llegó a una prevalencia de consumo de drogas alguna vez en la vida de 15.3 por ciento. De las más altas del país, solo por debajo de la Península Norte, de la Ciudad de México y del Noroccidente. En diez años, el consumo experimental de drogas ilegales entre los adultos del país pasó de 10.6 a 14.6 por ciento. Sube. Sube despacio, sin tanta alharaca, sin que hasta ahora ninguna campaña federal lo nombrara como lo que es.
Menos consumo juvenil, más internamientos en adultos
Hay un dato más en esa encuesta que desmiente la idea del adolescente perdido. Entre los jóvenes, el consumo de drogas ilegales bajó de 6.2 a 4.1 por ciento, y el de mariguana también cedió. Los que llenan las camas no son los muchachos de secundaria. Son hombres adultos, gente que llegó a la adicción después de un largo trecho de fracasos. Eso revela que el problema no se cura solo con el tiempo, que no es una rebeldía de juventud que se pasa con los años, sino una herida que se queda y que crece si nadie la atiende.
González Lozano señala que en los establecimientos con registro, los que reportan, la relación es de casi nueve hombres por cada mujer. “De cada diez personas, prácticamente nueve son hombres por una mujer”. Mayores de edad, casi todos. Las mujeres caben en el margen, en ese diez por ciento que se menciona de pasada y se olvida enseguida.
El consumo de alcohol en mujeres
Sin embargo, en ese margen pasa lo que tal vez sea lo más revelador de todo. Mientras el alcohol bajaba entre los hombres y entre los menores, entre las mujeres subió. Llegó a 62 por ciento, de acuerdo con la lectura que el director hace de la encuesta. El número solo no dice nada. González Lozano le busca sentido y lo encuentra en la salud mental. El consumo de cualquier sustancia, dice, casi siempre tapa algo que duele más abajo. El insomnio. El estrés. Una tristeza que no alcanza a ser diagnóstico, pero que está y carcome. Recuerda que en la pandemia mucha gente dejó de dormir y empezó a beber, a fumar, a consumir de más. Visto así, ese 62 por ciento no es una rareza estadística. Es la marca de un malestar que nadie atendió. Las mujeres de Jalisco no beben más por gusto. Beben más porque algo se les rompió y no hubo quien lo arreglara. Y beben solas, casi siempre, lejos de las estadísticas que cuentan a los hombres en los anexos, porque la mujer que toma de más todavía carga con un estigma que la empuja a esconderse, a no pedir ayuda, a aguantar en silencio hasta que el cuerpo avisa.
Detrás de cada consumo hay una circunstancia. Detrás de cada internado hay una historia anterior a la primera dosis. El cristal, el alcohol, la mariguana son la superficie de algo que ocurre adentro, en la vida privada de cada quien. Ya no se puede mirar la droga, dice, como un asunto aparte de la cabeza de la gente.
Los anexos y el sistema paralelo
Pero hay una parte del problema que ni siquiera entra en las cuentas del Consejo. Sus datos salen de establecimientos con registro, los que reportan al Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (Sisvea). Existe otro circuito, paralelo, a oscuras, que esos números no tocan. Los anexos. Lugares que, dice, “no cuentan con un registro ni una supervisión de parte del Estado para poder obtener un tratamiento profesional de calidad”. A ellos llega buena parte de la gente que no tiene a dónde más ir, y lo que pasa dentro de sus paredes no figura en ninguna encuesta, no engrosa ningún porcentaje, no existe.
Lo poco que se sabe de ese circuito da miedo. La Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios de Jalisco calcula que en el estado hay unos 360 anexos. Hasta febrero del año pasado, apenas 177 tenían registro. Más de la mitad funciona sin licencia, sin supervisión, sin nadie que vigile lo que ocurre adentro. Y lo que ocurre adentro a veces sale a la luz por la vía más cruda. En los primeros siete meses de la actual administración, la Fiscalía del estado localizó a diez personas reportadas como desaparecidas que estaban internadas en centros de rehabilitación o anexos. Algunas habían sido ingresadas contra su voluntad. En esos lugares que se le escapan a la autoridad está, casi siempre, la gente más pobre, la que no pudo pagar una clínica privada y terminó donde la dejaron, sin saber si la iban a curar o a maltratar.
Respuesta del Estado ante la crisis
El panorama que el Estado puede ofrecer está, por eso, recortado. Cuenta a los que llegaron a la puerta correcta y deja afuera a los que fueron a dar a la otra, la que no tiene placa ni inspección, la de la que algunos no salen.
¿Y con qué responde Jalisco a un problema de ese tamaño? González Lozano hace la lista. Dos centros de atención integral en salud mental, uno de estancia breve y otro de estancia prolongada, con un mínimo de 60 camas en uno y más de cien en el otro. Cerca de 20 centros comunitarios en las regiones, que atienden en primer nivel, sin internar. El Hospital San Juan de Dios, del Seguro Social. Las áreas de salud mental de los hospitales civiles.
Reorientación federal y tendencia en Jalisco
El gobierno federal anunció que en 2026 su campaña nacional de prevención, centrada durante años en el fentanilo, se reorientará hacia las metanfetaminas, luego de que la Encodat 2025 registrara un aumento en su consumo.
El movimiento llega cuando en Jalisco el cristal lleva al menos una década como primera causa de internamiento, una tendencia que el Sisvea documenta desde 2015. Mientras tanto, la sustancia mantiene en el estado las dos características que explican su avance: un bajo costo en el mercado y una alta capacidad de generar dependencia en poco tiempo. Dos de cada tres personas que ingresan hoy a tratamiento residencial en Jalisco lo hacen por su consumo.
MC