Crianza asistida y un peluche: el monito Yuji se aferra a la vida ante el rechazo de su madre en Guadalajara

Nació el pasado 3 de marzo de 2026 en el Zoológico Guadalajara con un peso de apenas 443 gramos. Hoy tiene 43 días de vida y, aunque su historia apenas comienza, ya está cargada de momentos que conmueven.

Yuji, el mono patas que no pudo ser criado por su madre primeriza. (Fátima Briceño)
Fátima Briceño
Guadalajara /

Con apenas 43 días de nacido, Yuji, un mono patas que no pudo ser criado por su madre primeriza, se ha convertido en uno de los ejemplares más entrañables del Zoológico de Guadalajara, pues recibe cuidados especializados mediante crianza asistida, incluyendo un peluche que simula a su mamá para suplir su ausencia y brindarle seguridad, explicó a MILENIO el médico veterinario Iván Reynoso Ruiz.

El pequeño primate ha mostrado una evolución favorable: ganó cerca de 200 gramos desde su nacimiento, pasando de 443 a 673 gramos; se mantiene activo y es alimentado con fórmula humana de primera etapa, además de proteínas, vitaminas y verdura cocida.

Aferrado a su peluche

En el Zoológico de Guadalajara hay una escena que se repite todos los días y que, sin necesidad de palabras, lo dice todo. Detrás de un cristal, en un ambiente cálido y cuidadosamente controlado, un pequeño mono patas se aferra con fuerza a un peluche. Lo abraza, lo aprieta, se recarga en él como si en ese objeto suave encontrara algo más que consuelo: seguridad, compañía… tal vez, la figura que la naturaleza no pudo darle desde el inicio. Ese pequeño es Yuji.

Nació el pasado 3 de marzo de 2026 con un peso de apenas 443 gramos. Hoy tiene 43 días de vida y, aunque su historia apenas comienza, ya está cargada de momentos que conmueven, enseñan y revelan la complejidad de cuidar una vida tan frágil.

Yuji es un mono patas (Erythrocebus patas), una especie conocida por su agilidad, pero que en sus primeras etapas depende completamente del vínculo con su madre. En su caso, ese lazo no pudo consolidarse.

Un peluche simula a su mamá para suplir su ausencia y brindarle seguridad. (Milenio)

Separación para salvarlo

Kamaria, su madre, es primeriza. Y como ocurre en ocasiones dentro del mundo animal, no logró realizar los procesos necesarios para alimentarlo y cuidarlo. La decisión fue inmediata, pero no sencilla: separarlo para salvarlo.

“Observamos que no supo realizar los procesos necesarios para que él pudiera desarrollarse; por lo tanto, se tomó la decisión de realizar una crianza asistida”, explica Iván Reynoso Ruiz, médico veterinario zootecnista y encargado del área de primates del Zoológico de Guadalajara.

Así, Yuji fue trasladado al Centro Integral de Medicina y Bienestar Animal (CIMBA), donde comenzó una nueva etapa. Una en la que la naturaleza es acompañada —y, en cierto modo, sustituida— por manos humanas.

Pero también por algo más. Por un peluche.

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Un vínculo construido

Porque en medio de sondas, biberones, fórmulas lácteas y monitoreo constante, hay un elemento que no aparece en los protocolos médicos, pero que resulta esencial: el vínculo emocional. Y Yuji lo encontró a su manera.

Se aferra a ese peluche como si fuera su madre. Lo abraza con una fuerza que sorprende para su tamaño. Se tranquiliza cuando lo tiene cerca. Duerme recargado en él. Lo busca.

En ese gesto pequeño hay algo profundamente humano.

“Es un proceso en el cual nosotros le damos todo ese cuidado que la madre daría a la cría de manera natural, pero por medio de médicos veterinarios y cuidadores, en un ambiente completamente controlado”, detalla el especialista.

Ese “todo” incluye más que alimento.

Incluye contacto, calor, rutina… y objetos que simulan la presencia materna. Yuji, sin saberlo, ha hecho de ese peluche su refugio.

Yuji recibe cuidados especializados mediante crianza asistida. (Fátima Briceño)

Cuidados especializados y evolución

Mientras tanto, su vida transcurre bajo una precisión casi milimétrica. Su entorno se mantiene a 35 grados. Su alimentación se divide en cinco tomas al día de leche materna sustituta y papillas.

