• El mapa de la fe cambia y Dios ya dejó de ser el centro: Edomex encabeza la lista de estados más irreligiosos en México

Las prácticas religiosas han perdido peso frente al contexto, la exposición a contenidos digitales y la racionalidad.

Toluca, Estado de México /

"No es que Dios haya desaparecido, sino que ha dejado de tener la centralidad que tuvo en siglos anteriores", señala el especialista Bernardo Barranco cuando se le pregunta por qué se ha dejado de creer en Dios.

La idea de Dios, la fe y la esperanza han sido hilos de la historia que conectaron la vida social, política y económica con las vivencias personales, lo íntimo y lo privado; pero en las últimas décadas esto ha ido cambiando, marcando una diferencia importante con siglos anteriores. 

Cada vez hay más personas que no profesan alguna religión. Se percibe este incremento exponencial en el número de personas “irreligiosas”.


El Estado de México es la entidad que concentra el mayor número en todo el país, con más de un millón 32 mil 529 personas que no profesan ninguna religión, lo que representa un aumento de 422 por ciento en comparación con la población que se declaraba “irreligiosa” en el año 2000, según muestran datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

En las últimas dos décadas, y de acuerdo con el último censo realizado en 2020, en la entidad esta tendencia ha incrementado exponencialmente.

En un comparativo de las estadísticas que genera el Inegi, realizado por MILENIO, se identificó este cambio, con especial énfasis en las últimas dos décadas. Como ejemplo, en 1990 se estimaba que la población que no practicaba alguna religión llegaba a 123 mil 992 personas.

Para el año 2000, en la entidad eran 197 mil 693 personas las que no profesaban alguna religión; mientras que en 2010 este indicador prácticamente se duplicó para llegar a 434 mil 175, y para 2020 —el dato oficial más reciente— ya sumaban un millón 32 mil 529 personas.

Este cambio se identificó con especial énfasis en las últimas dos décadas. | Foto: Iván Guzmán

¿Cuáles son las cifras por entidad?

En este sentido, la entidad mexiquense se ubica como aquella que reporta el mayor número de población que no profesa religión, con un millón 32 mil 529 personas; le sigue la Ciudad de México, con 945 mil 422; Baja California, con 644 mil 597; Chiapas, con 599 mil 917, y Veracruz, con 572 mil 345.

En todo el país, de acuerdo con este registro oficial más reciente, suman 9 millones 156 mil 555 personas que declararon no profesar alguna religión, lo que significa que en la entidad mexiquense habita al menos una de cada 10 personas con estas características.

Hombres, los menos creyentes

Los datos compartidos por el Inegi precisan que son los hombres quienes representan el mayor número de personas que no tienen una religión. Solo a nivel nacional suman 5 millones 194 mil 352, frente a los 3 millones 962 mil 203 de mujeres, esto para el año 2020.

En tanto, en el Estado de México, de un millón 32 mil 529 personas con estas características, 573 mil 246 son hombres y 459 mil 283 son mujeres, y si bien se observan cifras con una menor diferencia entre ambos en comparación con los datos nacionales, los hombres muestran esta mayor tendencia, detalla el Inegi.

La situación por edades

El grupo de población que reporta el mayor número de personas “irreligiosas” en el Estado de México es el que va de los 20 a los 24 años de edad, con 118 mil 499; le sigue el de 25 a 29 años, con 116 mil 586, y el de 30 a 34 años, con 105 mil 929.

Entre estos grupos también se encuentra el que va de los 15 a los 19 años de edad, con 103 mil 912; le sigue el de 35 a 39 años, con 95 mil 330; el de 40 a 44 años, con 78 mil 052, y el de 45 a 49 años, con 69 mil 467 personas.

Uno de los datos que llama la atención es el de niñas y niños, quienes también se ubican entre los grupos con mayores indicadores: 90 mil 266 en el caso de las y los menores de cinco a nueve años de edad, y 84 mil 824 en el grupo de 10 a 14 años.

Las personas de 20 a los 24 años de edad son las más irreligiosas. | Foto: Tania Contreras

¿Irreligiosos?

Como parte de este análisis, el sociólogo especializado en temas de religión, Bernardo Barranco Villafán, explicó que en primer término habría que diferenciar a qué se refiere el Inegi cuando se habla sobre la población que no profesa alguna religión, ya que el “ser irreligioso no necesariamente quiere decir que sean ateos, que deriva de la palabra ‘sin Dios’, o beligerantes militantes antirreligiosos”, término que suele describir a individuos o grupos que no solo se oponen a la religión, sino que lo hacen de una manera conflictiva, agresiva o proactiva.

