¿Quién desperdicia más comida, un restaurante o tú en casa?

El desperdicio de comida en casa suele estar relacionado con mala planeación y el almacenamiento.

Un 60 por ciento del desperdicio de comida ocurre en los hogares. | Especial
Angela Molina
México /

M+.- En la conversación pública sobre el desperdicio de alimentos, suele señalarse a restaurantes, supermercados o grandes cadenas. Sin embargo, la realidad apunta a otro lugar mucho más cotidiano: el hogar.

A nivel global, el 60 por ciento del desperdicio alimentario ocurre en los hogares, por encima del sector restaurantero y del comercio minorista. Es decir, gran parte del problema se decide entre el refrigerador, la despensa y los hábitos de consumo diarios.

“60 por ciento del desperdicio viene de los hogares, pero el 40% viene de la cadena de producción y también de la industria de la distribución”, explicó Braulio Valenzuela en entrevista para MILENIO, Country Manager de Cheaf en México.

La cifra desmonta la idea de que el desperdicio es un fenómeno exclusivo de la industria. Por el contrario, coloca a los hogares como actores centrales tanto del problema como de la solución.

Creencia de que desperdiciamos menos

Uno de los hallazgos más relevantes de la Encuesta Regional sobre Percepción de Desperdicio de Alimentos 2025 es la desconexión entre lo que creemos y lo que realmente ocurre en casa.

De acuerdo con el estudio, el 78 por ciento de las personas considera que desperdicia menos comida que el promedio, lo que evidencia una brecha importante entre percepción y realidad.

Para Valenzuela, este fenómeno tiene una explicación cultural y psicológica:

“A nadie nos gusta identificarnos a nosotros mismos como un desperdiciador… las personas no quieren admitir algunas veces las cosas que están haciendo ellos”, señala.

A esto se suma una característica particular en México: la relación con la comida.

“Por un lado, la comida es muy sagrada… pero por el otro lado, también en México la comida es muy abundante. Entonces, cuando cocinamos, cocinamos mucho”, explica.

Esa abundancia, que culturalmente se asocia con hospitalidad y generosidad, termina generando excedentes que con frecuencia acaban en la basura.

El desperdicio va más allá del hogar

Aunque los hogares concentran la mayor parte del desperdicio, la cadena completa también juega un papel relevante. Desde la producción hasta el punto de venta, existen dinámicas que incentivan la merma. Una de ellas es el estándar estético de los alimentos.

“Nos han acostumbrado a ver anaqueles llenos y en esos anaqueles llenos nosotros poder tomar decisiones. Si nosotros queremos manzanas y vemos todas esas manzanas, pues lo que sucede es este fenómeno en que empezamos a tentarlas, empezamos a ver cuál es la que más nos gusta y esa nos llevamos, pero mientras tanto, por cada manzana que tomamos, pues nos llevamos varias atrás.”, describe Valenzuela.

Otro factor es la sobreproducción basada en proyecciones de venta.

“Todos los negocios de alimentos, restaurantes, panaderías, tienen una proyección de cuántos alimentos deberían vender el día de hoy y, si no sucede eso, pues generalmente eso va hacia la merma”.

Incluso en productos de consumo cotidiano, como la pizza, esta lógica se repite:

“Hay una gran cantidad de cadenas de pizzerías que tienen proyecciones de cuántas pizzas tienen que estar vendiendo cada 30 minutos, y si no las logran vender, se van a la basura”.

Así, el desperdicio no es solo un problema doméstico, sino una ineficiencia estructural que atraviesa toda la cadena alimentaria.

Un problema ambiental y económico

Más allá de la comida que se tira, el desperdicio arrastra una huella ambiental significativa.

Cada alimento que termina en la basura implica agua, energía, suelo y emisiones utilizados en su producción. A nivel global, el desperdicio representa entre ocho y 10 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero —casi cinco veces las emisiones totales del sector de la aviación, de acuerdo con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático—.

Para dimensionar el impacto, Valenzuela lo resume así:

“Si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer país que emana más gases de efecto invernadero, solo detrás de China y Estados Unidos”.

El problema también presiona recursos clave. La agricultura utiliza cerca del 70 por ciento del agua dulce disponible, y una parte importante se destina a alimentos que nunca se consumen.

En México, el impacto también se refleja en la economía, ya que “se desperdician 30 millones de toneladas anualmente… estamos hablando de entre dos y 2.5 del PIB nacional”, advierte Valenzuela.

Esto no solo implica pérdida de recursos, sino también un efecto directo en los precios

“La merma es un costo para los negocios, ese costo lo trasladan como en el paquete del precio que ellos hacen para nosotros como consumidores”.

La encuesta regional muestra que el desperdicio en casa responde, en su mayoría, a prácticas evitables. Por ejemplo, más de la mitad de las personas asegura tirar comida rara vez, pero casi una cuarta parte reconoce hacerlo una o dos veces por semana.

Los alimentos que más se desperdician son sobras cocidas y productos frescos como frutas y verduras, mientras que la principal causa es que se descomponen antes de ser consumidos.

Esto apunta a fallas en la planeación, el almacenamiento y el consumo, más que a factores inevitables.

¿Qué se está haciendo para reducir el desperdicio?

Ante este panorama, han surgido modelos que buscan rescatar alimentos antes de que terminen en la basura. Uno de ellos consiste en redistribuir excedentes a menor precio mediante plataformas tecnológicas.

“Nosotros lo que hacemos es darles una opción de lo que no vendieron el día de hoy, poder venderlo mañana a un tercio de su precio”, explica Valenzuela.
Este tipo de iniciativas también involucra directamente a los consumidores en la solución. “Darles tecnología a las personas y darles una oportunidad de que rescaten ellos mismos, evitar su desperdicio y ayudarles a los negocios”.

En el caso de Cheaf, en seis años de operación se han rescatado más de 11.4 millones de kilos de alimentos, lo que muestra el potencial de estos modelos para reducir la merma sin necesidad de aumentar la producción.

A pesar de los avances, el problema sigue enfrentando un vacío importante en México.

“Es definitivamente regulación. Es más barato destruir alimentos que donarlos o hacerlo con iniciativas como lo que nosotros hacemos”, advierte Valenzuela.

Sin incentivos ni sanciones claras, muchas empresas optan por desechar alimentos antes que redistribuirlos.

Al mismo tiempo, el cambio también pasa por los hábitos individuales. Planificar compras, conservar mejor los alimentos y aprovechar sobras son acciones simples, pero con impacto directo.

Porque al final, la pregunta inicial tiene una respuesta incómoda: el desperdicio no está solo en los restaurantes o supermercados. Está, sobre todo, en casa.

rdr

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