Poco a poco, comienza a explorar nuevos sabores: verduras cocidas, croquetas especiales, pequeñas introducciones a la dieta que algún día será completamente suya. Cada avance es celebrado. Cada gramo ganado es una victoria.

En poco más de un mes, Yuji ha aumentado cerca de 200 gramos. Hoy pesa 673 gramos. Su crecimiento es constante, su respuesta, positiva.

“Va bastante bien, ha crecido satisfactoriamente de acuerdo a su edad hasta el día de hoy. Los cuidados que hemos llevado con él han respondido bastante bien. También se ve con mucha actitud, tiene muchas ganas de salir adelante”, afirma Reynoso Ruiz.

Un carácter propio

Y es que Yuji no solo sobrevive: se hace notar. Porque también tiene carácter.

Hace berrinches cuando no quiere comer. Se mueve inquieto. Protesta. Se resiste. Es un bebé en toda la extensión de la palabra, con esa mezcla de vulnerabilidad y personalidad que lo vuelve entrañable.

Proceso de integración

Pero su historia no está destinada a quedarse entre paredes.

Apenas cumplido su primer mes de vida, comenzó un proceso clave: su integración gradual con otros monos patas en el área de Monkeyland.

El encuentro no es inmediato. Primero, la distancia y luego, la curiosidad.

“Son integraciones bastante graduales. Primero dejamos que lo vean, que lo huelan, que lo escuchen, pero no permitimos el contacto físico. Es muy pequeño, no tiene la fuerza ni los conocimientos necesarios para defenderse”, explica el veterinario.

Es un proceso de reconocimiento. De aprendizaje. De preparación. Yuji observa. Escucha. Se familiariza. Y después regresa… a su peluche. A ese punto seguro donde todo vuelve a ser cálido y conocido.

La meta es que, aproximadamente a los seis meses de edad, pueda integrarse completamente a su grupo. Que corra, que conviva, que forme parte de su especie sin necesidad de intervención.

“Depende bastante de él y de su grupo. No es un tiempo exacto, pero la idea es que a esa edad ya esté de regreso”, añade el especialista.

Más allá de la ternura

Cuando eso ocurra, probablemente ya no habrá peluche. O, al menos, no será necesario. Pero, por ahora, es indispensable.

Porque Yuji no solo está creciendo físicamente. También está construyendo, poco a poco, la seguridad que le permitirá soltarse.

Su historia, sin embargo, no es solo enternecedora. También es un recordatorio que el propio equipo del zoológico subraya con claridad.

“Muchas de las especies están protegidas y es ilegal tener un mono en casa, pero, lejos de eso, el cuidado que requiere un mono es de verdad bastante complicado. Son cuidados de tiempo, de atención… hay que tener monitoreos conductuales, de salud. Es costoso. Nosotros tenemos turnos de 24 horas”, advierte Reynoso Ruiz.

Lo que hoy mantiene con vida a Yuji no es solo cariño: es conocimiento especializado, infraestructura y un compromiso constante.

Disponible para el público

Actualmente, Yuji puede ser visto por el público en horarios específicos. Por la mañana permanece en el área hospitalaria y, más tarde, es llevado a Monkeyland, donde continúa su proceso de adaptación.

Pero hay algo que el tiempo no va a conservar: su tamaño.

“Los animales crecen muy rápido. En unos cuantos meses estará con otros monos patas en su grupo y será un poquito más difícil de identificar”, señala el veterinario.

Yuji puede ser visto por el público en horarios específicos. (Fátima Briceño)

Un comienzo que no se repite

Y entonces, ese pequeño que hoy se aferra a un peluche… será uno más entre muchos.

Dejará atrás los biberones, las incubadoras, los cuidados constantes. Su historia se mezclará con la de su especie.

Pero este momento —el del abrazo suave, el del refugio improvisado, el del inicio frágil— no se repetirá. Yuji aún cabe en las manos. Aún necesita de todos. Aún busca, en un peluche, la calidez que le faltó al nacer.

Y en ese gesto, tan simple y tan poderoso, recuerda algo esencial: que incluso en los entornos más controlados, incluso rodeado de especialistas, incluso con toda la tecnología disponible… a veces, lo que más salva es algo tan sencillo como sentirse acompañado.

MC

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