“No, no va por ahí, simplemente es que han dejado de sentir o de percibir la presencia, digamos, divina, de cualquier deidad en su vida. Y hay variedades: están desde los que no creen, hasta los que son agnósticos, es decir, que tienen dudas muy grandes, hasta los que sí creen, pero no tienen Iglesia, que sería probablemente el número mayor; que en el fondo sí tienen una creencia religiosa, pero a su manera”.

El especialista en Sociología de la religión explicó que, en su mayoría, particularmente en México y en la entidad, el concepto “irreligioso” agrupa principalmente a las personas que “en el fondo sí tienen una creencia religiosa, pero que no pasa por el tamiz de las doctrinas, de las iglesias, de los rituales, de las jerarquías de cualquier tipo de Iglesia”.

Desafortunadamente, añadió, los datos sobre religiosidad que están a cargo del Inegi son limitados y no “desmenuzan” técnicamente a las y los “sin religión”, expuso el académico.

¿Por qué ya no se cree en alguna religión?

Ante el cuestionamiento de por qué las personas han dejado de creer en alguna religión, el académico refirió que son varias las causas, entre las que destaca que:

“Vivimos en sociedades cada vez más racionales. ¿Qué significa esto? Que desde la perspectiva científica, desde la perspectiva de la vida cotidiana, hay lo que podemos llamar un proceso de secularización. Secular significa ‘cosas de este mundo, cosas mundanas’”.

Sociológicamente, precisó, este es un concepto adoptado “para describir un contexto en donde Dios deja de ser el centro de la vida de una comunidad, de una sociedad, de una nación, que es lo que ha venido pasando”.

“Dios no es que haya desaparecido, sino que ha dejado de tener la centralidad que tuvo en siglos anteriores, no solamente en México, sino en todo el mundo. Entonces, cuando decimos un proceso de secularización, es un proceso en el cual la sociedad culturalmente tiene otras gravitaciones: la economía, el Estado, la política, la cultura… y entre ellas lo religioso”.

Precisó que, actualmente, las sociedades modernas pasan por un proceso de secularización con el cual mucha gente se identifica y, por lo tanto, no se tiene a lo religioso como el centro de la vida.

Falta de confianza

Otra de las principales causas es la pérdida de confianza en las Iglesias, particularmente en la Iglesia católica, pues si bien es una de las religiones con el mayor número de fieles, cuando menos en México y en la entidad, también ha sido una de las más cuestionadas.

Con una historia caracterizada por su poder, consentida por la sociedad mexicana y por la clase política, la Iglesia católica, añadió:

“Ha tenido errores muy grandes en su comportamiento, ya sea actitudes dinerarias y politiquerías internas, pero sobre todo el tema de la pederastia, de los abusos sexuales a menores. Eso también ha provocado una pérdida de confianza en la Iglesia católica que no solamente es en México”, sostuvo.
Una de las causas de la irreligiosidad es la falta de confianza en las Iglesias, dice el sociólogo Bernardo Barranco. | Foto: Tania Contreras

Jóvenes y generaciones

El especialista en Sociología de la religión, Bernardo Barranco, precisó que se percibe una diferencia marcada entre generaciones, particularmente entre los millennials, es decir, las personas nacidas entre 1982 y 1994, que se caracterizan por ser “más liberales y más vinculados a la tecnología”.

Sin embargo, añadió, la actual Generación Z o centennials, es decir, quienes nacieron entre 1997 y 2012:

“Es una generación de adolescentes y jóvenes más conservadora; el hecho de estar más metidos en temas de redes sociales, de internet y de inteligencia artificial ha hecho a los jóvenes perder vínculos directos, contactos directos; son más tímidos en las relaciones, son más conservadores”.

Explicó que esta generación empata más “con los sentimientos de los abuelos, que son más religiosos, que con sus padres, que son de la generación millennial”.

“Yo diría que los jóvenes, en un contexto secular, efectivamente tendrían que estar obviamente influenciados por esa atmósfera no religiosa y podrían ser afectados; pero las características de la Generación Z, que están muy apegadas a las tecnologías, permiten fisuras”, concluyó.
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  • Monserrat Mata
  • monserrat.mata@milenio.com
  • Reportera en MILENIO Estado de México desde 2016, egresada de la Facultad de Humanidades de la UAEMex. Escribo sobre Salud, Desarrollo Agropecuario y Medio Ambiente.

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